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martes, 5 de julio de 2011

Julio Herrera (h): "Una elegia entona la República" parte IV (6 de julio de 1933)

Conciudadanos: La Unión Cívica Radical de mi provincia. Catamarca, me ha conferido la honrosa y grave misión de interpretar su duelo al pie de glorioso sepulcro que en este instante abren los argentinos para guardar la carne mortal de su héroe.

Hablo pues en nombre del pueblo de Catamarca, de quien es mi partido su genuina representación. Ante la conmoción toda vía vibrante del golpe, sentimos que todas las visiones se nublan y que todas las ideas se desconciertan.
Solo alcanzamos a divisar el vacío insondable que deja la muerte del gran patricio, del grande y de los últimos patricios de la democracia argentina.
Para el sentimiento público esta muerte ha sido algo así como un brusco desgarrón del sagrario patrio. Para nosotros, los radicales, es algo más todavía, porque hemos aprendido en largos años de acción y de lucha, a mirar de cerca esa figura imponente y recia de desafiando al privilegio, al egoísmo, los intereses creados y la iniquidad organizada de los propios y de los extraños, se erguía ante la admiración de todas las miradas.
Todas las tradiciones que nos envolvieran en el manto luminoso de su aureola, la que cae bajo el golpe de la muerte. Otros, los pueblos de América, los pueblos del mundo abarcando desde lejos el doloroso cuadro, podrán decir lo que representa la desaparición de Yrigoyen para la Patria y para la Historia. Ninguna más serena, más potente, más segura, más inalterable en toda América, que la figura columnaria de Yrigoyen, que se cernía siempre sobre el alcance de las pasiones como se elevan las cumbres por encima de los urucanas.
Por eso toda la nación entona la elegía de la patria por la muerte del héroe.
Por eso, en esta hora luctuosa para la república y para la América, las viejas civilizaciones detienen un instante el ritmo acelerado de su labor, convulsionada y ferviente para contemplar este nuevo astro en el cielo americano.
Y por eso ha entrado a la historia, cargado de títulos, mientras la hora de la posteridad se acerca para confirmar estos fallos de los pueblos. Y cuando el juicio histórico complete y amplié las conclusiones del presente, ya habrán fecundado las grandes enseñanzas que emergen de tan grávido sepulcro. Pasarán los tiempos, otras generaciones elaboraran el patrimonio argentino, la hora actual estará perdida en el horizonte de las edades lejanas y el gran pueblo argentino del himno, en la madura plenitud de su vida, acaudillando con cien millones de hombres libres a las naciones en marcha, del vaticinio de Sarmiento acomodado su espíritu de justicia en la grandeza de su potencialidad económica, conservará gravado el nombre de Yrigoyen en el calendario de sus glorias cívicas, como el modelo insuperable de su raza.
Argentinos: invoquemos la sombra de los héroes, para que proclamen en esta angustiosa hora presente, llena de zozobras y de desesperanzas, ante la conciencia de los pueblos, su derecho a la libertad al trabajo, a la justicia y a la paz. Hugo, en la tumba entenaria de Voltaire, gritó, ante Francia y ante el mundo: “Puesto que la noche nace de los tronos, salga la luz de la tumba ¡Qué surja de esta tumba!” ¡Qué surja de esta tumba grandiosa la luz que ilumine las tinieblas!   





Fuente: Discurso pronunciado por Julio Herrera (h) representante del radicalismo catamarqueño el 6 de Julio de 1933 durante el entierro al correligionario Hipólito YrigoyenEL ORDEN, Jueves 6 de Julio de 1933 | SANTA FE, Viernes 7 de Julio de 1933 

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