Páginas

viernes, 7 de febrero de 2014

Gabriel del Mazo: "Mensaje a la Juventud Radical de la República" (3 de julio de 1954)

Tendencias Definitorias y Renovadoras

LA UNION CIVICA RADICAL es una condensación de grandes anhelos populares de emancipación y autenticidad nacionales y un órgano publico superior para que la justicia social, sin sacrificio de la libertad, sea discernida a todos los rangos de nuestra sociedad civil. Para que su misión se cumpla debe constituir una gran comunión ciudadana sentimental y espiritualmente unida alrededor de los sentimientos y principios fundamentales de su doctrina liberadora. Los hombres y los grupos que internamente no lleguen a sentir la emoción de sus grandes orientaciones morales ni de sus planteamientos principistas y de renovación social, o aquellos que no aguanten el rigor definitorio de su programa, perturban el desarrollo y el cumplimiento de las obligaciones publicas de esta gran fuerza espiritual que trabaja por el ascenso social en todos los ordenes, y rebajan notablemente su histórico prestigio y su plena afirmación popular.
Bien sabe el Radicalismo que no es radical el que así lo decide sino el que alcanza a serlo. Que la intransigencia radical exige, aparte las definiciones, la continua superación de las actitudes personales y una voluntad constante y muy rigurosa como conducta. Pero aun así, su modalidad mas reiterada es la de proceder siempre, en lo interno, mas que venciendo, convenciendo, educando, hasta el punto de realizar los mayores sacrificios a veces hasta el limite del respeto que corresponde a sus orientaciones fundamentales; como que sacrificio fue, por ejemplo, después de 1930, la reincorporación a la filas de la fuerzas que cometieron la trasgresión del "contubernio", origen de la dictadura de septiembre y de graves acontecimientos posteriores hasta hoy. Por eso, cuando en lo intimo de la UNION CIVICA RADICAL se disputan las orientaciones, los principios y el comportamiento con la amplitud que corresponde a su entrañable índole democrática, la lucha interna —ese aparente desorden para los que no desentrañan su significado correctivo y creador— adquiere la importancia de una gestación permanente del porvenir político de la Republica. Cuando se trata de discernir y resolver sobre los rumbos por los que marchara el Radicalismo, se esta considerando, nada menos, como será el país que anhelan poner en pie los Radicales.
Toda la historia de la UNION CIVICA RADICAL es una lucha de tendencias sucesivamente definitorias y renovadoras. La causa de la reparación moral e institucional de la Republica trajo a sus filas hombres de todas las ideas y modalidades; pero a medida que fue sustanciándose su conciencia política y, particularmente, a medida que a partir de su primer gobierno debió afrontar ciertos problemas nacionales e internacionales, se fue produciendo un fenómeno de diferenciación o segregación de tendencias o individualidades que representan distintas concepciones morales, distintas ideas y distintos intereses de todo orden.
Desde su origen mismo en 1891, la UNION CIVICA RADICAL debió luchar con fuerzas que desde dentro, se levantaron contra ella pretendiendo la desvirtuación de sus fines y el escamoteo de la voluntad popular. En 1897 debió afrontar una nueva crisis casi disolutoria para sostener su bandera, fervorosamente convencida de que ninguna concesión, circunstancial ni de partido, podía legitimarse cuando estaban en juego los intereses nacionales de orden moral e institucional del pueblo argentino. Después, durante los quince años de la Abstención Larga, mantuvo su solemne definición y recogimiento, a veces con el brazo armado, soportando las disidencias y claudicaciones de los apresurados por el poder.

