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viernes, 17 de febrero de 2012

Bernardo de Irigoyen: "Correspondencia sobre el acuerdo" Parte I (5 de junio de 1891)

CONFIDENCIAL

Buenos Aires, 5 de junio de 1891

Señor Teniente General don Bartolomé Mitre

Mi distinguido General y amigo:

Creo corresponder a las amistosas manifestaciones con que Ud. me ha favorecido, exponiéndole ingenuamente mis opiniones, respecto del procedimiento que se insinúa, para resolver la cuestión electoral.

Al regresar a la República, Ud. manifestó el anhelo de que un acuerdo patriótico suprimiera la próxima lucha, librando al criterio de los partidos aquel pensamiento y, si fuera aceptado, la incumbencia de sancionar los medios de hacerlo efectivo.

Si, como creo, la inteligencia que doy a las palabras de Ud. es exacta, estamos llamados a reflexionar, si los arreglos pueden iniciarse sobre la base estrecha de los nombres, o si es posible llevarlos al teatro claro de los principios.

Ami juicio, las discusiones en este terreno ofrecen la ventaja de aproximar las opiniones, mientras las controversias sobre nombres que tienen a veces significaciones diversas, apasionan y dividen más y más, cuando los círculos llamados a conferenciar están aún bajo los resentimientos de una revolución que les impuso irreparables sacrificios.

Creo, General, que el acuerdo insinuado no se extenderá a eliminar, ni en la forma ni en el hecho, las elecciones indispensables en nuestro sistema político. Importaría suprimir la lucha, entendiendo por ésta las falsificaciones de los partidos, las intromisiones de los poderes oficiales, y los abusos que han sofocado en diversas épocas el voto de la nación, y habría ciertamente previsión en eliminar esa conculcación de la verdad y de la ley.

Pero las elecciones tranquilas, requeridas para la organización del gobierno y para nuestro crédito institucional, lejos de encubrir peligros públicos, producen expansiones legítimas y sometimientos consistentes; y pienso que si el acuerdo se promoviera para garantizar, al presente, los derechos que la Constitución confiere a los ciudadanos, y preparar una elección presidencial verdaderamente legal y libre, tendría el asentimiento del país.

Presumo que la Unión Cívica adheriría a esta fórmula, y que el partido oficial no la rehusaría, porque no es de esperar, en estos días de triste prueba para la República, resista el cumplimiento de los primordiales preceptos de nuestra Carta Fundamental.

Aceptada con sinceridad la idea, sería fácil establecer los compromisos para hacerla efectiva, entrando naturalmente en primer término la buena fe y la honradez política, sin las que toda conciliación es fugaz y todo convenio insubsistente.

No desconozco las observaciones que pueden formularse: dirán algunos que la esperanza de una elección libre es ilusión propia de espíritus candorosos, y recelarían otros que las agrupaciones electorales alteren los nombres proclamados. No rechazo como imposibles ambas objeciones, pero pienso que, comprometidos el Presidente y sus Ministros a garantizar la abstención de las influencias oficiales y el respeto a la libertad electoral, como medio de serenar las zozobras dominantes, no defraudarían las esperanzas públicas ni la fe de la palabra empeñada; y reputo improbable la sustitución de la candidatura de Ud., proclamada por la Unión y aceptada por la opinión. Pero si contra esta presunción se levantaran otros nombres y alcanzasen el sufragio de los pueblos, no se contrariaría, seguramente, el desprendimiento de Ud.; y en cuanto a mí, consigno con agrado en esta carta que, como tuve oportunidad de significarle a Ud., daré sin violencia por clausurada mi vida política con actos que no me hagan desmerecer de la consideración nacional.

Su atento servidor y amigo.


Bernardo de Irigoyen


                                          

























Fuente: BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO ARGENTINO / III Natalio R. Botana – Ezequiel Gallo De la República posible a la República verdadera (1880-1910).

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