Sr. Rodríguez (C. J. ). — Pido la palabra .
Al venir por tercera vez a esta Cámara trayendo el diploma que acredita representante de Córdoba, quiero, por el alto honor que implica, librar la primera batalla por los fueros de su soberanía popular, que no ha sido lealmente consultada en ese acto electoral que otorga la mayoría al Partido Demócrata .
Parece, a esta altura de la discusión, agotado el debate sobre los hechos, que todo incita a hacer algunas reflexiones generales y a la filosofía del caso, así como en las últimas horas de la tarde de ayer lo hiciera al final de la sesión el señor diputado Repetto, dando sus consejos a los partidos del país que serán lo suficientemente agradecidos por la buena intención que es de suponer ; pero también, con la mejor intención de hacer aparecer a su propio partido como modelo de la democracia nueva del pueblo argentino . De estos conceptos, me he de ocupar más adelante . Lástima grande que sus consejos estén desautorizados por nuestra victoria en la Capital Federal.
Ante todo, señor presidente, interesa, para filosofar, establecer algunos datos fundamentales que han sido plenamente comprobados en este debate . Desde luego, la cifra arrojada por el escrutinio de los comicios, 500 votos de diferencia entre el candidato que tiene mayor número de los electos por la minoría y el que tiene menor número de votos de la mayoría ; y menos de mil entre los que tienen más número de votos de la mayoría y de la minoría, significa que no es esa, por cierto, una cifra para celebrar victoria y para decir que traen aquí legítimamente la honrosa representación de Córdoba .
El señor diputado por Santa Fe, miembro informante del despacho de la minoría, ha concretado suficientemente los puntos esenciales del debate, con toda minucia y con toda exactitud, pintando aquel cuadro sombrío de los comicios cordobeses de mano maestra; y fustigando los autores de tales atentados con esos golpes de su oratoria de combate que son incontrastables .
Así que, ¿ para qué volver a repetir la demostración de lo que ya puede afirmarse como conclusión definitiva: que el pueblo de Córdoba no ha sido consultado como corresponde pueblo libre ; que sus comicios sólo fueron una farsa democrática ? Los hechos comprobados son bien elocuentes : la intromisión oficial antes y durante el acto electoral, lo ha desnaturalizado en su verdadera esencia ; ha presionado y corrompido la conciencia ciudadana . En toda la vasta extensión de la provincia, la inmensa falange administrativa, formada por los comisarios y agentes de policía, por los jueces de paz, jefes de registro civil en una palabra, todos, desde el gobernador abajo, tomaron parte activa y militante en aquella lucha contra el pueblo . Y es una verdad que conoce el pueblo mismo, a cuyo testimonio y sanción apelo.
Precisamente, a los que niegan este estado de subversión institucional en Córdoba es a quienes se pide ante la Honorable Cámara el aplazamiento de estos diplomas, para investigar la verdad de las afirmaciones concretadas minuciosamente por el señor diputado por Córdoba, mi colega electo . Para eso se pide el aplazamiento, que es un procedimiento común y reglamentario, adoptado por la Cámara cuando se presentan situaciones de esta naturaleza .
No sé por qué la Honorable Cámara no va a seguir conducta semejante en un caso tan grave, y yo diría, como pretendo demostrarlo, que el caso de Córdoba, generalizado a otras provincias, como lo probarán estos debates, a despecho de la opinión del Partido Socialista, significa que está en plena bancarrota la ley electoral, porque falta ya el espíritu que debe animar su letra, su estructura, inerte la soberanía del pueblo, ausente de los comicios, porque está viciada su voluntad con la intimidación y falsificación del ciudadano elector.
No es extraño que eso suceda en Córdoba, porque su proceso de anormalidad es ya conocido y viene de larga data : desde los comicios convocados para elegir gobernador el año 20, cuando el Partido Radical, siendo la mayoría notoria en aquel distrito electoral, no pudo concurrir las urnas por existir una ley electoral contraria a los preceptos de la Constitución de aquel Estado. En ese entonces, y por las mismas características que continuamente vienen revelándose en los procesos electorales, mal podía el Partido Radical, si no se le abría el comicio que garantizase la libertad del sufragio, concurrir a aquel acto eleccionario, que debía luego acatar como expresión de la voluntad popular.
He aquí la razón de ser de la abstención; porque la abstención, dentro del credo radical, no es, por cierto, recurso de política puramente militante, que trata de usufructuar las ocasiones
propicias para un triunfo electoral, sino algo que reclama la misma esencia del comicio, como instrumento revelador de la soberanía, la garantía y la honorabilidad de su funcionamiento . De otro modo, la Unión Cíviса Radical siempre se impuso la abstención, como lo dijo el doctor Hipólito Irigoyen : «como suprema protesta, como un recogimiento absoluto y un total alejamiento de los poderes oficiales, para dejar bien establecido en el presente y en la historia, y como demostración al mundo que nos mira, que la Nación no tenía ninguna comunidad con los gobiernos que en una hora fatal le arrebataron el ejercicio de su soberanía ..»