Confabulación contra los grandes principios

Cuando después de haber pasado muchas nieblas por la frente de los pensadores, el gran ideal congregante que el Radicalismo había sostenido durante un cuarto de siglo, —la instauración de la Republica Representativa— parecía definitivamente realizado al abrirse el periodo del 12 de octubre de 1916, muchos hombres que habían coincidido en sus filas, comenzaron a disentir en la apreciación de ciertos problemas, que el pueblo ya en ejercicio de su soberanía debía resolver, exteriorizándose dentro de la UNION CIVICA RADICAL el citado proceso de diversificación que caracterizo la nueva época del Radicalismo. Mientras un ala socialmente conservadora dentro de sus cuadros trataba de circunscribir su acción a lo formalmente político y con mero sentido de "partido", Yrigoyen y los Radicales en el Radicalismo se adentraron en la sustancia social del problema. Cada hombre y la Nación como conjunto, no asegurarían su libertad si no alcanzaban las condiciones económicas de la libertad. La propia verdad representativa y las libertades emergentes de su logro, quedaban indefensas y estériles si no se instituían las condiciones morales y materiales que debían resguardarlas. Había que ejercer la defensa simultanea en el mundo del espíritu como en el orden económico, en la orbita personal como en la esfera nacional, de la libertad efectiva del hombre y de la Independencia soberana de la Nación. Habíanse auscultado reverentemente las solicitaciones de la justicia social y el Presidente de la Republica señalo desde entonces y para siempre el derrotero de la Reparación Nacional. Cuando llegaron los años 1922-1928, el gobierno de esa época, a pesar de las obligaciones propias de su origen ampliamente popular, desvirtúo el gran rumbo originario. Comenzó una fuerte evolución hacia las fuerzas socialmente reaccionarias y hasta llego con sus partidarios a complicarse en una alianza con ellas. Fueron días de infortunio para la UNION CIVICA RADICAL de cuyo seno aquel gobierno había surgido. El contubernio concertado fue, durante los años 1923-1924, el más rudo golpe sufrido por la Reparación Nacional desde los tiempos iniciales. La crisis de segregación de los "oligarcas de boina blanca" — según la expresión de Yrigoyen— fue popularmente vencida, como siempre lo serán los cismas análogos, pero el innoble contubernio que alimentaba la crisis —que reviviría veinte años después en la llamada "unión democrática"— resulto la matriz de la dictadura de septiembre y de la secuela de acontecimientos funestos de ella derivados. Fue una confabulación contra los grandes principios y tradición radicales y la causa de grandes desgracias, porque la Republica fue despenándose desde los progresos alcanzados, sin que el proceso de declinación pudiera ser detenido por el supremo y dramático esfuerzo de 1928- 1930.
El proceso reaccionario que se precipita en 1930 conduce a nueva crisis del Radicalismo —esta vez no por segregación sino por agregación— a través de la fusión del City en 1931, que fue abatiendo su capacidad radical y revolucionaria, hasta llegar a la realización de los actos necesarios para legitimar la sanción, en 1935 por el Congreso Nacional, de lo que los radicales llamamos "el estatuto de coloniaje". Este periodo de nefasta decadencia caracterizo a las direcciones radicales por su permanente cortejo al privilegio y el relegamiento de los grandes problemas sociales y económicos del país. En el orden legislativo, la diputación presto su asentimiento al régimen gobernante con el silencio o la omisión de la defensa de los bienes institucionales y materiales del pueblo, mientras dicho régimen organizaba progresivamente la supeditación de la riqueza, la producción y otros aspectos del desarrollo nacional, en favor de minorías internas e intereses extranjeros. Iniciativas radicales, como las centrales hidroeléctricas del Estado y los gasoductos, durmieron en las comisiones porque lesionaban al "holding" de la Chade y a los consorcios internacionales proveedores de petróleo y carbón de piedra.

Perdida del impulso popular

Así comenzó a prosperar el escepticismo popular y se inicio la dilapidación de la gran herencia radical. Así se preparo el campo para el avance de las tendencias totalitarias que mostraban al fraude y la claudicación de las representaciones populares como características inherentes e irremediables del sistema democrático. De modo que, pasados los años, el cuadro del país era la entrega al capital monopolista de su producción esencial —petróleo, carnes y cereales— así como de los transportes y finanzas y, simultáneamente, la entrega de la economía interna en un proceso de monopolización, de dominio del mercado interior por los frigoríficos y de la producción del campo por las grandes casas cerealistas, las que a su vez iniciaron el comercio de artículos de primera necesidad. Es decir, fraude y enajenación económica; o sea, como expresión política total: oligarquía e imperialismo. La desvirtuación del sentido democrático del Radicalismo, la restricción de sus objetivos al campo político-formal, frente al privilegio económico social y de espaldas al alma histórica de la época, enajenaron su característico impulso popular y cancelaron su función nacional, mientras en su propio seno funcionaba una "maquina política", se obstruía el surgimiento de la nuevas generaciones y se silenciaban vergüenzas que tanto desprestigiaban a la UNION CIVICA RADICAL.

