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martes, 18 de agosto de 2015

Arturo Frondizi: "Patagonia, Tierra del Presente" (13 de diciembre de 1959)

1. No hay caminos de retroceso
Hace hoy cincuenta y dos años, se pronuncio en este lugar la palabra mágica: petróleo. Ella señalaba el destino del Sur Argentino; lejano Sur, en verdad, porque muy escasas comunicaciones lo ligaban al resto del país. Solo políticamente estaba integrado a la Nación, para la cual era entonces apenas una región productora de lana, que se exportaba y en parte nos era luego vendida en forma de artículos manufacturados.

Con el descubrimiento del petróleo, todas las perspectivas quedaban abiertas para el hombre del Sur, para el hombre argentino. Sin embargo, aunque hubo visionarios que entrevieron el futuro promisorio, el petróleo quedo aprisionado en la tierra y los pocos pozos iniciales fueron marcando una cuota de producción de lento crecimiento.

A lo largo de este medio siglo, Comodoro Rivadavia volvió a ser, una y otra vez, punto de partida para la cronología del desarrollo nacional. Pero, también una y otra vez, factores idénticos que parecían distintos frustraron gran parte de su futuro.

Hoy podemos afirmar aquí que ese futuro ha que- dado definitivamente abierto. En el rumbo que nos hemos trazado no hay caminos de retrocesos. Podrá el país derivar en política hacia otras direcciones; podrá haber extravíos de gobernantes o de gobernados; pero cualesquiera sean los caminos por los que transite la patria, podemos estar seguros de que en materia de petróleo no habrá estancamientos ni pasos atrás. La batalla ha sido ganada, en tal medida y con tal alcance que esta victoria constituye definitivamente una de las bases del porvenir argentino.

La Patagonia es, pues, la tierra del porvenir, pero de un porvenir que ha anticipado sus plazos. Es ya, en verdad, la tierra del presente.

2. Al encuentro de una Nación moderna
Durante más de un siglo el puerto de Buenos Aires ha sido beneficiario unilateral del esfuerzo permanente de las regiones del interior. Estamos impulsando la reversión de ese proceso, para que el Estado nacional, con todo su poder, contribuya a resolver los problemas de las distintas regiones que no pueden ser soluciona- dos espontáneamente. Así se afirmará la condición nacional que es factor de unidad, tanto en la geografía, como en la economía, como en la cultura.

Las naciones, como la civilización, en el correr de la historia mudan su cuadro de gravedad conforme al curso de los acontecimientos. Así la Argentina se desplaza hacia todos los horizontes después de haber sido Buenos Aires el centro que primero sirvió para la mas estrecha vinculación con la metrópoli lejana y luego termino por absorber las riquezas y las energías todas de la Nación.

Como argentino, como un ciudadano mas de este maravilloso país, comparto el orgullo y la esperanza de un pueblo que ve dilatarse sus fronteras y percibe muy próximo lo que parecía un horizonte de leyenda hace apenas medio siglo. Es la emoción del descubrimiento, la conciencia de pertenecer a una nación que crece y se expande en el devenir histórico, que ha dejado atrás para siempre la imagen que conjugaba su dispersión geográfica y el ámbito cerrado de una economía pastoril

La Argentina ya no se reduce a la fértil pradera y al puerto por donde salían los productos del campo y entraban las manufacturas extranjeras. Comienza a vibrar, en una sola y grandiosa epopeya del trabajo creador, a lo largo de la Cordillera y en el Noroeste, donde se extraen minerales y petróleo, en la Mesopotamia y en la región chaqueña, convertidas en extraordinarios centros de actividad agropecuaria; vibra en las provincias centrales, donde cada día se levanta una moderna planta industrial; y, por fin, en este extremo Sur, el desierto de antaño, transformado en la inagotable región del petróleo y sus derivados, en la cuenca del carbón, del hierro, en el centro indiscutible de la fuerza industrial energética, siderurgia y petroquímica. En este extremo Sur, flanqueando a lo largo de miles de kilómetros por la cordillera y el océano, donde la riqueza infinita de la naturaleza yace dormida en la estructura mineral de la roca y en la profundidad oceánica, presencia permanente del mar que llama la formación de la conciencia marítima argentina.