Y bien, señor presidente ; cuando después, en razón de las exigencias de las autoridades nacionales del partido, para cooperar en la campaña precedente, hubo de concurrir a los comicios del año 22, se presentó de nuevo y en aquel comicio, bajo el amparo y las garantías de las autoridades federales, pudo señalar una brillante victoria alcanzada por más de dieciséis mil votos sobre el Partido Demócrata.
Y apenas poco tiempo antes, contra su protesta, contra su abstención, el Gobierno de Córdoba eligió gobernador al doctor Roca. Fué aquel gobierno de hecho que desconociera la presidencia anterior, de acuerdo a las reivindicaciones planteadas por el Partido Radical de Córdoba.
Desde entonces data el estado de anormalidad institucional de aquella provincia ; y no obstante todos los esfuerzos y todas las luchas que el Partido Radical debió librar para evidenciar una vez más, una vez por todas, persistiendo hasta el último extremo, sus anhelos hechos dentro de la legalidad, hubo de probar que concurrir al comicio era ser defraudado por la presión y el dolo oficialistas.
Y nuevamente, en la campaña del año 25, no obstante las experiencias que tenía de la conducta oficialista, concurrió también al comicio. No se puede vanagloriar el oficialismo de haber obtenido una victoria. Aquella vez la fórmula de gobernador sólo triunfó por 200 votos, y en cambio correspondió al Partido Radical la mayoría de la representación de la Cámara de Diputados. ¡ Aquélla fué una victoria material y moralmente !
Después de aquella elección, en la que se extremaron todos los fraudes y presiones oficiales, cuando se reunieron las Cámaras, los diputados empezaron a estudiar sus poderes, para cumplir sus funciones dentro de las prácticas parlamentarias, constituirse luego y examinar más tarde, en asamblea, la elección de la fórmula gubernativa. Y entonces, el Partido Demócrata trató de obstaculizar en toda forma aquel acto, en que la representación legítima del pueblo de Córdoba debía ocuparse de esa elección. Fué en aquella oportunidad que el Partido Demócrata, representado por mayoría en el Senado, desconoció a la Cámara de Diputados; y desde entonces se planteó el primer conflicto, que debía hacer inútil la representación de Córdoba en el control y en la colaboración del nuevo gobierno. Desde entonces también, la asamblea, constituída por la Cámara de Diputados y por la Cámara de Senadores, que debía juzgar la elección de gobernador, que debía tomarle juramento, no pudo tampoco funcionar, y desde entonces existe un gobierno de hecho; al cual le ha tocado presidir, los recientes comicios provinciales y nacionales, una vez más mancillados por la intromisión y el fraude oficialista . Todo esto evidencia , elocuentemente, los cruentos sacrificios que el Partido Radical debe sufrir para rescatar, por medios legales y pacíficos, el triunfo de la soberanía popular que le corresponde en el distrito electoral de Córdoba .
Así quedaron, pues , las cosas, hasta el momento en que debía verificarse el acto eleccionario que estamos discutiendo ante la Honorable Cámara.
Cuando se trataba de la fórmula gubernativa de Córdoba, el Partido Radical no obtuvo la victoria decisiva, escapándosele sólo por 200 votos, que debían ser el resultado de la presión oficial; en esta otra aprestado ya a la lucha, una lucha definitiva, no sólo por sus alcances en el escenario provincial sino en el nacional mismo, porque desde ya los partidos de la República, los que tratan de orientar sus destinos, se aperciben de que en estos instantes, en la escena política, se está jugando la fórmula presidencial del año 28 yo diré, penetrando más hondo en la conciencia colectiva, más que los hombres y los nombres, están jugándose las grandes y nuevas ideas, de renovación política y económica, que deben orientar la moderna democracia argentina.
En presencia de tal estado de subversión institucional, no será posible en adelante concurrir lealmente a ningún comicio electoral en Córdoba.
No voy a repetir el cuadro pintado ya por los oradores que me han precedido, que inútilmente han querido deslucir los que han replicado, porque esos argumentos expresados con precisión y elocuencia , no es fácil que se destruyan, cuando han quedado evidentes ante la opinión nacional.
Si esa victoria, tan sólo de 200 votos, puede ser celebrada como victoria por el Partido Demócrata, es por cierto una victoria bien poco honrosa . Y por lo mismo resulta evidente que nuestra derrota se convierte en la verdadera victoria moral del pueblo de Córdoba.
Tales son las consecuencias que resultan de los hechos plenamente probados, de la intervención oficialista en aquel acto eleccionario ; en toda forma, desde el secuestro y falsificación de libretas , hasta la conducción de votantes en el mismo día del comicio , aun en las ciudades más altivas, en aquellas donde el Partido Radical es un verdadero baluarte, como en la ciudad de Río Cuarto, donde han esgrimido todas las armas de la presión para poder arrancar la victoria. Y yo me digo entonces : si tal es el estado institucional de la provincia de Córdoba en el momento en que el pueblo es llamado a ejercitar su legítimo derecho, ¿con qué argumento puede sostenerse que la ley Sáenz Peña se realiza en su vida y en su substancia si en verdad el pueblo está presionado y violentado, si está defraudado en sus derechos en el momento en que ejerce su soberanía ?
