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lunes, 23 de marzo de 2026

Alfredo Palacios: "Oracion funebre por la muerte de Marcelo T. de Alvear" (25 de marzo de 1942)

 ESTA UNGIDO PARA SIEMPRE CON ALGO DE LA MAJESTAD DE LA REPUBLICA

El senador nacional Alfredo L. Palacios habló en representacion del cuerpo a que pertenece. En su oracion funebre, dicha en tono conmovido, trasó una magnifica semblanza moral de ilustre desparecido y lo ubico con justa exactitud en el panorama argentino.

El doctor Placios comenzó diciendo:

“Alvear acaba de entrar con paso resonante en la historia. En esta hora infausta en que se derrumba la estructura social de Europa en que se ha elevado a la categoria de doctrina el concepto de la fuerza como suprema reguladora de las relaciones entre los hombres; en que el torvo materialismo aspira a sustituir los principios espirituales de la convivencia social; y que cuando la tragedia repercute en nuestra tierra sagrada evocar la figura del varón ilustre que ha caido es como purificar las fuentes de la existencia”.

TENIA LO QUE PODIA SALVARNOS

Dijo luego que Alvear, magnifico ejemplar de argentino, repudiaba a los hombres que se agitan solo para un engrandecimiento y glorificacion personal y creia sinceramente que era necesario unirse bajo una misma bandera de civilizacion. Y mas adelante expresó:

“Necesitabamos, en esta hora de angustia, la presencia del conductor. La desunion agrava la afeccion moral que padecemos, producto de un sensualismo que desata el afán de prepotencia y tiende a proclamar la ley del institno, sin normas ni reparos el imperio de la astucia sin escrupulos, la moral del éxito, la adopcion de la máxima según la cual todos los medios son aceptables para alcanzar el fin, y este fino no es otro que le de la ambicion personal. Alvear tenia lo que podia salvarnos; el acatamiento a las fuerzas morales; el proseguir la linea dinamizante de nuestra libérrimos tradicion argentina, universalista y solidaria.

“Nunca trabajó para enconar las heridas abiertas o arrojas combustible a la hoguera de las pasiones, porque sabia que la union de los argentinos nos daria la armonia solidaria par ael afianzamiento de la justicia y la práctica normal de las libertades civicas”

ALGO DE LA MAJESTAD DE LA REPUBLICA...”

Tras referirse a nuestra formacion democratica, que tuvo su representacion más genuina en la figura consular de Alvear, el doctor Palacios expresó:

“El hombre que estuvo al frente de la Nacion durante un periodo y aumentó el patrimonio moral y material confiado a su custodia y descendió con dignidad y sencillez del sitial que honró Sarmiento, está ungido para siempre, con algo de la majestad de la Republica. Naturalezas elementales y primarias pueden pensar que la autoridad se vincula unicamentea a la banda y al bastón de mando. Pero del hombre sólo puede decirse que es digno en razón de las cosas que es capaz de respetar sin que lo obliguen a ello los signos ni las fuerzas exteriores.

“Con ejemplar nobleza humana, Alvear, de un tirón se hubiera desprendido de todas las distinciones y honores con que las gentes deliran por engalanarse, para ostentar con orgullo su sola hombria.

No es que desdeñara ni rehuyera los honores, sino que no los confundia ni los igualaba con los valores humanos permanentes. Los adoptaba o los rechazaba como quien cambia de traje. Lo mismo en la Casa de Gobierno que en la cárcel de Martin Garcia, mostró Alvear la altivez inquebrantable de su índole”

NI DESMAYOS, NI ECLIPSES, NI EXTRAVÍOS

Señaló luego el doctor Palacios los valores fundamentales que enaltecian la personalidad del doctor Alvear, su patriotismo, su abnegacion, la lealtad, la integridad y firmeza de su carácter. Expresó:

“No tuvo jamás su conducta, a través de todo los azares de la lucha, ni un solo desmayo, ni eclipses de ofuscacion, ni extravios en la ruta. Abandona su puesto en la batalla unicamente al perder la vida; y su existencia deja una impresion de plenitud”.

Más adelante agregó:

“Ha preservado la fe del pueblo argentino en la validez de sus instituciones; y ha guiado nuestra caravana civica a traves del desierto de la desorientacion y la violencia. Se erige así, su conducta, en un simbolo viviente que traduce el destino de nuestra patria: la lucha; incansablemente por la justicia y la libertad en la adversidad o en la bonanza”.

El doctor Palacios finalizó su magnifica pieza con estas palabras:

“Se ha ido nuestro patriarca de civismo. Fue su vida una leccion viviente y perdurable de dignidad y patriotismo. Pocos gobernantes del mundo podran haber repetido como él las palabras de Pericles en el momento de su agonia: “mi satisfaccion más grande es que ningun ciudadano haya sufrido nunca por mi culpa”.






Fuente: “Oracion fúnebre por el fallecimiento de Marcelo T. de Alvear” por el senador nacional Alfredo Palacios en representacion del cuerpo de la H. Cámara de Senadores de la Nacion Argentina reproducido en el Diario Critica, Año XXIX – N° 10067 del 25 de marzo de 1942.

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