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sábado, 21 de septiembre de 2013

Luis León: "Debate del Pacto de San José de Costa Rica" (1 de marzo de 1984)

Sr. Presidente: Tiene la palabra el señor senador por el Chaco.
Sr. León. — Señor presidente, señores senadores: un tema indudablemente apasionante para cualquier político de America debe ser el referido a la historia de la dignidad humana.
Como integrante de un partido político con clara posición en esta tarea y como miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de esta Cámara, quiero participar de este debate que considero es realmente trascendente.
Esta cuestión no hace sólo a la simpleza de aspirar a la libertad del hombre sino que también constituye un compromiso en el sentido de que los argentinos, de aquí en adelante, respetemos definitivamente todo lo que persigue el tratado que vamos a ratificar.
Somos un país con buenos antecedentes en este campo. Cuando todavía las Naciones Unidas no existían y tampoco se contaba con la Declaración de Bogota ni con la de Paris de 1948, nosotros ya habíamos dicho, en 1813, que debían quemarse los elementos de tortura en nuestra Nación.
Tengo la sensación de que en todos los tiempos de la historia hubo enfrentamientos entre los autoritarismos de los gobiernos y las ansias de libertad e igualdad de los pueblos.
Interpreto también que nuestra Constitución basta y sobra para vivir con ética y legitimidad jurídica y para custodiar estos derechos.
Entiendo que deberíamos seguir refiriéndonos a los derechos de la persona, de acuerdo con la modificación que introdujeron las Naciones Unidas al quitar la palabra "hombre", que aludía a la especie, y poner en su lugar "persona", al celebrarse el Año Internacional de la Mujer. Hablar de los derechos de la persona tiene un significado positivo de mayor trascendencia.
Los valores que estamos tratando de abrazar a través de esta ratificación, hacen a la esencia de la criatura humana y pienso que no es que el hombre tenga que ser libre sino que tendremos que buscar un mundo, que tal vez nosotros no veamos, donde el hombre sea la propia libertad.
Estamos tratando de aprobar esta ley en un marco dramático de la vida de la Argentina y del mundo. Parecería que el género humano se ha enloquecido: vivimos el desencuentro de las potencias, las estrategias de los misiles, la tortura, los tiranos. En este campo es fundamental que un país como el nuestro trate de sentar madurez moral en el escenario internacional.
Esta ley se relaciona también con nuestro prestigio. Uno de los aspectos en los que avanzo la humanidad es la muestra de que para tener prestigio las naciones deben ser democráticas. Pero también es cierto que en otros terrenos retrocedimos. Desde que la Organización Internacional del Trabajo existe el mundo tiene mas desocupados. Desde que en la OEA votamos el artículo 59 de la Carta, que establece que la democracia representativa es la base de nuestra solidaridad americana, la America se llenó de tiranos. Es como si la pretensión de algunos fuera realizar contramarchas respecto de la vocación de nuestros propios pueblos. Por eso esta bien que este Parlamento, que integra una Nación que quiere rehacerse, ponga en marcha esta ratificación para insertarnos en la busque- da de un nuevo prestigio.
Somos hoy —fuimos, por lo menos, hasta hace poco— una Nación asaltada por las fuerzas de afuera, y anquilosada y deformada por algunos fenicios y sinvergüenzas de adentro. Leyes de este tipo procuran conformar un nuevo espíritu nacional, una renovada actitud. Es, a mi criterio, como si pretendiéramos hacer parir una sociedad mas ética, y ello no podría ocurrir si estuvieran ausentes las estructuras que crean una conciencia solidaria en favor de los pueblos.
Yo señalaba en 1973 en este mismo Senado que la Argentina debía abrazar el espíritu de la internacionalización de los derechos del hombre porque, decía, el hombre esta por encima de las fronteras, y la política de no intervención no podía hacer que el Senado de aquel minuto quedara quieto y en silencio frente al genocidio del señor Pinochet. Hablo con verdadero fervor íntimo, y creo que esta sanción se yuxtapone con mi militancia en la Unión Cívica Radical que  defendió y custodió siempre estos valores. Los argentinos estamos absolutamente decididos a apoyar este proyecto, que implica buscar el camino de la paz. Antes de ser Nación fuimos una idea, esta idea que ahora concretamos con esta sanción, la de la libertad, de la decencia, de la docencia, de la esencia del hombre manifestada en su totalidad, es decir, del hombre que deje de ser objeto de las hegemonías, de la violencia invisible de las oligarquías criollas o de la violencia brutal que mata con un tiro en la nuca por orden de los dictadores con miedo. Es fundamental para este intento de recreación de la nueva Argentina votar esta ratificación, porque los delitos contra los derechos humanos son co- metidos por los Estados, aunque también puede realizarlos algún particular.
Había que sacar al Estado de su posición no intervencionista en America para combatir en nombre de los pobres contra la acción de los fuertes. La no intervención no debía servir de escudo a los dictadores para custodiar la deformación prepotente con que manejaron nuestros pueblos, que todavía siguen siendo convidados de piedra en nuestro proceso de desarrollo e integración.
El considerando tercero de la Declaración de los Derechos del Hombre establece que el hombre no debe ser compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión por el hecho de que no se respeten sus derechos. Por eso, por encima de nuestras fronteras debe existir solidaridad entre los pueblos de America.
Para que los señores senadores tomen conocimiento les adelanto que junto con mis colegas Falsone y Amoedo elaboraremos un informe sobre nuestra participación en la Comisión de los Derechos Humanos de Santo Domingo. Allí propiciamos —dicha propuesta fue aceptada y consta en el acta— que los gobiernos democráticos de America no reconozcan a aquellos que surjan de golpes de Estado, por la usurpación contra gobiernos constitucionales. Debemos tener en cuenta que si desaparece el sistema de la democracia desaparecen los derechos humanos.