Por eso es de alarmarse que la ley electoral, en la cual puso tanta confianza el pueblo por adoptar como base el padrón militar para poner a buen resguardo la expresión de la soberanía popular en el cuarto obscuro, haya quedado completamente defraudada con la intervención oficial en forma descarada y peligrosa en los comicios de Córdoba. Recordarán los señores diputados que la Unión Cívica Radical hace 36 años, en el mitin del Jardín Florida, estableció como uno de sus postulados fundamentales:
«Levantar la bandera del ejercicio del sufragio sin intimidación y sin fraude y condenar toda intervención oficial en los trabajos electorales».
En este instante al tratar el caso de Córdoba y comprobar la flagrante violación del espíritu que animá a la legislación electoral de la República, denuncio al país que esa ley ha sido falseada y que hoy está en plena bancarrota. ¿ Cómo podrá en adelante concurrir el electorado de la República a ejercer su soberanía si cuando se va a aplicar la ley la presión policial se ocupará de conducir a los votantes y se hará toda clase de fraudes para que no resulte leal y sincero el pronunciamiento del pueblo en los comicios ? Esto es algo que merece no sólo estudio en el presente caso para decidir de la nulidad o validez de los diplomas que se presentan, sino para algo más fundamental : para ir a la reforma de la ley electoral en modo tal que en adelante no sean posibles los abusos y vicios de esta naturaleza, que vienen a despojar de toda significación democrática a esa gran consulta de la conciencia popular en el comicio libre.
Es tanto más necesaria la mirada y la reflexión de los partidos hacia el instrumento de la soberanía popular en este instante, cuanto que para nadie es un misterio que los fundamentos mismos del Estado están amenazados por fuertes sacudimientos ideológicos y que no es un misterio que la propaganda diaria de la prensa, que todos los días nos transmite las sensaciones del estado político de Europa, está incendiando al país con corrientes de ideas nuevas que han de determinar la reforma fundamental de las instituciones de la Nación.
Estas cosas son dignas de anotarse para que con tiempo se tomen los remedios necesarios y el Congreso reflexione sobre estos problemas que no son por cierto los triviales del día, sino los más fundamentales, como que afectan a la soberanía de la Nación en su ejercicio y en el uso de sus instituciones.
Se ha dicho que estos vicios de que adolece el acto electoral de Córdoba lo decía un señor diputado socialista es necesario contemplarlo con criterio humano. No sé si ese señor diputado será ajeno a la indignación y a la protesta que actos de esta naturaleza deben despertar en el ánimo de todo ciudadano argentino, porque el Partido Socialista es una ínfima minoría en Córdoba y en el resto de la República, o si ha dicho eso con un espíritu profundo de estadista y sociólogo, y parecería que toda la inculpación que dirige es sencillamente a la falta de cultura en el pueblo argentino. De esto he de ocuparme con más tiempo, pero no quiero pasar esta oportunidad sin dejar establecida cuál es la significación e importancia de los vicios y atentados que encierran los comicios de Córdoba que convirtió aquel acto eleccionario en un agravio a la soberanía del pueblo .
La Unión Cívica Radical ha hecho de esto su apostolado fundamental, y no podrá negársele, como se ha tratado de hacerlo, que ella es la única que ha bregado con toda claridad de concepto y energía de conducta yendo hasta el sacrificio para imponer como base fundamental de la democracia argentina, el sufragio libre, el sufragio en comicios honorables y garantidos, únicos dignos de un pueblo altivo y culto.
Muchos hablan de que el Partido Radical no tiene programa, como si éste no fuera el único y fundamental programa, que basta para llenar una época histórica. Y tan fundamental que sin realizarlo ¿Cómo habría de consultarse al pueblo sobre los graves problemas de orden político, económico y financiero que plantean las nuevas orientaciones del momento científico actual ? Es menester garantizar, mediante el cumplimiento honrado de la ley, la expresión libre del pueblo en el comicio. Y he aquí por qué la Unión Cívica Radical ha hecho durante más de treinta años de éste el único y fundamental postulado, como base de existencia y grandeza de la República.
Sr.Rodríguez(A).-Pero el señor diputado perteneció al Partido Demócrata en el año 1916, hizo su carta orgánica y ahora viene hablándonos de 36 años de postulados, cuando debía recordar su actuación en la provincia de Córdoba .
Sr. Rodríguez (C. J. ) . Sí, señor diputado, tiene usted razón ; pero me tendrá que admitir la explicación para que quede documentado...
Sr.Rodríguez(A.).-Perfectamente ; será peor...