Fallas ante la Estrategia Dictatorial

Mientras tanto, comenzada ya la década del 40, la Republica vivía un estado pre-revolución. Hubiera sido el momento de los rumbos creadores y fecundos, si las esperanzas populares hubieran encontrado eco y cauce en vez de engaño y desesperanza en la vida partidaria. Pero las directivas ahondaron la separación entre el pueblo y la UNION CIVICA RADICAL, y el régimen dictatorial utilizo esta increíble deformación cívica y dilapidación de riqueza política e histórica, para usar una fraseología revolucionaria y agitar como senuelo, sin sentirlas, las consignas tradicionales del Radicalismo: la lucha simultanea contra la oligarquía y los imperialismos. ¿Como contestaron las direcciones del Radicalismo a la estrategia del régimen dictatorial? Urdiendo la "unión democrática" de 1945, negación flagrante de la razón de ser de la UNION CIVICA RADICAL, y reduciendo cuanto había sido el gran Radicalismo —con decisivo abandono de su función protagónica— a una dirección opositora sin propio carácter, decepcionando al pueblo argentino y llevándolo a pronunciarse en la forma que lo hizo, ante la falacia de su programa silenciado por el compromiso y el descreimiento. Pero a pesar de estos grandes y reiterados infortunios, había venido manifestándose —cien veces vencida y cien rediviva— la tendencia de la autenticidad radical: la que seguía creyendo que la política del Radicalismo no podía marchar por otros senderos que los de la vieja Reparación Nacional; la de los hombres o grupos que aspiraban a proseguir la gran construcción que Yrigoyen dirigió desde el gobierno o fuera de el contra el "régimen" visible o embozado, defendiéndose permanentemente de aquellos radicales de la rama bastarda, que al "régimen" se ligaron por medio del "contubernio" para combatir al Radicalismo tradicional. Para tal emprendimiento, no era necesario sacar al Radicalismo de su sencillo planteamiento fundamental de Causa y Régimen, sino esclarecer el sentido actual de tal dialéctica a la luz de las experiencias de varias décadas y del desarrollo de las ideas radicales.
Así fue profundizándose, en toda la extensión de la Republica, una honda comprensión de los problemas nacionales, que llevaría no a reclamar simplemente las libertades propias de toda democracia sino también las condiciones morales, sociales, culturales, económicas e internacionales para su existencia. Además, debía reclamar la correspondiente renovación que depusiera a los dirigentes políticamente caducos, de orientación cuando menos insuficiente. Era ya insoportable y necesitaba corrección la vida interna radical, tironeada por conservadores que se decían radicales, y por agentes del negociado del "chadismo" que transitaban impávidamente entre sus filas y mandaban desde los cargos. Se iba apagando la vocación para una política con grandeza, de rango nacional y carácter revolucionario. El Radicalismo se reivindicaría, como siempre, la libertad como primer reclamo humano y nacional, pero por eso mismo se habría de considerar obligado a afrontar la pretensión contraria del privilegio económico, representado por la vieja y la nueva oligarquía plutocrática extranjerizante, en favor de la reparación moral, espiritual, cultural, política y económica de los argentinos y de la Nación que constituyen.

