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lunes, 27 de junio de 2016

La Nación: "Hora de expectacion" (29 de junio de 1966)

Seria inexacta la afirmación de que el país ha sido sorprendido por los acontecimientos que precipitaron en el termino de horas, la caída del gobierno presidido por el Dr. Illia. Ni siquiera las mismas autoridades podrían invocar perplejidad. Desde diversos ángulos de la vida nacional se hicieron al gobierno civil todas las advertencias conducentes a la promoción de un cambio substancial en los métodos con los cuales afrontaba el desenvolvimiento político y económico de la Nación.

El Dr. Arturo Illia, sin duda un hombre probo, prefirió encerrarse en un empecinamiento inmutable, sin comprender que su margen operativo se estrechaba no tanto como derivación de las presiones sino como resultado de una visión fragmentada de la realidad.

En sus aspectos públicos, el proceso que culminó con el derrocamiento del gobierno elegido en 1963 no arroja todavía una luz clara sobre los objetivos de fondo; es decir, lo que está más allá de la empresa de privar a un presidente de su función constitucional. La disolución de la Corte Suprema, la disolución de las legislaturas provinciales y la destitución de los gobernadores y vicegobernadores de todas las provincias aparecen como consecuencias de un acto revolucionario que ha privado de sus cargos al presidente y al vicepresidente de la Republica, pero tales medidas no anticipan un programa de gobierno. Quizás lo más sugestivo, como señal, sea la disolución de todos los partidos políticos del país.

En 1955, la Revolución Libertadora, por el solo acto de enfrentar a una dictadura, estaba definida doctrinariamente antes de triunfar. Ahora el motivo ha sido el de llenar una vacancia de autoridad, señalada genéricamente en declaraciones formuladas no hace mucho con reiteración. Y ese estado de animo hizo crisis a partir del momento en que un comandante en jefe del Ejercito, llevado a actuar en obedecimiento, como lo dijo su primer comunicado, de razones castrenses, sancionó a un general y desconoció al secretario de aquella fuerza por haber asistido a una reunión en la que participaron tres dirigentes de una de las facciones de los partidarios del régimen depuesto en 1955. Luego los acontecimientos se precipitaron en una noche y la siguiente madrugada decididamente dramáticas, pero en cuyo desarrollo el espíritu público se complace al señalar que no se produjo la menor efusión de sangre.






Fuente: Fragmento de la Editorial del Diario La Nación intitulado "Hora de expectacion" con motivo de la destitución del Presidente de la Nacion Dr. Arturo Umberto Illia, 29 de junio de 1966.

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