Sr. Sánchez.- No puede prejuzgar.
Sr. Rodríguez (C. J.)- Voy a hacer una interrupción al hilo de esta expоsición, para detenerme en un asunto personal que debo replicar de inmediato.
En la Honorable Cámara hay personas que conocen mi iniciación en la vida pública. Después de obtener el título de abogado empecé mi vida pública en la ciudad de Río Cuarto. No pertenecía a ningún partido, y junto con otros ciudadanos formé un partido departamental. En esos instantes, años 1907 у 1908, la Unión Cívica Radical se mantenía en la abstención que le llevara a la revolución de 1905 .
La provincia de Córdoba estaba en manos del régimen: el Partido Autonomista Nacional. Yo no he formado parte - debo puntualizarlo bien- del Partido Autonomista Nacional en ningún instante; por el contrario, he combatido a ese partido en sus prácticas desde mi iniciación en la vida política.
Ese partido departamental que constituímos varios ciudadanos, unidos en el ideal común de batallar por los derechos cívicos en aquel pueblo progresista y culto, fué sostenido por la prédica y la acción electoral enérgica contra los vicios y los hombres que corrompían nuestra democracia ; y pusimos al servicio de esos ideales nuestras vidas y haciendas. Con el tiempo habían de corresponderle brillantes triunfos, de los que recordaré tan sólo aquel en que saliera electo diputado provincial el doctor Julio C. Borda . Fué ese uno de los primeros triunfos de nuestro partido y, por el camino de esos viejos comicios, violentos y dolorosos y ejerciendo con toda altivez ciudadana nuestros derechos, nos abrimos paso hasta penetrar en las esferas gubernativas, para hacer oír lealmente la voluntad popular.
Como en muchos otros departamentos se adoptara una conducta semejante, entre ellos - si mal no recuerdo el departamento Tercero Abajo, donde militaba otro colega en esta Honorable Cámara, el señor diputado Ceballos, hubo de constituirse una liga provincial o departamental, y cuando varios departamentos se habían levantado para combatir las prácticas del Partido Autonomista Nacional, llegamos a formar la Unión Provincial. Con ese partido nos presentamos a la lucha y sacamos triunfante la candidatura del gobernador Garzón.
Está acreditado en estos primeros pasos que nosotros, constituyendo un partido formado exclusivamente de ciudadanos del departamento de Río Cuarto, sin depender de ninguna otra organización partidaria, nacional ni provincial, batallando contra las prácticas vetustas y anacrónicas del régimen, hemos llegado por nuestros propios medios a escalar las posiciones de gobierno. En esas condiciones iniciaba yo mi vida política en la ciudad de Río Cuarto.
Colaboré en el gobierno del doctor Garzón como diputado electo por aquel Partido Departamental de Río Cuarto ; no fuí llevado a la Legislatura por el Partido Nacional ni por el Partido
Demócrata ; y en tal carácter, como diputado independiente, representando un partido local de nobles ideales y honrosa historia, bregué siempre por las libertades públicas y el respeto a las instituciones .
Pasado el gobierno del doctor Garzón, se presentó la oportunidad de librar otra gran batalla para designar la fórmula gubernativa. Como la Unión Provincial estaba aniquilada, puede decirse, por disidencias intestinas, con el deseo de reunir el mayor número de fuerzas se formó la que se llamó Concentración Provincial ; concurrió a su formación el partido que yo presidía en Río Cuarto, y aquella concentración triunfó en las elecciones de 1912 llevando al gobierno al doctor Cárcano . Por los esfuerzos del Partido Departamental a que me he referido ocupé una banca de diputado por Río Cuarto en la legislatura de mi provincia y, en mi modesta acción, llegué al cargo a que se refirió el señor diputado, de presidente de la Cámara de Diputados. Mi actuación durante ese tiempo en el seno de la Cámara fué de celo y lealtad con los intereses públicos.
En esto no le debo nada, absolutamente nada, al Partido Demócrata.
Ahora paso a ocuparme de mi actuación en el Partido Demócrata.
Durante la administración del doctor Cárcano se habló de la formación del Partido Demócrata, no recuerdo bien si porque en la ciudad de Buenos Aires se empezaba a iniciar la formación del Partido Demócrata Progresista . Lo que sé bien es que después de alguna propuesta en el seno de ese partido se produjo su adhesión al Partido Demócrata Progresista.
Pues bien ; presidiendo el Partido Departamental que, como he dicho, no dependía de otro partido provincial o nacional, sino que era formado por una asociación de ciudadanos del departamento Río Cuarto, con el previo común consentimiento de los que lo componían, concurrí a formar el Partido Demócrata de Córdoba ; У, efectivamente, fuí designado, con algunos otros colegas, entre ellos el doctor Roca, para confeccionar la carta orgánica del Partido de Córdoba.
Sr. Rodríguez (A. ). El señor diputado está demostrando lo que yo había dicho .
Sr. Rodríguez ( C. J. ). — Yo no lo he negado.