El Movimiento de Intransigencia y Renovación

Así fue fundado el movimiento de Intransigencia y Renovación, para reivindicar la UNION CIVICA RADICAL como la gran fuerza nacional del civismo argentino y retomar su larga lucha a fin de instaurar una democracia política, económica y social. Según su gran tradición, la soberanía popular seria el fundamento de las instituciones; la libertad y derechos de la persona, la exigencia de toda organización social y moral. Como consecuencia, resultaría la afirmación de la personalidad de la Republica ante el mundo con propio carácter. Produjo dos declaraciones iniciales: la de Avellaneda, en abril de 1945, y la de Rosario, en noviembre del mismo año. Declaraciones que integraron un gran programa de afirmación política, económica, social e internacional, sobre la base de la intangibilidad de las libertades, es decir, con la preocupación esencial del hombre como entidad cuyo desarrollo exige la libertad; porque la UNION CIVICA RADICAL no reconocería a ninguna política social, económica, cultural o internacional, sino es sobre esa base. Tanto las doctrinas como sus realizaciones son por ella juzgadas según la suma de libertad real que dan a cada individuo, pues la dignidad del hombre es el origen y la fuerza fervorosa del sentimiento radical. Cuando los poderes del pueblo están en manos de oligarcas o dictadores, estos llevan fatalmente a la formación de una burocracia liberticida —sea en el orden nacional o internacional— enunciando tareas que no se cumplen ni podrán cumplirse por ser ajenas y contrarias al sentido creador de la libertad. Sobre las bases del Movimiento se reconstruiría la UNION CIVICA RADICAL, no para evitar o eludir la implantación de medidas de justicia social, sino precisamente para asegurar su imperio, pues el Radicalismo es el órgano de liberación política, económica y cultural del pueblo argentino, propulsado definitivamente en tal integral carácter por el presidente Yrigoyen desde 1916. No movieron a los declarantes propósitos electoralistas sino la voluntad de contribuir a la construcción de una gran democracia social y económica, avalada por la limpia conducta de los hombres que así lo expresaron, entre los que había viejos luchadores y representantes de las nuevas generaciones. En agosto de 1947 se reunió el Primer Congreso Nacional del Movimiento de Intransigencia y Renovación, y, al condensar la doctrina radical, hizo su "Profesión de Fe" y dio las grandes "Bases" para la acción radical. El Movimiento trajo una intensa y saludable crisis interna, y la Convención Nacional de abril de 1948, surgida de la renovación, por primera vez por el voto directo de sus afiliados en todo el país sanciono unánimemente aquellos importantes documentos, con vertidos así' en textos definitivos de la UNION CIVICA RADICAL. Desde los años 1930 y 1931 y muy particularmente desde la fundación del Movimiento de Intransigencia y Renovación en 1945 y la realización de su Primer Congreso Nacional en 1947, el Radicalismo tuvo el problema irrescindible de atender dos tareas simultaneas: una, la de luchar contra la conculcación de las libertades por el régimen; la otra, la fundamental y permanente, con que aquella se nutre y toma aliento popular: la de luchar por la reconstrucción nacional de la UNION CIVICA RADICAL para la realización de la democracia integral de nuestro pueblo. La de trabajar sin descanso "para quebrar la hegemonía, en ciertos distritos, de los últimos núcleos del conservadorismo interno", como dice el manifiesto de la Intransigencia de la Capital de la Republica, de 1949. La lucha contra el "régimen" va más allá de querer su derrota, porque consiste en librar al pueblo argentino de las influencias de todos los grupos reaccionarios e imperialistas que, desde antes de la caída de Yrigoyen, trabaron la marcha del país, a cuyo dominio no escapo la organización radical.

