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sábado, 14 de septiembre de 2013

Elpidio Gonzalez: "Proclamación de Candidatos a Diputados Nacionales" (27 de febrero de 1948)

Compatriotas:
El pueblo de la ciudad de Buenos Aires esta reunido en este gran cabildo abierto de la ciudadanía para testimoniar, una vez mas que la vieja bandera no ha humillado su paño y sigue adelante encabezando las muchedumbres argentinas, ansiosas de tomar el camino del orden y de revisar sus reivindicaciones, como consecuencia de un proceso social madurado en el estudio y alejado de las improvisaciones que perturban y diluyen los objetivos verdaderos, para rechazarlas por ruidos demagógicos, cuya instancia final, es sin duda alguna el desengaño y la desilusión.
El mundo entero es un ejemplo de lo que pueden las doctrinas disociadoras de la fe cuando esparcen espejismos, encandilando como fuego de artificios, ideas que no se sustentan en la tradición de libertad de los hombres y buscan, en cambio atarlo a la maquina estatal, para articular sobre domesticados hombres la organización que exterminara las conquistas del espíritu, para substituirlas por la vanagloria de un bienestar material y pasajero. Yo no deseo, ni quiero, ni aspiro para mi país semejante perspectiva.
Por su parte, la UCR es la fuerza reguladora de la República.
Sin ella no habrá tranquilidad, porque el radicalismo ha nutrido su ideario en las más puras fuentes de la argentinidad y es el producto del feliz encuentro del pueblo con su esperanza. Así pudo recogerse durante varias décadas en el más austero de los recogimientos, desechando prebendas y cargos, y así pudo llegar al gobierno, tras de haber cumplido una obra de decencia cívica que ya la historia a justo titulo, ha inscripto en el haber de este cíclope de la democracia que se llamara Hipólito Yrigoyen, mártir de las libertades argentinas, factor de su pueblo y apóstol de una democracia que levanta la llama intacta de sus fuegos sagrados en el altar de todos los argentinos, sin exclusiones de ninguna naturaleza.
La Republica necesita paz.
Desde 1930 vive en la inquietante incertidumbre de no encontrar el punto medio que se traduzca en equilibrio de todos los sectores del país. Se han vivido días de odios y persecución. Se asistió al vejamen diario de cosas sagradas para los ciudadanos. Fueron desconocidos los derechos en una inútil tentativa de volver atrás todo lo que el radicalismo había hecho en los distintos ordenes de la vida nacional de tal modo que hoy la doctrina del gran partido sus postulados esenciales y los hechos de sus hombres, constituyen una verdadera plataforma, cuya realización exige la Nación entera, que después del ultraje ha comprendido que la Unión Cívica Radical es un movimiento nacional que une las aspiraciones de los hombres en el ideal común de una existencia mejor, basada en los valores del espíritu, respetuoso de los demás y dedicada a mejorar sus posibilidades.
El comicio del 7 de marzo tiene capital importancia, no por el simple hecho de un triunfo electoral más. La importancia deriva de esa necesidad de paz que tiene el pueblo argentino para desenvolverse en una sociedad orgánica, capaz de concretar los sueños irrealizados todavía, de los próceres de mayo.
Entretanto la Unión Cívica Radical cree todavía en las urnas y trata de no ver los atropellos que a diario se registran, porque entiende que es necesario sufrir todos los dolores y ver cerrados todos los caminos y sentirse azotados por todas las injusticias antes de llegar al momento solemne y augusto de la revolución libertadora, de la sangre generosa y de la juventud pereciendo en el cantón o en la trinchera, soñando en la patria de mañana en las que no podrán contemplar sus ojos.
Y todo lo que ha quedado trunco en 1930 tendrá que ser realizado por el radicalismo en cuyo seno convergen todas las corrientes del pensamiento argentino para transformarse en la alta inspiración del bien común.
Mientras tanto, el 7 de marzo tiene una gran trascendencia.
Yo invoco los manes de los constructores del partido. Yo evoco en el rumor multitudinario de esta asamblea a Leandro Alem a Hipólito Yrigoyen a Marcelo T. de Alvear para que como siempre, sean las banderas jubilosas del triunfo flameando sobre el anhelo de una vida mejor.
Yo no quiero dejar esta tribuna sin rendirle homenaje a la heroica avanzada parlamentaria del radicalismo y a Amadeo Sabattini aquí presente, ejemplar gobernador de la docta Córdoba, de mi juventud combativa que trae de la gran provincia mediterránea el allento monitor para esta nueva gran batalla de la ciudadanía; y a los profesores separados de sus cátedras con agravio de la cultura nacional, y a los estudiantes de la indómita generación de 45 que revivieron las mejores tradiciones de la juventud argentina.


























Fuente: Diario El Litoral 28 de febrero de 1948

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