Sr. Molinari.- No se ha negado .
Sr. Rodríguez (C. J. ) . - En esas circunstancias yo he concurrido a redactar la carta del Partido Demócrata de Córdoba. No tendría para qué recordar alguna incidencia o discusión con el doctor Roca sobre el alcance de una de las cláusulas referente al problema social obrero, uno de los de más palpitante actualidad entonces y más grave hoy.
Pero yo digo que la adhesión a esos ideales no importa una contradicción con los que he abrazado dentro de la Unión Cívica Radical. Bastaría comparar la carta orgánica de uno y otro partido para saber que no hay una sola antítesis de orden ideológico entre el Partido Demócrata y la Unión Cívica Radical; y se explica, ambos acatan la Constitución, y ambos proponen cumplirla por iniciativas de buen gobierno. Su diferencia acaso reside en el grado de intensidad de la realización ; y en especial en que la Unión Cívica Radical ha hecho su postulado fundamental, primordial, antes que todo, del respeto a la soberanía popular.
De modo, señor presidente, no sé por qué podría verse en mi actitud, en mi procedimiento, una sola contradicción entre los principios de ayer y los principios de ahora, ya que en todos los actos de mi vida pública he cumplido honesta y correctamente sin variar un ápice con los postulados que hoy sostengo dentro de la Unión Cívica Radical, sirviendo solícita y lealmente los intereses de la República. (Aplausos).
Tal es, pues, señores diputados, mi actitud. La divergencia estuvo en otro punto con esa comunidad de ciudadanos, de cuya mayor parte yo conservo afectos de amistad. La divergencia estuvo al aplicarse la carta orgánica en las elecciones de senadores en el departamento de Río Cuarto. En ese instante yo desempeñaba el cargo de presidente del comité del Partido Democrático local de Río Cuarto.
La junta de gobierno de Córdoba, en virtud de algunas disidencias... digo mal, en virtud de que había otros ciudadanos en el departamento Río Cuarto, que querían concurrir a secundar a ese gobierno en el acto electoral, quiso imponer al Comité Departamental de Río Cuarto otra forma de elegir el candidato que debía sostenerse en los comicios.
Entonces, pues, el partido que yo presidía en Río Cuarto, amparándose en la carta orgánica, resistió las pretensiones de la junta de gobierno de Córdoba he hizo constar su protesta, en nota que tengo aquí, que podría leer, pero que no lo haré por no distraer su atención y que pido se incluya a continuación de mi discurso, como una justificación de mi conducta. Previa la protesta, la junta de gobierno del Partido Demócrata accedió a las solicitaciones de otros ciudadanos de Río Cuarto que no formaban parte del partido, de proclamar otro candidato, fuera de las normas prescriptas por la carta orgánica. Con ese motivo, en divergencia tan fundamental de conducta, el Partido Democrático Social que presidía, resolvió retirar su adhesión al Partido Demócrata ; y yo , en consecuencia, quedé desligado de ese compromiso político, reintegrándome a la vida pública como ciudadano independiente, con deberes y derechos cívicos que ejercer.
Antes de pasar adelante, me permitiré leer las notas con que fueron contestadas por la junta de gobierno las dos notas a que antes me he referido.
La primera fechada el 16 de Marzo de 1915, me fué dirigida en mi carácter de presidente del Partido Democrático Social. Tal era el nombre que llevaba en Río Cuarto el partido que yo presidía: conservaba su individualidad dentro de la adhesión al Partido Demócrata. Dice la nota:
«Señor presidente del Partido Democrático Social, doctor Carlos J. Rodríguez. -Presente. Llevo a su conocimiento que la junta de gobierno que tengo el honor de presidir ha tomado en consideración su nota de fecha 5 del corriente, en la cual ese partido retira su adhesión al Partido Demócrata de Córdoba. Sin aceptar los cargos que en dicha comunicación se formulan a la honorable junta con motivo de su resolución de fecha 4 del corriente, y dejando constancia de que ella ha procedido en virtud de atribuciones propias que le acuerda la carta orgánica del partido, la junta lamenta la actitud de esa agrupación, que la priva de un concurso eficiente y prestigioso. Con tal motivo, saludo al señor presidente con mi más distinguida consideración.
Martín Ferreyra, presidente. Rodríguez de la Torre, secretario».
La otra nota se refiere a la renuncia que mandé en mi carácter de miembro de la junta del Partido Demócrata, en virtud del retiro de la adhesión al mismo del Partido Democrático Social. Dice así :
«Córdoba, Marzo 16 de 1915.
Señor Carlos J. Rodríguez. Río Cuarto. Llevo a su conocimiento que la honorable junta de gobierno del Partido Demócrata, que me cabe el honor de presidir, ha tomado en consideración su renuncia de miembro de la misma y resuelto aceptarla en virtud de los motivos en que se funda. La junta de gobierno lamenta verse privada del concurso eficiente que usted supo prestarle con inteligencia y patriotismo . Sin otro motivo, me es grato saludar a usted con mi distinguida consideración.
