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martes, 29 de enero de 2013

Manuel Ortiz Pereyra: "La conscripción de la Libertad" (2 de agosto de 1932)


Así: la conscripción de la libertad, debe resignarse a la reorganización de los comité de la UCR, reorganización esperada desde hace tiempo, como la esperanza mas cierta en los nuevos días que tienen que llegar, porque el pueblo esta en pie y nadie podrá detenerlo en su redención.
Todos los hombres libres que tiene el país en esta hora, irán a los comités radicales a inscribir sus nombres para una cruzada como nunca, Libertadora.
Es necesario salvar al país de cuanto despotismo cínico o encubierto, lo han victimado o amenazan aun cebarse de nuevo en el pueblo argentino.
Y todos deben estar en los comités; no solo el hombre humilde, de espíritu simple, aunque generoso, que solo suele comprender el ejercicio electoral, sino maestros jóvenes ilustrados, esos que alientan un romanticismo abnegado por las grandes causas, que son siempre las mas bellas, y que, en esta hora, solo tienen un objetivo: la salvación de la patria, de la patria extorsionada por la fuerza de mandones que nada son y nada significan dentro del civismo.
Un comité radical debe ser, como en horas memorables, una verdadera escuela, de donde irradien las enseñanzas mas sanas, las orientaciones mas clara, los principios más justos, las palabras mas convincentes, las acciones mas firmes. Trinchera de patriotismo y hogar de fraternidades, ha de realizar como nunca la unidad partidaria que enseña su credo Salvador, llamado otra vez a renovar el ambiente nacional hoy viciado por la malicia de minorías irresponsables detentando posiciones conseguidas por la extorsion o el fraude.
Le sobran antecedentes a la U.C.R., pues que nació puede negarle el haber instaurado la democracia en 1916, con la iniciación de un gobierno prócer de resonancia universal, terminando con las oligarquías que, hasta aquel año, eran las fuerzas dominantes, esas mismas fuerzas que han vuelto a surgir de sus rincones de sombra, porque la magnanimidad del pueblo confió demasiado en las excelencias de la libertad.
Le sobran antecedentes y obras a la U.C.R., pues que todos los argentinos saben que desde 1916, las garantías constitucionales eran una realidad indiscutible y que nunca como desde entonces, los derechos habían llegado a ser una inmunidad sagrada.
El obrero pudo, desde entonces, organizarse para defender su derecho a la vida, mediante el reconocimiento del valor de su trabajo; y hasta las mismas sectas —esas que, luego se complicaron con una contrarrevolución de clase, para imponer un despotismo—, solo después 1916, se vieron libres de persecuciones, pues la libertad de pensar y de asociación no se vio defraudada nunca.
¿Desde cuando, sino después de 1916, comienza a hablarse de jubilaciones que no fueran las oficiales? ¿Y cuando se permitió hablar como de principios indiscutibles de salarios mínimos, y verdadera asistencia y apoyo legal al pueblo?
Le sobran meritos a la U.C.R. para gozar de la confianza de todos los hombres libres, y si eso no bastara, la confianza que tiene depositada la juventud en la U.C.R. esta diciendo que la reorganización que se inicia es, como decíamos, la ansiada conscripción de la libertad.
Pero eso si, que sepan los radicales, que deben terminar de manera absoluta, las pequeñas preferencias, los grupos compadrazgos que suelen cerrar el paso a muchos que no están dispuestos mas que al noble y desinteresado ejercicio de los deberes políticos en beneficio común.
Y luego habrá que aprestarse para la gran consulta de los definidos principios que deben constituir la norma concreta y directora que haga de la U.C.R. el gran organismo democrático llamado a terminar, por absorción de los mas nobles intereses humanos, esa lucha desgraciada a que algunos se abandonan todavía, deseosos de teorías abstractas que a nada podrían conducir, a no ser a una anarquía retrogradarte y maldita


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Fuente:  Norberto Galasso, Testimonios del precursor de FORJA: Manuel Ortiz Pereira. Biblioteca política argentina, nro. 55, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984

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