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viernes, 6 de abril de 2012

Hipólito Yrigoyen: "Que se pierdan mil presidencias, pero que se salven los principios" (1916)

El domingo 2 de abril de 1916 fueron las elecciones presidenciales, las primeras con la nueva ley electoral. A las ventajas materiales ofrecidas por todos los demás partidos, la Unión Cívica Radical, fiel a su causa y segura del pronunciamiento idealista del pueblo argentino, así lo proclama; con ese idealismo quiere caracterizar un renacimiento nacional.

Dice sencillamente que si el gobierno le llega por imposición de las circunstancias, la Constitución Nacio­nal seria, como en todo lo había sido, su programa esencial. La Unión Cívica Radical obtuvo mas votos que las otras tres formulas juntas (375.000 y 250.000 votos, respectivamente), aunque solamente 152 electores sobre 151 necesarios. Parecía terminada para siempre la proscripción electoral del radicalismo.

Durante los meses de abril, mayo, junio y julio, hasta la reunión de los quince colegios electorales, las fuerzas conservadoras se mueven en todo el país para impedir sea elegido Yrigoyen. La base de estas esperanzas estaba en la situación de los electores santafesinos. En Santa Fe, el radicalismo había concurrido dividido a las elec­ciones, obteniendo nueve electores la tendencia partidaria del gobierno local y diez y nueve los llamados "disidentes". Quedaba, por lo tanto, en manos de esta fracción el problema de la Presidencia de la Republica. De ahí que todas las combinaciones se urdían teniendo en cuenta arreglos para el futuro con los disidentes santafesinos. Uno de los ofrecimientos fue el del gobernador Ugarte de la provincia de Buenos Aires, proponiendo el segundo término a los "disidentes" en una fórmula que votaría el "régimen", insistiendo después con el ofrecimiento del primer termino, sobre la base siempre de los electores de Buenos Aires. Se sumo a esta propuesta una análoga del gobernador de Mendoza. Como debido a su triunfo electoral los "disidentes" contaban también con el nuevo gobierno en su provincia, los titulares de este gobierno quisieron conversar con el doctor Yrigoyen, quien se negó, así como se negó a conceder una entrevista, que en nombre de los disidentes santafesinos gestionaron reiteradamente los doctores Dávila y Lobos, antiguos amigos personales del doctor Yrigoyen. Ante esa situación los intermediarios trataron de conseguir que el candidato presidencial, cuando menos, hiciera una manifestación de que verla con agrado que los electores disidentes santafesinos votaran la for­mula proclamada por el radicalismo, a lo que también se negó; por lo que los doctores Dávila y Lobos significaron que esa actitud podía hacer perder al radicalismo la Presidencia. El doctor Yrigoyen declaro entonces:

"Que se pierdan mil presidencias, pero que se salven los principios"

Otros delegados del gobierno de Santa Fe intentaron a su vez entrevistarse con el doctor Yrigoyen, quien, desentendido en absoluto de estos trámites se había marchado a su campo de Estación Micheo.

El grupo disidente santafesino convoco entonces a su convención provincial, donde solo siete convencionales sobre cuarenta y ocho, votaron en favor de los intentos de frustrar la aspiración nacional. Realizado este pronunciamiento, el "régimen" efectuó gestiones de carácter personal ante alguno de los electores "disidentes", pues uno solo que fallara modificaría los términos del pronunciamiento. El 20 de julio se reúnen los colegios electorales de toda la republica y los 152 electores radicales dan sin un solo pronunciamiento sus sufragios por la fórmula Yrigoyen-Luna.

No había faltado la intención parlamentaria. Como en las elecciones de abril fueron votados simultáneamente los electores presidenciales con los diputados nacionales se urdió burlar la mayoría radical de diputados nacionales en Santiago del Estero (24 mayo, 1916), mediante la postergación del tratamiento de los correspondientes diplomas o bien acordando mayoría a la minoría, lo que correlativamente importaba disminuir el numero de electores presidenciales del radicalismo. Dos serios incidentes impidieron que el atentado se llevara a cabo.

El Presidente de la Plaza en sucesivos mensajes había concitado a las fuerzas conservadoras a unirse. Aun pocos días antes de la reunión de los colegios electorales patrocinó directamente la candidatura del doctor Luis Guemes, conservador salteño.

Levantada la abstención radical, veremos cual es el balance que depara el "régimen". Yrigoyen debe aprestarse a gobernar conforme al mandato de la Reparación nacional, con el Congreso en contra (minoría en diputados y un solo representante en el Senado) y con solo tres gobiernos provinciales pertenecientes al radicalismo: Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, de los cuales el de Santa Fe respondía a la disidencia radical. Bien lo había previsto. Ahora, el primer Presidente del pueblo debería "dentro del espacio de su poder legal", cumplir la misión y tarea de gobernar al país.






















Fuente: "La Primera Presidencia de Yrigoyen" de Gabriel del Mazo,1983.

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