Martín Ferreyra, presidente . Rodríguez de la Torre, secretario» .
Posteriormente a ese acto que me reintegraba a mi vida pública de ciudadano independiente, cuando llegó la agitación electoral con motivo de la elección de la fórmula gubernativa de Córdoba, yo presté mi concurso a la Unión Cívica Radical, a la que me incorporé definitivamente. Mis deberes y derechos ciudadanos me imponían tomar parte activa y eficiente en la vida política nacional.
En esta forma, pues, dejo explicada y justificada mi actitud.
Prosigo ahora, señor presidente, mi exposición.
Como he afirmado que la intromisión de los oficialismos ha dado en tierra con la ley electoral y la ha puesto en definitiva bancarrota, señalo esta circunstancia, no sólo, como expresé anteriormente, para que sea tenida en cuenta como uno de los motivos fundamentales para aplazar estos diplomas, hacer la investigación necesaria y pronunciar el juicio que corresponda, sino también para constatar los malos frutos de la intromisión oficial, funesta experiencia que viene a poner a dura prueba la perfección o siquiera sea la bondad de la ley electoral; porque nada valen las formas correctas del comicio si falta, como he dicho, el espíritu que lo anima, que es el ciudadano libre en el comicio honorable y garantido.
Como ésta es una de las afirmaciones fundamentales en que reposa la existencia de la Unión Cívica Radical ; como en este instante es más necesario que nunca el instrumento de expresión de la soberanía popular, su perfecta sinceridad, porque ha de debatirse ante las corrientes de las ideas nuevas que están agitando incesantemente al pueblo argentino, en forma tal que ha llegado hasta el alarde uno de los sectores de la Cámara de apellidar este movimiento de lucha por el derecho como sucesos de carácter demagógico, conviene, para la tranquilidad, que sólo puede venir por el camino de la libertad, que se asegure con toda perfección, con toda exactitud y corrección y sinceridad el comicio donde el pueblo debe pronunciarse sobre tan graves problemas de orden político y económico, como los que han de preocupar la conciencia argentina.
Ya dije, citando una de las bases fundamentales con que se iniciara la Unión Cívica Radical el año 90, que fué garantizar el comicio libre sin la intromisión oficialista. Por eso denuncio ante esta Cámara el acto electoral de Córdoba, que de una manera incontrovertible está viciado precisamente por la intromisión del oficialismo de Córdoba, que no ha permitido que venga a esta Cámara la legítima representación del pueblo de aquella provincia.
La afirmación es fácilmente comprobable, porque hasta la cifra está evidenciando que, a no haber sido por esa intervención, que por lo menos ha podido hacer gravitar el peso del electorado siquiera en un dos por ciento de los cuarenta y tantos mil votos, no estarían en esta Cámara los diplomas que trae la mayoría, sino los diplomas que corresponden legítimamente a los que vienen por la minoría de su representación.
Ese argumento y esa demostración no podrán ser levantados por ningún género de razonamientos ; y lo más que se podría conceder es que éste es un caso que debe ser sometido inmediatamente a la comprobación en el período de tiempo apenas necesario para postergar estos diplomas y hacer el examen de todos los concretos que han sido presentados ante la Honorable Cámara .
Aquel postulado fundamental de la Unión Cívica Radical fué concretado luego en su carta orgánica, y cuando desapareciera el ilustre jefe, el verbo que comunicara toda la vida inicial a este partido, el doctor Leandro Alem, otro de los hombres que han bregado tesoneramente en su seno y que ha sabido dar a la República orientaciones precisas en medio de la confusión de todos los hombres, el señor Hipólito Irigoyen, único pensador político dentro de ese caos, en que nadie podía percibir la línea segura que conduciría al porvenir, pudo sintetizar en una frase la solución del problema político de la época, cuando dijo en esta frase profunda y breve, que luego todos los oradores han divulgado en treinta años de intensa propaganda popular: «la reparación política de la Nación» .
En esa frase simple y sencilla está encerrado todo el problema de la Unión Cívica Radical .
Hay alguien, señores, que ha negado en el señor Irigoyen el poder que capacita a los grandes estadistas, ha negado su talento y su eficiencia como pensador político, para concederle, solamente cuando más, aquellas facultades de proselitismo, de que hablaba el diputado socialista ayer, que no se sabe en virtud de qué poder magnético ejecuta sobre los hombres libres y cultos, que tienen el dominio de los negocios públicos, que a diario han estado conversando con él; la mayor parte de los hombres que se sientan en esta Cámara y los que lo conocen, han podido aquilatar la fuerza de su pensamiento, frente a frente, no sólo en las asambleas públicas y en los consejos de gabinete, sino a todas horas y en todo momento, en las conversaciones particulares y en las sesiones de las asambleas partidarias .
