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domingo, 22 de febrero de 2015

Félix Luna: "Yrigoyenistas perros" (1945)

Eso éramos. Nuestro Coran era El pensamiento escrito de Yrigoyen, de Gabriel del Mazo, y Amadeo Sabattini era nuestro profeta. Nos fascinaba la limpia trayectoria de don Hipólito, su intransigencia y su misterio.

El 3 de julio fuimos, apenas abrieron la Recoleta, a rendirle homenaje, como si fuera un padre muerto hace unos días; después nos enteramos que los forjistas de Jauretche los muchachos del Comité Nacional se habían trompeado al lado mismo del mausoleo.

Solíamos andar por la Casa Radical como perdidos, entre bolches y unionistas, que nos miraban con lastima o con bronca. Instintivamente sabíamos que en la lucha contra la dictadura caminábamos en malas compañías. Y entonces nos íbamos al «Pepe Arias» o al «Mare Nostrum» a hablar mal de los figurones y a lamentar que Pueyrredón se estuviera muriendo. A veces nos dejábamos arrastrar por las manifestaciones.

Tomábamos una manifestación que nos dejaba en Florida y Corrientes y después nos embarcábamos en otra para descender en la Facultad...

Volvíamos roncos y felices de habernos desahogado. Pero (muy en el fondo) algo nos decía que las chicas que habían ido del brazo con nosotros por un cuarto de hora, desatadas y audaces, los caballeros de rostros enrojecidos por el placer de putear a Perón, los niños bien que habíamos descubierto entre la multitud, no eran precisamente el pueblo que buscábamos. Faltaban curdas; sobraban voces que sabían cantar La Marsellesa demasiado correctamente.























Fuente: El cuarenta y cinco "Crónica de un año decisivo", Editorial Sudamericana.

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