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sábado, 19 de enero de 2013

Italo A. Luder: "Hipólito Yrigoyen el Avatar de la Reparación" (3 de julio de 1945)


A la vera de los fragorosos caminos de nuestro civismo, las multitudes argentinas se han congregado, en la hora del recogimiento, encendida el alma por el fervor de la recordacion que como el agua lustral, purifica y templa.
Se han congregado junto a las viejas banderas que el muerto ilustre izó al tope de los grandes triunfos ciudadanos y abatidas hoy, con fúnebres crespones, sobre el tumulo del heroe.
Si comulgaramos con los principios de la filosofia del heroísmo incluiriamos a Yrigoyen en la falange de los esforzados miticos, de los paladines de estirpe extrahumana. Pero sin llegar a ello en la vehemencia admirativa, es evidente tambien que no se puede medir esta figura excepcional con la cartabón de las vidas vulgares.
Para los ojos de sus contemporáneos y cada dia más para los ojos de la posteridad, el ciclo armonioso de esta vida extraordinaria se nos parece más que como la trayectoria de un politico egregio como la realizacion de un destino mistico.
Como todos los elegidos, como todos los que han sentido florecer en su alma los impulsos mesianicos, los origenes de Hipólito Yrigoyen se esfuman  en la perspectiva legendaria; es que como todos los grandes, venia del misterio y sus raices, para decirlo con un verso de Hugo, están enredadas en los astros.
Nos llevaria mucho espacio referirnos a la vida de Yrigoyen, a su anecdotario intimo tan fecundo, aleccionador y humano. Nos limitaremos a ubicar su accion en el plano de la interpretacion histórica, a explicar el sentido de su obra en nuestra evolución politica.
Hipólito Yrigoyen es el realizador de los valores politicos de nuestra nacionalidad. Con la claravidencia de los predestinados se sabia su legatario y custodio.
Sabía que el ideal democratico y libertario esta indisolublemente unido a la gesta nacional; pero como vivencia subjetiva no como fenomeno historico. Sabia que la generacion de 1810 lo habia enarbolado como la teoria politica de la Revolución: que la generación de 1853 lo habia estructurado en una organización institucional pero que el pueblo olvidado esperaba aun su realización y vigencia.
Hipólito Yrigoyen arrancó al diapasón de nuestra historia politica la primera vibración auténticamente democratica: la ascencion al poder del primer presidente argentino electo por votación popular.
La nueva politica llegó a todos los ámbitos del país. Las oligarquias provincianas fueron reemplazadas por gobiernos de origen popular; las reformas sociales se orientaron hacia las masas hasta entonces irredentas; la legislación progresista democratizó la enseñanza, protegió nuestras riquezas naturales, promovió las organizaciones obreras, la reforma universitaria resonó en los viejos claustros, liberandolos de dogmatismos arcaicos para hacer de ellos crisol de generaciones altivas, hontanar de sabiduria y belleza donde la juventud educada y liberada pudiera desarrollar armonicamente su personalidad.
Se esforzó para asegurar a todos los individuos el bienestar economico compatible con una vida digna puesto que solo así se puede cimentar el valor politico del individuo en el complejo social, que es uno de los postulados básicos de la democracia y el más controvertido. Sabía que no basta proclamar el lirico respeto a la personalidad del hombre, sino que es preciso participación equitativa de la riqueza social, garantizarle su independencia economica para que pueda dedicarse al ejercicio de sus derechos politicos y a cultivar y acrecentar los valores fundamentales del espiritu.
Habian variado los terminos de la ecuación politica. La gleba habia ascendido a la categoria de “demos” y seria en adelante destinatario de la soberania.
Lo seria hasta 1930 en que se quiebra el ritmo de nuestra evolución institucional. La reacción es claramente perceptible. El menosprecio por el derecho y por la voluntad popular; la violación reiterada de la norma constitucional, la enervación de la ley Saenz Peña y de las libertades públicas, el avasallamiento de las autonomias provinciales; las leyes de defensa social y de “amparo” a la prensa; el desconocimiento de la libertad academica, docente y dicente; la represion de la libertad sindical y de organización con fines culturales; la persecución y destierro de profesores universitarios y secundarios, de lideres obreros  y de dirigentes politicos.
Y el fraude y la corrupción administrativa cegando las fuentes de nuestro acervo moral.
En estos momentos, en que muchas de sus conquistas yacen caducas, la figura de Yrigoyen adquiere la categoria de un simbolo en la iconologíar republicana.
El sabia que sólo se gobierna por la lección del ejemplo. Por eso su vida a lo largo de 50 años de actuación publica es una fervorosa consagración a la causa de su pueblo. Su vocación por la militancia politica que abrazó como apostolado le infundió el sentido del sacrificio personal, del renunciamiento ante las satisfacciones que el poder procura. Recordemos la frase con que contestó a un correligionario que hacia referencia a ello: “Cuanto ha sufrido doctor por la politica”, -“Si mi amigo… Pero si volviera a nacer de nuevo seria otra vez politico”.
Es precisamente en la oposición, desde el llano en “esos dias nunca esteriles”, donde se revela con más nitidez la grandeza moral de Yrigoyen. Ya lo habia dicho en ocasión memorable; el gobierno no es más que una realidad tangible, mientras que un apostolado es un fundamento único, una espiritualidad que perdura a traves de los tiempos”.
No fue un ideologo, era un idealista afanoso por plasmar en realidad sus ensueños de visionario.
Su mentalidad habia madurado en los principios vitales del idealismo; la patria, el honor la justicia, la libertad; y en su gran corazón argentino un insomne amor por su pueblo.
Bien pudo decir Hipolito Yrigoyen, el demiurgo de la libertad argentina, que habia vivido estudiando los altares de la republica.
Bien pudo decir el artifice de la soberania popular, que su politica era predica de nacionalismo sano.

























Fuente: Diario EL LITORAL, Martes 3 de Julio de 1945 

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