Me permitiré, con ese doble propósito, hacer una lectura un poco larga de una cita para dejar fundamentado en el Diario de Sesiones de esta Cámara ese juicio . Se trata de párrafos de la célebre polémica sostenida con don Pedro C. Molina, uno de los hombres más eminentes de Córdoba de los tiempos recientes, por su cultura y probidad . Presidente entonces de la Unión Cívica Radical, por ciertas cuestiones que no es del caso repetir, se alejó definitivamente del partido .
Con ese motivo se entabló aquella célebre polémica en varias cartas, donde con toda exactitud y justicia, puede decirse, el señor Hipólito Irigoyen, desarrolló claramente, con amplitud, profundidad y elocuencia, los postulados fundamentales de la Unión Cívica Radical.
Decía en una de esas cartas: «Persiste usted en que la Unión Cívica Radical no tiene orientación . Pero, cuando menos le pregunto: ¿quién la tiene aquí que no sea ella y quién la tiene fuera de aquí en el más alto concepto, con mayor fuerza de ánimo , con más patriótico desinterés y más recta acción? ¿No ve usted que de esos treinta años la característica en nuestro país de gobiernos, agrupaciones y hombres es una continua cambiante, confusión y mezcla en pro de protervas y menguadas ambiciones, y que al frente de toda esa masa informe hay un pensamiento que como faro fijo y luminoso orienta, precisamente, todos los deberes morales, políticos y sociales?
«Es la única garantía y levantado resguardo que la República tiene en el presente ; su verdadera promesa reparadora y su fundada esperanza de transiciones que le restauren su perdido pasado .
«Hemos rechazado, pues, colectiva e individualmente, la dirección de gobiernos, la coparticipación en otros y la jefatura de oposiciones falaces y engañosas y consecutivamente importantes puestos en todas las administraciones de la República .
«Con esos altísimos preceptos morales y políticos y con procedimientos siempre leales y francos hemos consagrado el credo que profesamos en holocausto a la patria.
«En la anormal situación que conmueve a la República insumiendo y esterilizando fuerzas y factores de todo género han nacido dos tendencias bien caracterizadas y definidas.
«Comprende , la una, todas las transgresiones, en la sucesión múltiple y variada de las funciones públicas y sus irradiaciones en las demás esferas de la actividad . Detentadora de la soberanía nacional y apoderada de todas sus fuerzas, hace pesar su férreo vugo , rebajando la libertad y dejando el derecho y la justicia y arrastrando todo el organismo moral, político y administrativo. Inepta y pervertida, por su misma depresión y degeneración, cada paso que da, cada medida
que toma y cada obra que realiza, es una demostración de incapacidad y una descalificación de concepto o una acusación de venalidad . El aprovechamiento en todo es el signo característico de su psicología general, que corrompe cuanto está a su alcance o subyuga con sus halagos. Siendo el delito su origen, la delincuencia es lo que enseña, y el crimen común en todas las formas, una de sus lógicas derivaciones.
«Cualquiera que sea la pletoridad aparente de su vida, es necesariamente enfermiza, porque contraría a las leyes naturales de la existencia, y mientras subsista seguirá devorando y devastando la savia nacional, hasta que al fin se hunda en el ineludible abismo de su destino, después de haber colmado sus desaciertos en algún cataclismo y de haberle inferido a la República lesiones sin reparo ; porque ni la naturaleza misma restaura todo lo perdido . Representante, la otra, del poder público, en ruda contienda del deber supremo contra la fatalidad de aquel atentado, que por la impunidad y la complicidad pretende ya hacerse régimen de vida nacional, fácilmente se concibe cuál es el carácter bien marcado de su tendencia . Se distinguen no el terreno de la política militante, porque dentro de ella no hay más mira que la posesión de los gobiernos, sino en el de la esencia misma de los más caros atributos de la Nación, que profundamente afectados podían llegar a desnaturalizarse para siempre . Tal es el estado actual de la República y extraviados viven los que piden programas de gobierno a la causa reivindicadora. Sería lo mismo que pretender el ejercicio de instituciones que no se han fundado o la aplicación de una constitución que no se ha hecho . Eso es lo que quieren los que piden programas a la Unión Cívica Radical, buscando contaminarla para encubrirse ellos, porque no sería sino usufructuar de los males de la República, pretextando reparaciones que no son más que variantes de una misma ignominia .»
Con tales palabras, señores diputados, he dejado precisado el concepto que en toda su vida pública ha predicado y realizado la Unión Cívica Radical. Pero alguien en esta Cámara ha querido hacer de ello simplemente una expresión de alteración del orden público o de demagogia; alguien se ha referido a la incultura de nuestro pueblo, como si quisiera excusar por el analfabetismo de muchos electores , la subversión institucional en que todavía vive la Nación. No, señor presidente; ella no es el fruto de la demagogia, despertada por el Partido Radical ; ni de la incultura fomentada por él. No; nadie, como él, desde el gobierno, ha extendido más lejos los beneficios de la enseñanza pública; y nadie como él ha impulsado por la vía de la fecunda renovación, en su docencia y en sus métodos, desde la alta enseñanza universitaria, hasta la primaria.