3. Unidad geográfica, unidad nacional
Los hombres de la Patagonia no incurren en soberbia al pensar que su patria chica es uno de los centros vitales de la Patria Grande. En estas regiones se unen a la posición estratégica la presencia del petróleo y la convergencia natural de la energía hidroeléctrica, del carbón y el hierro, que es como decir los puntales de una industria que se basta a si misma. Decir que el petró1eo constituye una mágica vara que transforma a los pueblos no constituye mero enunciado verbal. El día en que se descubrió petróleo en Texas, esta era una de las regiones más pobres y más atrasadas de los Estados Unidos. Sus praderas de pastos mediocres no permitían augurarle un gran porvenir. El petróleo llevo allí una revolución, porque tras de los pozos, que fueron riqueza cierta, se multiplicaron la industria petroquímica y todas las demás, y prospero el agro, al influjo de la tecnificación, hasta llegar a ser Texas lo que es hoy: un estado pujante, con una poderosa personalidad propia impulsada por incontenible desarrollo.
Sin embargo, la existencia de petróleo en el subsuelo no hace sino señalar a Comodoro Rivadavia y a toda la Patagonia la medida de sus posibilidades. Pues hay que decir también, con entera lealtad, que la sola riqueza petrolífera no asegura el porvenir.

Existen en el mundo países ricos en petróleo cuyas poblaciones, sin embargo, viven en la extrema pobreza. En ellos, el petróleo no ha servido para cambiar las antiguas estructuras económicas. No se cultiva la tierra ni se diversifica la producción. Grupos de privilegiados, en combinación con los monopolios internacionales, usufructúan una riqueza que pertenece a sus naciones. Y su porvenir esta amenazado por un hecho cierto: el petróleo no es eterno. Cuando los yacimientos se agoten, desaparecerá la riqueza de la paz de esos países, si no han podido capitalizar en bienes de producción y en desarrollo armónico todo cuanto les brindara una Naturaleza generosa.

4. Política económica que expresa la conciencia nacional
Es que, en verdad, para alcanzar el pleno desarrollo un país necesita clara conciencia y firme vocación de su destino nacional. Con tales fuerzas espirituales, el petróleo y cualquier otro recurso natural pueden ser pedestales para construir una nación. Sin ese espíritu, pueden resultar lapidas que sofoquen todas las energías nacionales.

Los argentinos hemos alcanzado la cabal percepción de nuestro destino nacional. Pero muchas veces nos hemos dejado desorientar por quienes, interesadamente, prefieren que nuestro país continúe siendo un productor de alimentos y de materias primas que sirvan la base al desarrollo de otros países.

A lo largo de nuestra historia encontramos hombres representativos que encarnaron cabalmente esa conciencia nacional y la hicieron trascender al piano de las realizaciones concretas. No es casual que algunos de ellos, verdaderos constructores de la nacionalidad, hayan puesto su gente y su empeñosa labor en estas tierras australes. Rindiéndoles homenaje, recordando su acción, reabrimos las perspectivas históricas que ellos impulsaron.

5. Una verdadera conquista territorial
Fue el general Julio A. Roca quien incorporo en forma definitiva la Patagonia a la Nación. Nacionalizo el Sur, cumpliendo algo realmente insólito en el curso de nuestra historia: añadir territorios a la patria en lugar de cederlos. Cuando decimos que incorporó la Patagonia a la Republica, señalamos que conquisto el desierto, porque el Sur era y es legítimamente argentino, aunque estuviera considerado como un bien inútil en un país que se jactaba de su rica geografía al tiempo que se ignoraban y desaprovechaban empecinadamente sus posibilidades.

Cuando el general Roca, ministro de Avellaneda, proclamo en las indígenas del Río Negro que el desierto quedaba incorporado a la civilización, es decir al país, la republica cobro una nueva dimensión.

Es obligación de los argentinos recordar ese momento y el nombre del general Julio A. Roca. El es uno de los constructores de la nacionalidad por haber incorporado al gran quehacer histórico de los argentinos esta región henchida de porvenir.

La línea histórica que lleva a incorporar la Patagonia de manera efectiva al país a través de la conquista del desierto se prolongo décadas después en la acción de quienes hicieron de Yacimientos Petrolíferos Fiscales un eficaz y poderoso instrumento de acción económica, sobre el cual se asientan las bases del progreso del lejano Sur.

6. Se incorpora a la historia un nuevo protagonista
Debemos detenernos en el recuerdo de aquel grupo de pioneros encabezados por Fuchs y Beghin, que en estas regiones buscaban caminos para el futuro, tratando de extraer el agua de las entrañas de la tierra. Celebramos en ellos no sólo el hecho del descubrimiento, sino fundamentalmente el espíritu con que actuaron.

Esos hombres constituyeron las vanguardias de un nuevo protagonista de nuestra historia. Porque si fueron hombres culminantes quienes estructuraron inicialmente la historia, había llegado el momento de que el pueblo asumiera el papel protagónico. En los años del descubrimiento del petróleo, el pueblo argentino se hacia presente en todos los escenarios de la vida nacional y, por la vía de la reforma electoral de Sáenz Peña, se constituyo el factor mas importante en la realización de su destino al llegar en 1916 Hipólito Yrigoyen a la primera magistratura de la Nación.

