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viernes, 4 de febrero de 2011

OIERA: "Nuestra definición radical" (1977)

Nuestra definición radical - documento fundacional de la Oficina Internacional de Exiliados del Radicalismo Argentino


Los radicales exiliados agrupados en la OIERA somos opositores sin concesiones a la dictadura militar y a todos los intereses nacionales y multinacionales que ella representa. Seguimos la línea de Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen, es decir la ortodoxia radical. Nuestros proceres consagraron sus vidas a combatir lo que Yrigoyen llamó con razón "el régimen falaz y descreído' y fueron intransigentes ante él. "Que se rompa pero que no se doble" dijo Alem en su testamento político. Ellos concibieron un partido que fuera intérprete de las mayorías populares. Sus desvelos tuvieron siempre un fundamento ético. En el gobierno fueron antiimperialistas, reformadores, constitucionalistas y, por ende, defensores de las libertades irrestrictas y de la dignidad del hombre. El radicalismo nunca gobernó con estado de sitio. Todos estos principios guían nuestra lucha actual: intransigencia, vocación mayoritaria, política-moral, antiimperialismo, cambio social, imperio de la Constitución, lucha contra la opresión, lucha per las libertades, por el ejercicio de la democracia plena y de los derechos del hombre. Es por eso que para definir con claridad nuestra posición interna el único "ismo" que aceptamos como calificación es el de "yrigoyenismo". No transaremos con la dictadura, ni con su "proceso de reconstrucción nacional", ni con sus bases políticas, ni con sus convergencias, ni con sus trampas. No nos interesan sus ministerios, sus embajadas, ni ninguna prebenda. Tampoco pagaremos ningún precio por volver al país del que se nos ha expatriado sin derecho. Los militares que oprimen al pueblo no lograrán su más grande triunfo: no entraremos en su juego. Su proyecto de sociedad no es el nuestro. La dictadura representa al régimen falaz y descreído en su etapa de mayor corrupción. Es un sistema antihistórico, un neo-fascismo
 entreguista e inmoral, no sólo por sus prácticas sino por su esencia que se funda en la violencia, el crimen y los odios. 
La base de su supervivencia está en el desencuentro del país, en la división o en el sometimiento del pueblo. Todas vanas e inaceptables ilusiones. Ni el terror ni la deformación permanente de la verdad le permitirán imponer un plan de largo alcance. Los radicales en el exilio no somos los únicos radicales que pensamos así. No sólo no lo vamos a ocultar sino que lo queremos reconocer expresamente: existe una heterodoxia en algunos de nuestros dirigentes, pero no es menos cierto que la mayoría de los radicales piensa como nosotros. Nuestros esfuerzos están unidos con los que miles y miles de radicales realizan dentro del país. Más aún: la inmensa mayoría del pueblo argentino lucha por los mismos objetivos. Nada válido ni duradero se podrá hacer en la Argentina sin la vigencia de la democracia pluralista plena. No es una alianza lo que el pueblo reclama a sus dirigentes sino un acuerdo político de fondo para reconquistar esa democracia integral y la hegemonía civil perdida hace medio siglo. Nunca habrá democracia en la República si todo el cuerpo social no trabaja para recuperarla y afianzarla. La tarea no es sólo de los partidos. Es también de los sindicatos, la iglesia, las fuerzas armadas, la universidad y las organizaciones empresarias. Exigimos elecciones inmediatas pero afirmamos que ellas no bastan. La Argentina necesita cambios que permitan terminar con los privilegios y las desigualdades sociales impuestas por un capitalismo crudo y trasnochado. El radicalismo es una alternativa a ese tipo de sociedad que sojuzga al pueblo argentino. Valoramos a la propiedad privada respetuosa del interés social y no propiciamos la apropiación integral de los medios de producción. Adherimos a la tesis de la economía mixta, las nacionalizaciones selectivas que modifiquen la naturaleza del poder y la planificación democrática. Queremos reformas de estructuras y reformas de repartición. El Estado juega un rol importante en nuestro proyecto pero no le asignamos el papel de agente exclusivo del cambio social. La democracia argentina no puede encerrarse en sus fronteras permitiendo que la imagen externa del país sea monopolizada y distorsionada por la "diplomacia" de los agentes, espías, policías y centros pilotos de la dictadura militar que desbordan las embajadas, con la sola excepción de algunos funcionarios de carrera sin poder real. El radicalismo definió con Yrigoyen principios internacionales permanentes de fraternidad Latinoamericana y de igualdad entre los países, como lo hizo en la Sociedad de las Naciones y en la admonición al presidente norteamericano Hoover. "Las naciones deben ser sagradas para las naciones, como los pueblos para los pueblos". Inspirados en estos principios los radicales en el exilio estamos desarrollando una tarea internacional encontrando y profundizando coincidencias con fuerzas políticas afines y con  líderes y hombres de estado democráticos. Como dijera en una ocasión el presidente Arturo Illia la palabra socialista no es tabú para el radicalismo. El socialismo es para nosotros inseparable de la noción de libertad. Sin comprometer nuestra independen admitimos las afinidades existentes entre nuestra doctrina y la de muchos partidos que se agrupan en la Internacional Socialista. Hemos dado nuestra definición. Nuestra lucha se basa en m persuasión, el diálogo y en la fuerza de las ideas. Todos los creen en la democracia son nuestros aliados. Asumimos con fe y convicción todas y cada una de las responsabilidades que tenemos para con nuestro país y nuestro pueblo


Extractado del libro " El radicalismo en tiempos de oscuridad" de Pedro Calvo 2010

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