Inculpar a la incultura de nuestro
pueblo los atentados oficialistas descarados, es buscar una excusa
falaz para consentirlos ; es, en fin, permitir un escarnio más al
soberano pueblo, a quien siempre motejan, desde los salones
aristocráticos, de ignorante y chusma. Y en realidad, es que ese
pueblo vive en la miseria y en la obscuridad intelectual, analfabeto,
desnudo y hambriento, porque el oficialismo elector le arrebata sus
atributos de ciudadano en el comicio fraudulento . Y sin embargo, a
pesar de todo, hay tanta virtud cívica en él, que en todas las
luchas por las libertades de la República, siempre fué el nervio de
nuestra democracia . Contra ese apóstrofe denigrante, vayan estas
palabras de protesta elocuente del señor Hipólito Irigoyen :
«Y no
se infiera el inaudito agravio de pretender que el carácter
con que se van realizando los sucesos electorales es propio de la
psicología moral del pueblo argentino, cuando es evidente que desde
los primeros momentos se han identificado en absoluto con el genio de
la revolución en las actitudes más altivas y en las demostraciones
más culturales».
Pero, señor presidente, esas alteraciones que parecen traducirse para alguien sencillamente en fenómenos de demagogia e incultura, no son sino fenómenos naturales de las multitudes, que luchan por la consecución de sus derechos. Y no solamente por los derechos electorales, que son los primordiales de aquel pueblo, de los que está privado por el oficialismo, sino también porque anhela
orientaciones nuevas en el orden político y económico que vuelvan de una vez por todas a la República, al estado de normalidad en que solamente se vive cuando los derechos encuentran la garantía necesaria para desenvolver sus actividades e intereses en el seno de la prosperidad y de la paz.
Con razón ha dicho algún escritor que el derecho nace del dolor. Tal es el hecho que von Ihering, en su libro La lucha por el Derecho, ha señalado como génesis de ese factor social que nos da el orden, en la libertad, tan necesario para el progreso de las naciones.
A ese espíritu de lucha es a lo que se debe la energía y la fuerza de la Unión Cívica Radical. En todas las épocas de su historia ha hecho de sus postulados los ideales de sus luchas y holocaustos,
para imponerlos a los intereses creados que usufructuaban los beneficios y honores de la República. De otro modo no podría señalarse como un ejemplo para las generaciones venideras, si no la moviese ese espíritu de altivez, de abnegación y de sacrificio con que ha llenado las páginas de nuestra historia nacional .
Parece escrita proféticamente, señores diputados, para sintetizar la vida de esta grande y hermosa fuerza popular y de su ilustre abanderado, en su penosa y tesonera brega por la reparación institucional de la Nación, aquella frase de von Ihering : «el derecho que es por un lado la prosa, se trueca en la lucha por la idea en poesía ; porque la lucha por el derecho es en verdad la poesía del carácter .»
He aquí explicada la actitud de la Unión Cívica Radical colaborando en el gobierno del pueblo para trasuntar los anhelos colectivos de sus reivindicaciones y consagrarlos en derechos efectivos en sus instituciones por la vía pacífica, o bien, cuando le es arbitrariamente cerrada esa vía, como cuando se adultera el comicio para impedir que la voluntad popular venga a dictar la ley de sus reivindicaciones, entonces puesta fuera de ley, habrá de recurrir al ejercicio del primordial de los derechos, según la famosa declaración: el derecho de sentencia, la protesta armada. Tal es la característica de este partido y en esta forma ha de pasar a la historia como una de las grandes fuerzas que, usando de todos los atributos viriles de la nacionalidad, ha sabido trasuntar las reivindicaciones del pueblo en leyes e instituciones dignas de una democracia ejemplar.
Señor presidente : a esta altura del debate las conclusiones aparecen claras. La ley electoral está amenazada por un nuevo peligro : por la intromisión de los elementos oficialistas en los comicios, factor funesto que altera y perturba la libre expresión de la conciencia colectiva, la soberanía del pueblo, base de nuestra Constitución. Para que ella sea siempre la fuente de la vida de nuestras instituciones, es necesario que se conserve al abrigo de todas las perturbaciones políticas ; que esa fuente conserve límpida y tranquila su superficie ; que no la altere el soplo sutil del fraude o las piedras de la violencia ; para que así en todo momento refleje nítida y pura la conciencia popular, trasuntando como el cielo de sus ideales, para realizar los destinos de un gran pueblo en la historia humana .
He terminado. (¡Muy bien ! ¡Muy bien ! Aplausos)
Fuente: "Debate por la eleccion de diputados por Córdoba" en Diario de Sesiones de la H. Cámara de Diputados de la Nacion, 10° Reunion - 7° sesion preparatoria - Presidencia de los doctores Miguel Sussini y Miguel F. Gnecco, 18 de junio de 1926

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