Esta obra de incorporación del lejano Sur a la vida efectiva de la Nación no fue fruto del azar. El hombre argentino realizo el milagro. Unas veces fueron estadistas. Otras, fueron constructores como Mosconi y Savio, preclaros ejemplos de militares consagrados a colocar las bases indispensables del desarrollo nacional Otras, fueron sacerdotes misioneros como Cagliero, o exploradores como Fagnano, avanzada de los cientos de sacerdotes salesianos cuya obra evangelizadora y educativa constituye el germen del movimiento espiritual y cultural de la Patagonia. Y siempre, como trasfondo de la acción genial de los conductores el esfuerzo abnegado y silencioso de los pioneros argentinos y extranjeros, unidos en el sueño de convertir lo que alguien llamo la "tierra maldita" en el vergel y el taller de una Argentina engrandecida.

7. Yacimientos Petrolíferos Fiscales, fragua nacional
José Figueroa Alcorta, Roque Sáenz Peña, Hipólito Yrigoyen, Luis A. Huergo, Enrique Mosconi y cientos de hombres esforzados y anónimos dieron impulso vital a esta gran realidad que son los Yacimientos Petrolíferos Fiscales, laboratorio y fragua donde aplicaron lo mejor de sus vidas varias generaciones de técnicos y trabajadores que honran al país.

Ellos hicieron posible la nacionalización de esta extraordinaria riqueza, pero transcurrirán décadas antes de que la batalla del petróleo que iniciaron culminara en la ley de nacionalización de los hidrocarburos y en la transformación de Y.P.F. en una empresa moderna que, resguardando celosamente la soberanía nacional sobre el subsuelo, preside, controla y orienta la acción privada para que el mineral brote de la tierra y nos permita llegar al autoabastecimiento.

La acción fecunda de Yacimientos Petrolíferos Fiscales adquiere hoy un ritmo sin paralelo en su historia. En 1959 se ha producido un treinta por ciento más de petróleo que en 1958 y en 1960 casi se duplicaran las cifras del año que termina. En pocos años habremos extraído más petróleo en Comodoro Rivadavia que en el medio siglo transcurrido desde los primeros sondeos.

El hombre argentino ha ganado definitivamente la batalla del petróleo y ganara muy pronto las batallas del acero, de la hidroelectricidad, de los caminos y del transporte. Entonces estará en condiciones de afirmar definitivamente su destino político en democracia y libertad; su destino social y cultural en justicia y progre- so y su destino americano y mundial en creación ecuménica y generosa. En suma, habrá realizado su anhelada síntesis histórica.

Nadie podrá detener ya la marcha del pueblo argentino hacia su cierto e inminente destino de nación plenamente desarrollada. Porque los pueblos cumplen su mandato ancestral por encima de la anécdota efímera de la política y de las luchas de las facciones.

8. El signo de una generación
Nuestra generación ha nacido bajo el signo del desarrollo integral de la Nación y esta porfiadamente consagrada a hacer de este ideal una realidad efectiva. Tendrá la inmensa fortuna, no frecuente en la historia, de poder ver y palpar los frutos de su propio esfuerzo, puesto que nuestra generación vivirá en la Argentina transformada que esta construyendo con sus manos, con su sacrificio, con su emocionada fe patriótica.

Nada podrá perturbar ni detener esta victoria inevitable del pueblo. Los gobernantes somos lo efímero. Nuestro fugaz momento pasara. Otras generaciones ocuparan el lugar de la nuestra. Pero la Argentina se habrá realizado en extensión y en profundidad, y esto es lo permanente.

Jóvenes de mi patria:

El destino convoca al pueblo argentino para realizar su misión. Los pueblos encuentran siempre los caminos que llevan a construir su futuro. Hoy me dirijo a vosotros desde la tierra de promisión de la Patagonia, cuyos nombres liminares son Valle del Río Negro, Sierra Grande, El Chocón, Río Turbio, Plaza Huincul, Comodoro Rivadavia, Río Grande y tantos otros. Esta es la tierra de vuestro futuro. Es el norte de la Antártida Argentina, el continente de lo ignoto, de la riqueza, apenas entrevista, donde ya flamea nuestro pabellón como señal de soberanía. Venid a la Patagonia con la visión profética de los pioneros, con el coraje del conquistador, con el ahínco del constructor. Aquí labrareis vuestro porvenir y el de vuestras familias, al tiempo que ensanchareis los horizontes del país que os espera con su mejor rostro, el rostro del futuro. Porque el quehacer del hombre es la medida de la grandeza de una Nación. La nuestra es ya grande y prospera porque en cada uno de vuestros corazones alienta la fe en el país.

De vosotros depende que los hijos de nuestros hijos puedan relatar la epopeya de veinte millones de seres humanos que trabajaron por convertir a su patria en una esperanza del mundo.









Fuente: Discurso pronunciado por radio y televisión desde Comodoro Rivadavia el 13 de diciembre de 1959.

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