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martes, 26 de junio de 2012

Leandro Alem: "Radicalismo" (5 de julio de 1891)

El radicalismo es una palabra de fresca data en nuestro vocabulario político.
Nació después del 26 de julio. Hasta entonces los que combatían al gobierno en nombre de la moral y de la Constitución se titulaban opositores o cívicos, y esa divisa bastaba y sobraba para que el pueblo supiera lo que se ofrecía y el gobierno entendiera lo que se reclamaba.
Hoy han cambiado los tiempos y con los tiempos el valor de las palabras, a tal punto que pedir ahora lo elemental en materia de libertad y garantías electorales es una intransigencia tan grande, y una temeridad tan impertinente, que ya no puede hacerse con la sencillez de los tiempos viejos. Para tan poca cosa es necesario titularse radicales.
No es otro el origen del radicalismo de la Unión Cívica. No se ha modificado un principio, no se ha alterado una sola de las declaraciones que constituyeron el programa primitivo, y sin embargo, por una imposición inevitable de las circunstancias, para sostener hoy lo que se sostuvo ayer es necesario llamarse de otro modo.
Da pena encontrar una explicación tan sencilla para algo que debía ser mas complicado, porque ella revela con dolorosa trasparencia la obra de relajamiento y de corrupción que han intentado sobre el carácter nacional los que han predicado a toda costa y con olvido de todos los deberes tolerancia para un gobierno incalificable nacido a la deslealtad y la intriga, consolidado por el concurso de prestigios ficticios, que han vivido mintiendo eternamente para conseguir ocultar la realidad de la obra pérfida con las apariencias de promesas y declaraciones tan solemnes como falsas.
Ya puede ahora apercibirse el pueblo de como lo han enga- nado. Sus derechos son tan ilusorios como en tiempos de Juárez y si no se resigna a que su candidato llegue al triunfo bajo el vergonzoso patrocinio de gobernadores y ministros, tendrá que conformarse, quiera o no quiera, echarlas de radical y de radical radicalismo si es que acaso un día no se e ha ocurrido aplaudir a un senador también radical, en cuyo casa es demagogo, intransigente populachero, y energúmeno.
Demagogia, ¿Por qué?
¿Porque se predica la lucha legal? ¿Porque se quiere que el pueblo este alerta y no enervado para que rija el mismo sus destinos y no tomen si tutela protectora de oficio que lo negocian y lo aprovechan?
Porque no se acepta como bueno lo que se rechazo ayer como pésimo; porque no se proclama la infalibilidad de un gobierno que reincide en todos los vicios que se combatieron como vergonzoso; porque se resiste oficializaciones de candidatos populares y reconocimiento de derechos electorales a gobernadores y ministros?
No se encierra otra demagogia en la propaganda del civismo radical.
Pero es mucha candidez tomar el calificativo a lo serio. Es otro su origen. Como es un calificativo evidentemente impopular el que consiga arrojarlo sobre el enemigo lleva una buena ventaja en la jornada.
Juárez invento la oposición sistemática con idéntico objetivo.
Quería empañar la bandera opositora con un tinte de intransigencia estrecha y de inservibilidad egoísta ante los desastres nacionales, y alejarle las simpatías de los elementos conservadores que velan por la causa del orden.
Los enemigos de Juárez que hoy gozan la herencia, si bien maldicen su recuerdo, siguen sus ejemplos, y este maravilloso descubrimiento de la "demagogia" no es sino la transformación en beneficio propio de la "oposición sistemática" olvidada.
Y además de demagogia, intransigencia. Intransigencia ¿por que? Porque no se cree en Roca, porque no se cree en Pellegrini, porque se piensa que las que han vivido engañando el pueblo en provecho propio, no se arrepienten en un día. Intransigencia porque se tiene asco de codearse con los ladrones públicos y de reconocer como legitimas las mas escandalosas usurpaciones de los derechos políticos.
Día a día se están produciendo hechos notorios que exhiben sin dejar sombra de duda lo que va a ser el porvenir si se consolida con una política de transacciones al actual gobierno. Desde agosto hasta ahora los tenemos repitiéndose a cortos intervalos, como avisos providenciales para sostener siempre la atención alerta.
Las sangrientas inscripciones del Rosario, donde los marineros, de la "Bermejo" y los soldados del 3° de línea dejaron un atrio sembrado de muerto y herido crimen hasta hoy impune— las elecciones de Córdoba , las elecciones de Mendoza, los salvajismos de Corriente, los actuales atentados de Catamarca y las distintas conciliaciones provinciales, vuelta siempre en perjuicio del pueblo, autorizan a proceder como procede la Unión Cívica, sin temor de incurrir en errores ni en exageraciones.
Afortunadamente, la luz, se va haciendo y día a día se disipa la ilusión de que  puede llegarse a la libertad y al bienestar por caminos cortos que los del derecho.
Esa es nuestra bandera; la misma que flameara en los albores de la Unión Cívica, la que cubrió a los combatientes del Parque, la que alzara, con su triunfo o caerá con su derrota.
Si para estar con ella hay que llamarse radicales, somos radicales y lo somos casi con orgullo. Es el radicalismo de la consecuencia y de la convicción política. Eso es siempre honroso.































Fuente: Leandro Alem "Mensaje y Destino" Tomo VIII Recopilacion hecha por Roberto Etchepareborda, Editorial Raigal 1955.

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