Esto tiende a una nueva inserción internacional de nuestro país, que se encuentra en una situación distinta; ya no estamos en el banquillo de los acusados por violar los derechos humanos sino en el de los que tratan de custodiarlos.
Llegamos en la Argentina a una deformación tal que en algunos momentos parecía que quienes defendíamos los derechos humanos estábamos tocando los umbrales de la subversión. Era un país que se había degradado. Como prueba de ello, señalo que en la Casa de Gobierno se festejo la derrota de Carter y el triunfo de Reagan porque se pensaba que el primero molestaba un poco con su política acerca de los derechos humanos y que Reagan venia a custodiar las dictaduras en nombre de una nueva concepción del garrote latinoamericano.
Para lograr lo que queremos, debemos darle a nuestra sociedad un orden social justo. Los derechos humanos no podrán existir si no se encuentra vigente, al mismo tiempo, un ordenamiento jurídico-democrático. Pero aquellos tampoco podrán existir sin la presencia de un marco sociológico adecuado que lo legitime.
Este tema esta relacionado con otros pactos internacionales, con la vocación de America y con los conceptos que aquí se han vertido. El artículo 24 de este tratado dice que todos los hombres nacen iguales, Y nosotros sabemos que en America no es así porque algunos nacen postergados, con hambre, en la miseria y marginados. Tan así es que los tachos de basura de los hoteles de cinco estrellas de algunas capitales de America resultarían manjares para quienes tienen hambre.
Tenemos que asumir el tema de los derechos humanos como un compromiso para dar una res- puesta social fundamental y no una estructura jurídica fría que quizá algún día pueda ser burlada por la coyuntura del gobierno de turno.
Es un desafío que tenemos los políticos de nuestro tiempo en esta Argentina que quiere a America y, a su vez, es querida por ella. Se ha hecho el elogio de un gran país que no tiene la fuerza sino que tiene una moral. En una oportunidad, le señale al señor presidente de Costa Rica: ¡Que bueno hubiera sido que en la Argentina pudiésemos vivir alguna circunstancia histórica parecida! En Costa Rica un factor de poder de los más importantes es la Federación del Magisterio, es decir, los que enseñan el abecedario. ¡Que diferencia con esta Argentina deformada donde el mas alto poder en los últimos años ha sido el que maneja los tanques y las balas! De un lado, el abecedario; del otro, la fuerza. Por eso la Argentina perdió su prestigio, y Costa Rica lo gano vigorosamente, sin tener grandes mercados y sin alcanzar altas cifras de exportación e importación.
Es la idea moral de una humanidad que alguna vez tendremos que construir definitivamente.
Podría seguir hablando pero quiero acompañar al señor miembro informante en la síntesis de lo que debe significar para nuestro país este compromiso, que consiste en resguardarnos nosotros mismos. Yo hablaba de la legitimidad sociológica y esto significa, en la medida que acertemos en la respuesta, que nuestro pueblo debe abrazarse a la credibilidad en la democracia. Vamos a derrotar a los aventureros y a los demagogos y por eso los políticos debemos tener imaginación y austeridad para dar las respuestas mejores con respecto a estos derechos tanto en lo interno como en el escenario internacional.
Hasta diciembre había gobernantes que hablaban de soberanía con los de afuera y nos la negaban a los de adentro. Hubo delincuentes de guante blanco que pudieron mandar a torturar porque en las estructuras del Estado había ladrones que mezclaban los intereses públicos con los privados, protegidos por lo que parecía ser el paraíso de la corrupción impune.
Esa Argentina tiene que quedar atrás, y habrá de ser así por nuestra adhesión a este pacto que fundamentalmente es una idea ética, en la esencia de abrazarnos al hombre y a los pueblos. En toda America, la condición humana mas bastarda tiene también que dejar de ser el plato fuerte de algún periodismo pequeño, para que las fantasías del sexo y de la droga sacien los apetitos de la deformación. Tenemos que corregir nuestros medios de difusión cultural. La televisión no puede seguir mostrando la violencia, porque de lo contrario de nada serviría nuestra ratificación de este tratado si seguimos haciendo el panegírico del crimen y exhibimos la prostitución como un recurso humano.
El señor senador Gass ha hecho la introducción a este tema en nombre de nuestro partido; el señor senador Amoedo expuso el informe de la comisión. Por mi parte creo interpretar el pensamiento histórico del radicalismo. Es mi militancia Esto queda en cierto modo en manos de la opinión pública, para la cual vamos en busca de una nueva política internacional. Tenemos que resistir a toda clase de opresión.
La libertad no depende del espacio que ocupan las espadas de nuestros generales; debe depender de nuestro propio coraje, de nuestra conducta y de nuestro talento.
Señores senadores, esta bien que votemos por unanimidad la ratificación de este pacto. La Republica Argentina tiene, como dije al comienzo, una gran tradición: cuando parecía que todo era difícil, San Martín sabia que al cruzar los Andes podía gestar la libertad para el continente.
Sabía que la libertad es como un espejismo; cuando se tiene la impresión de que esta a nuestro alcance, desaparece. Tuvo fe y lo hizo.

¡Como no vamos a votar los argentinos la ratificación que internacionaliza la justicia en favor de los derechos humanos, si en Perú nuestro Libertador máximo dijo, lanzando el desafío emancipador para todos los pueblos que "nuestra causa es la causa del genero humano"! (Aplausos.)





























Fuente: Honorable Cámara de Senadores de la Nación Argentina.

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