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jueves, 17 de enero de 2013

El Argentino: "Declaración de Principios" (1 de julio de 1890)


Esta hoja se incorpora al periodismo nacional con propósitos definidos, con rumbo fijo y determinado.
No es necesario un largo prospecto para caracterizar la índole de nuestra propaganda.     
Llegamos al debate político con nuestra divisa de oposición radical al orden de cosas dominantes en la Republica.
Órgano de la Unión Cívica, nuestro diario viene a sostener los principios que han presidido el movimiento de la agrupación que le ha dado vida.
Sobre esta publicación no gravitan influencias de grupos ni de personalidades determinadas; surge directamente de la opinión publica representada en sus elementos independientes y sanos; no hay detrás de ella programas en reserva, ni cálculos para la segunda hora.
Nuestros propósitos son impersonales.
Venimos a defender franca, resuelta, abiertamente a defender en el  tono y con la forma que los acontecimientos nos indiquen un credo político proclamado a la faz de toda la Republica y que ha merecido la sanción aprobatoria mas completa y unánime de que haya ejemplo en nuestros anales.
Llegamos a la prensa en el momento oportuno, en el momento preciso. El malestar social, el desorden económico, los atentados que deprimen al país en el interior y los escándalos que lo avergüenzan ante el extranjero han llegado a tal extremo, que han conmovido a las masas, han tocado a los indiferentes, y han llevado la alarma y el rubor hasta las propias filas de los cooperadores de esta obra impía.
Los graves asuntos públicos que actualmente se debaten no son una cuesti6n de partido; son una cuestión de patria.
La Unión Cívica es la condensación de un núcleo compacto y poderoso, de todas las fuerzas vivas del país que no estén absorbidas por el oficialismo. No es, no puede ser como pretenden nuestros adversarios, una creación artificial realizada con fines de limitado alcance; los partidos no se improvisan a voluntad; se forman en virtud de necesidades publicas; su nacimiento y su existencia obedecen a leyes sociales, a -causas superiores.
El nuestro ha surgido por un movimiento espontáneo de la opinión pública, teniendo de vanguardia a la juventud y por cabeza a las más altas y honorables personalidades del país.
Quien mas ha contribuido a la organización de los elementos de oposición, ha sido el mismo gobierno, cuya marcha tenazmente contraria a los intereses y al decoro nacional, ha obligado al pueblo a ponerse de pie, en actitud de defensa y de protesta.
El país mismo es quien ha puesto en manos de la Unión Cívica la bandera que hemos enarbolado; esta no ha hecho mas que recogerla y desplegarla a todos los vientos.
Formamos un partido nuevo, sin más vinculación con el pasado que las tradiciones honrosas de nuestra vida publica, que pueden servirnos de altos y nobles ejemplos; no reconocemos ni aceptamos más herencia de los partidos disueltos, cuya acci6n pertenece ya a la historia, que todo aquello que hayan tenido de nacional, de esencialmente nacional en su programa.
A nuestra organización ha presidido el sentimiento de solidaridad entre todos los pueblos argentinos, y la órbita a que se extiende nuestra bandera política, no tiene mas limites que nuestro territorio.
Eso que se llama Partido Autonomista Nacional, no es ni partido, ni autonomista, ni nacional. No es partido porque sus miembros carecen de derechos y porque se ha transformado en un vasto sindicato; no es autonomista, porque ha suprimido las autonomías provinciales; y no es nacional porque conspira contra todos los intereses de la Nación.
Estas designaciones, aplicadas al circulo dominante, tienen el mismo significado que el federalismo de que alardeaba Rosas para disfrazar su régimen de gobierno unitario y absolutista.
La única colectividad política que en el presente merece representar y representa aspiraciones generales es la que, organizada en los últimos meses al impulso de las aspiraciones de regeneración sentidas del uno al otro extremo del país, ha obtenido como primer triunfo, por la sola virtualidad de los principios que proclama, el de quebrar la omnipotencia del circulo imperante. Este ya no ejercita ninguna de las influencias legítimas que son las propias y las duraderas en la vida publica; su acción por el descrédito en que ha caído, ya no tiene eficiencia sino en las esferas vedadas; solo le queda la materialidad del mando, la autoridad de la fuerza, pero no la fuerza de la autoridad, que es el alma de todo poder regularmente constituido.
En tanto la Unión Cívica domina moralmente en la Republica.
Esto se debe a que por su origen y sus tendencias es un partido nacional, y sea cual fuere el resultado de la contienda política, no se malograra el esfuerzo, pues cuando menos habrá salvado el honor del nombre argentino.
En la cruzada cívica emprendida, tiene este diario su puesto, su misión y su divisa. Destinado a recoger y difundir las energías de los que piensan que, en circunstancias como las actuales y en presencia de los que se han convertido por sus excesos en enemigos públicos, la indulgencia es cobardía y la tolerancia crimen, tratara de cumplir su deber y su consigna, haciendo de su programa un apostolado patriótico.
Tal es nuestro programa.

Dr. Joaquin Castellanos.

























Fuente: Hipólito Yrigoyen "Pueblo y Gobierno" Tomo I La Reparación Fundamental, Volumen I Reparación e Intransigencia, Editorial Raigal, 1953.

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