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sábado, 28 de febrero de 2015

Enrique Mosca: "Llamado a la realidad" (14 de diciembre de 1944)

Ha aparecido el decreto designando a la comisión encargada de redactar el proyecto de estatuto orgánico de los partidos políticos. Los encargados de esta delicada tarea, universitarios distinguidos, hombres de ley, funcionarios dignísimos que durante muchos años, han administrado justicia, aplicando rectamente la letra y el espíritu de nuestra Constitución  y de  nuestras leyes, han de  dar de  seguro el instrumento que el país reclama como complemento de la ley Sáenz Peña  para que los partidos políticos se organicen honesta y democráticamente y los gobiernos respeten el veredicto de las urnas.

La ley Sáenz Peña que estableció el voto sufragio libre y secreto constituye una conquista de incuestionable valimiento para el imperio de la democracia. La ley se inspira en nobles anhelos. Lo deplorable es que malos políticos y peores gobernantes hayan corrompido sus saludables estipulaciones.

El mal no es atribuible al postulado sino a los hombres que se burlan de los derechos consagrados y que vulneran la majestad de la ciudadanía lesionando la pureza de la propia dignidad nacional. El estatuto que se proyecta y que se ha encomendado estructurar será y debe, serlo el instrumento de ordenación que castigue a quienes burlen el libre y honesto ejercicio de la libertad cívica haciendo pasible de sanciones drásticas a los civiles que adulteren la probidad ciudadana y a los funcionarios que validos del poder y la inmunidad impidan la libertad del sufragio y escamoteen las victorias electorales bien logradas sirviéndose del soborno, de la dádiva de la amenaza de la voluntad del fraude y de la maquinación dolosa y clandestina.

Puede agregarse que en los partidos militantes ha habido hechos internos de poca aleccionadora moral. Ello es exacto. Pero esos hechos esporádicos no autorizan  a establecer una injusta y ofensiva generalización. En cada orden de la actividad social existen individuos que traicionan la doctrina o mancillan las máximas del fundador, pero no por ello ha de anatemizar la comunidad de que tales especimenes forman parte.

La democracia admite y allí está su máxima grandeza descubrir las inmoralidades y estigmatizar a los que trafican con la ascendencia, con el poder o con el honor. Mas, convengamos en que la corrupción de las masas partidarias no siempre se originó en las entrañas mismas de esa masa, sino que vino aguerrida e impuesta desde las altas esferas gubernativas, por quienes incapaces de lograr por caminos rectos las consagraciones populares, apelaron a las artimañas, al engaño,  y a la trampa para violar las determinaciones comiciales y seguir detentando el manejo de la cosa publica al margen de la voluntad ciudadana y en una atmosfera de desprestigio y de repudio brotes naturales de esa nefasta planta de la ilegalidad.

Ahora bien. Si es verdad como se anuncia que el país marcha hacia la recuperación de su normalidad institucional, resulta oportuno reiterar el anhelo ya otras veces expresado de que la fuerza democrática por esta vez y como experiencia de excepción, conjunciones sus capitales, sumados en procura de una solución patriótica alrededor de una formula integrada por dos hombres expectables del país, libres de toda tacha; que hayan demostrado en el transcurso de su vida diaria el mas acendrado respeto por nuestras instituciones y por las libertades consagradas por nuestra sabia Constitución.

Los partidos políticos deberán comprender que en estos momentos hay que pensar antes que nada y por encima de todo en recuperar el ritmo legal de los poderes públicos, no por mera detención del mando, sino para salvar la salud potencial de nuestro régimen democrático y para tonificar el prestigio internacional. Y para ello deben ser unidos todos los argentinos que se hallen animados de tan sanos propósitos, deponer ambiciones personales o de círculos y elevar la mirada hacia más positivas ideales, retomando el camino del derecho, sirviendo con honradez y altruismo la sagrada causa de la irrenunciable libertad. 

Todo ello, sin olvidar los sombríos episodios pretéritos, utilizando las lecciones de la experiencia, para evitar la reiteración de los yerros funestos y asegurar para la patria horas de grandeza, de fama y de dignidad.

Los hombres y los credos son accidentales. Lo permanente, lo estable y lo eterno es el destino incesante y promisorio de la humanidad.








Fuente: “Llamado a la Realidad” articulo de Enrique Mosca, publicado en el Diario Argentina Libre, el 14 de diciembre de 1944.

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