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domingo, 19 de febrero de 2012

Gabriel del Mazo: "Arca Santa" (1955)

La reciedumbre y el fervor de la lucha libertadora radical, siempre han sido logrados por el Radicalismo cuando, volviéndose hacia su historia y ateniéndose a su credo, acentúa los aspectos constructivos de su predica.
Surgen nuevas generaciones; participa la mujer en la vida cívica; se amplia a todo el territorio nacional la actividad política. No debe quedar un argentino que no sepa que es y que quiere el Radicalismo; tarea, en su medida, insistentemente demorada. Nada ha podido apagar la fe radical —sentimiento limpio y genuino— reencendido cada vez en el pueblo, ¿Cómo no había de encontrar sino cauce la vieja esperanza argentina?
La sistemática negación del Radicalismo por sus direcciones de otrora, hizo que el Movimiento de Intransigencia y Renovación encontrara, a su advenimiento, buena parte de las promociones juveniles, o alejadas de la Unión Cívica Radical, o desviadas hacia agrupaciones de tipo exótico, las que, engañosamente, y ajenas a lo que ha sido la moralidad de nuestro pueblo, apreciar como satisfaciendo sus ansias. La retoma por nuevas direcciones del Radicalismo, del principismo radical, de los afanes de justicia que le son propios, de ideas creadoras en vista de grandes problemas nacionales, volvió a llenar con jóvenes las filas. Mandato de la tradición de Alem; garantía de vitalidad y de renuevo; signo de eficacia social.
Los jóvenes argentinos que, actuando en la vida publica llegaron a considerarse adscriptos a unos u otros de los extremos dictatoriales importados, en general no son esencialmente tal cosa: son radicales que no han encontrado al Radicalismo; como tantos hombres, como tantas mujeres. Pero, claro es, que ni ellos ni nadie hallaran al Radicalismo si el Radicalismo no esta. Si no esta ante ellos como fuente emocional, sin lo cual no se concibe, y en la plenitud de su ley moral y social. Si quienes debiendo encargarse de renovarlo, construirlo y mostrarlo remozado, definido y entero; de revelarlo en la excepcional riqueza de su contenido ideal retacearan su significado o declarasen postergado su programa o rebajasen su ley, desconfiando de su grandeza o de la justicia de su causa, o paradojalmente señalasen en su seno como perturbadoras las grandes ideas radicales. Si olvidasen que el Radicalismo no sólo es una fuerza revolucionaria en el sentido político-moral que contribuye a la reforma interior del hombre por la conducta, sino también, y particularmente a partir de su primer gobierno nacional, una fuerza que lleva un mandato revolucionario de orden, económico, social y cultural.
Lucha por la libertad —emprendimiento, por lo tanto, esencialmente argentino—, es, por eso mismo, lucha por las realizaciones sociales necesarias para garantirla; por poner en pie al hombre argentino; por defender su propio carácter, su condición autentica, resguardándolo de la desvirtuación de sus nobles sentimientos y altos ideales; por organizar la vida na­cional para que la justicia le sea discernida con igualdad, así fuese el mas humilde, y no sufra así desmedro el gran destino moral posible de nuestra Nación en el mundo.
Porque no hay programa mis importante a que pueda dedicarse el esfuerzo de la Unión Cívica Radical histórica, po­pular, emancipadora, social, que el de luchar otra vez por la recuperación, plena del sentido ideal de nuestro pueblo, por el integro restablecimiento de su patrimonio de característicos bienes morales, por la custodia del "área santa" que decía Alem, es decir, por la restauración y fortalecimiento del alma argentina, que sigue siendo radicalmente nuestra base más firme de ser una gran Nación.



























Fuente: Gabriel del Mazo "Breve Historia de la Reparación Nacional" en "Definiciones Radicales", 1955.

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