La Unión no es un hecho formal y externo

La unión interna carece de sentido, o posee un sentido contrario a la concepción integral del Radicalismo, si implica postergarlas definiciones mas claras y precisas alcanzadas por la conciencia radical frente a los mas graves problemas que afectan la vida de la Republica. La unidad no es un bien en si, ni es un hecho puramente formal y externo, basado en la inconsistencia de un agrupamiento indiferenciado y engañoso de intereses dispares, sino la forma anhelada de un proceso vivo, realizador de una transformación de raíz. La unidad deseada no es un deposito nivelador donde puedan llegar a volcarse los intereses reaccionarios nacionales y exteriores; una postillón exclusivamente negativa, limitada a la critica de lo eventual, que no ayude al país a salir de sus grandes dificultades, sino una organización democrática y eficaz de grandes orientaciones transformadoras y reconstructivas, reserva y garantía contra nuevos desengaños y funestas desviaciones. "No es el caso de mejorar los efectos de las causas —dijo Yrigoyen— sino de extirpar las causas para que no se produzcan los efectos". Un régimen lesivo de la causa nacional obedece a motivos políticos, económicos, morales, espirituales, es decir, a un conjunto de condiciones de la vida nacional, que debemos transformar por la conciencia política y por la acción política para remover sus motivos determinantes o su reiteración posible, mediante un programa hondamente profesado que contemple todos los aspectos de la vida nacional. Bien decía Lebensohn que considerar al Radicalismo solo como un movimiento negativo de un régimen —posición ansiada por el pensamiento conservador— declinando definiciones de futuro, conduciría a la derrota; pues sin los grandes móviles de una justiciera construcción, no habría en la resistencia la voluntad de sacrificio indispensable para superar los recursos de fuerza. En el supuesto caso de llegar al poder, sin conciencia colectiva bastante sobre asuntos vitales, en vez de firmeza en el rumbo se tendría entonces el debate turbulento y anarquizante nada menos que sobre el conjunto de cuestiones que configuran la crisis de nuestro tiempo. En el caos se daría el predominio final de los intereses del privilegio que ejercen el poder económico y retienen posiciones, y otra vez sobrevendría la decepción popular. La desesperanza general y la subsecuente aventura configurarían una nueva frustración radical y argentina.

Fecunda lucha matriz

Estas consideraciones recordativas que dirijo a los jóvenes de la UNION CIVICA RADICAL, legatarios de su destino, tienen viva actualidad, pues una incurable tendencia interna, cuyas direcciones sucesivas, profesantes de una falsa unidad, han sido pacientemente soportadas en lo interno a través de años y de acontecimientos graves, acaba de producir una segregación que permitirá un renacimiento saludable de la UNION CIVICA RADICAL, al liberarse de su contumaz acción regresiva. Su línea política es la de la crisis 1923-1924, la de la dirección decadente del Radicalismo que desemboco en la "unión democrática" y hasta ayer mismo, frente a la retoma de los grandes principios radicales conculcados y la formación de las grandes Bases radicales de reconstrucción nacional, su permanente obstruccionismo del programa y su latente intención de recidivar la mencionada funesta "unión democrática".
Bien dijo Yrigoyen —cuando se le pidió explicara por que se llamaba Radical a la Unión Cívica— que la denominación de Unión Cívica expresaba su origen y el agregado Radical es el vivo anatema a las atroces desviaciones de que ha sido victima "dentro" de su propia entidad, que es donde se decide la historia nacional. Por causa de tales apostasías "se multiplicaron sus crucificaciones y se infirieron a la patria muchos y mas sensibles daños que aquellos que motivaron su convocatoria".
Esta crisis ofrece a la Juventud Radical la oportunidad de contribuir, con una fecundidad que no pudo tener durante muchos años, a la construcción política del país querido, colaborando desde cada pueblo, desde cada Provincia, desde la capital de la Republica, en las tareas y en las orientaciones que se condensan actualmente en el Comité Nacional.
El Radicalismo es lucha por la libertad, y por eso mismo, lucha por las realizaciones sociales para garantizarla. El Radicalismo no solo es así una fuerza esencialmente revolucionaria en el sentido político moral — especie de sencilla religión temporal que aspira a la reforma interior del hombre por la conducta—; sino también como consecuencia una fuerza que lleva un mandato revolucionario en el orden económico, social y cultural. Pero es, por eso mismo, y en primer término, una lucha en sus filas por su estricta radicalidad; una lucha por sustanciar y actualizar plenamente su definición; por afirmar su programa; porque su plan y métodos efectivos sean fielmente profesados por sus dirigentes. ¡Fecunda lucha matriz! Gracias a ella —que ha sido incesante desde hace sesenta y cinco años en permanente elaboración del futuro—, la UNION CIVICA RADICAL esta hoy en pie, en medio de tremendas dificultadas internas y externas y luchando noblemente por superarlas, como la esperanza de la Republica.

Buenos Aires, julio 3 de 1954.






























Fuente: Radicalismo "Un siglo al servicio de la Patria" Compilación Carlos Giacobone y Edith Gallo, 1991 año del centenario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario