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lunes, 18 de abril de 2011

Oscar Alende; "Debate sobre la organización de los trabajadores" (1953)

Los diputados de la Unión Cívica Radical tenemos un disenso profundo y permanente con todo aquello que pueda parecer totalitarismo, o contra todo aquello que albergue clara o encubiertamente formas de totalitarismos, porque somos propugnadores dé una democracia social y económica integral.
En algún debate anterior hemos dicho que el problema contemporáneo está en la conciliación de la autoridad y la libertad. Todo aquello que pueda ser de carácter totalitario imposibilita el progreso moral de la humanidad que ha venido realizándose en virtud del esfuerzo individual de sus innovadores morales o religiosos. En el régimen totalitario del Estado, todo sujeto a la voluntad de un solo hombre, cualquier innovación moral es imposible. Ni el budismo, ni el cristianismo, ni los grandes movimientos de redención humana hubieran podido florecer y fructificar en un Estado totalitario, porque en los Estados totalitarios las únicas innovaciones que logran éxito son aquellas que vienen enunciadas des­de el gobierno o que son simpáticas a la enunciación del jefe.
Por consiguiente, toda innovación moral, todo aquello que pueda penetrar en la sociedad con un sentido revolucionario y creador, permanece inerte y sofo­cado en el ámbito de una sociedad controlada por la fuerza, aun cuando, tal como lo estudiaba y denunciaba Huxley en su "Vivimos una revolución", se explique y admita cierto sentido revolucionario en los movimientos totalitarios.
Hay una revolución malograda que es la del totalitarismo; y hay una revolución llena de fresca pulpa que vive en la democracia. Todos esos movimientos de aparente contenido revolucionario y renovador de los totalitarismos, no caen en otra cosa que en el poder depositado en manos de una camarilla, que, para defender sus intereses, progresivamente aniquila toda libertad de expresión, persigue a la oposición, y en etapas crecientes llega a instalar en su tierra cam­pos de concentración, para terminar indefectiblemente e inevitablemente en la aventura internacional.


























Extraído del libro "El Radicalismo" de Gabriel del Mazo.

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