Páginas

viernes, 13 de septiembre de 2013

Atilio Cattáneo: "Vigencia y Actualidad de Yrigoyen" (12 de noviembre de 1954)

Este discurso fue calificado de "reaccionario” y de “conservador” por los convencionales que patrocinan el titulado “Movimiento Revolucionario” dentro del partido, para la superación del ideario Yrigoyeniano.

Mis palabras interpretan los sentimientos políticos de Yrigoyen, sin influencias de cierta literatura libresca foránea, convencido de que la superación del ideario radical, solo se hallará con la aplicación práctica, leal, sincera y honesta de los principios, ideas y enseñanzas teóricas y de conducta del insuperable maestro, creador del radicalismo argentino. El lector radical dirá, luego de la lectura, si este discurso merece el calificativo que se le ha dado. 

                                                                                          Atilio Cattáneo 


  
Señores Convencionales:
Un lamentable episodio, el fallecimiento del amigo Doctor Moisés Lébenshon, me ha traído, por voluntad de ustedes a ocupar este alto sitial para completar el período iniciado por él.
Al rendir personalmente mi homenaje al talentoso amigo desaparecido, agradezco a ustedes la designación, comprometiéndome a cumplir leal y honestamente mis funciones, con la firme decisión de ser recto, ecuánime y justo en el ejercicio de este elevado cargo de tanta responsabilidad. 
Muy pocas veces ha tenido el Partido, un momento tan difícil por las circunstancias que lo rodean, lo que nos impone a todos meditar hondamente en las decisiones, dejando de lado las influencias personales si queremos que la U.C.R cumpla con sus sagrados destinos y el país se encauce por la senda de la honestidad, de la libertad y del progreso. 

Al volver al país, luego de casi cinco años de ausencia por los motivos políticos que todos conocen. Observo que algunos hombres nuevos del Radicalismo, pretenden formar algo similar a la histórica liga de Smalkalde, con el fin de auspiciar una reforma a los principios ideológicos porque suponen que éstos y no la abulia de los hombres, es lo que produce la inoperancia partidaria en su lucha con el régimen. 

La ideología Radical nace con nuestra nacionalidad y sus aspiraciones se fundan en los sanos anhelos populares. Por ello es el pueblo mismo. 

Un momento cualquiera de la vida partidaria, tomado aisladamente, contiene varios niveles que forman una época de variada importancia. Ninguna situación  aislada resulta determinante y la actividad constante de sus hombres constituye la  continuidad histórica. 


Toda época tiene una generación que se forma con personas que no son coetáneas pero si coexistentes en unidad cronológica de tiempo. La relación de sus actos y de los pasos históricos entre generaciones, establecen el grado de importancia en la vida de un movimiento de opinión. Por ello, la generación actual  no puede prescindir de las generaciones anteriores si, en efecto, tiene fe en esta ideología y quiere cumplir honestamente con la finalidad esencial del Radicalismo que es: la acción reparadora. 

De ahí que eliminar lo viejo para sustituirlo por lo nuevo es desconocer no solo su historia, sino la obra misma de los hombres que han venido desarrollando con su sacrificio y su actividad, en procura de la evolución y del progreso del pueblo argentino. Es además, colocar una barrera a la continuidad histórica. Es también demostrar desprecio de lo existente encubierto por una jactanciosa pretensión de suficiencia. 

Es que es más fácil escribir un volumen de filosofía que poner en práctica uno solo de sus principios. 
La reforma, aún con el sincero pretexto de superación a los ideales y a la finalidad de la U.C.R, solo podrá producirse cuando la experiencia de su aplicación así lo indique, como cuando aparezca en el escenario partidario- que aún no ha aparecido- una personalidad con cualidades superiores a la de sus creadores. 

Es que se olvida un detalle importante: La U.C.R.  no ha podido aún aplicar sus principios en la vida argentina, porque lo impidieron, en 1930 las fuerzas revividas del régimen oligárquico, en contubernio con lo foráneo y la traición.. 

Puede argüirse que la evolución social del mundo aconseja la modernización de las ideas. Es indudable que no puede vivirse hacia el pasado, pero tampoco puede vivirse hacia el futuro, viviendo desde el futuro y poniendo en él, el centro de gravedad de ideas. Por esto no se puede despreciar lo anterior, ya que en este mundo nada es nuevo y todo es repetición evolutiva. 

Hay que modernizar, es indudable. La vida moderna, con sus inventos y las transformaciones sociales y económicas; con los cambios fundamentales de la manera de producir y comercial, han creado en el hombre el espíritu de empresa y la voluntad de poderío, que es lo que le da la aspiración  de acumular medios y fuerzas, al extremo de sentir fuerte impulso de dominación y de afirmación de sus intenciones, de sus ideas y hasta de su imperio sobre los demás. Es el mal endémico del siglo. Es lo que explica la existencia de los gobiernos que se escudan solo en la fuerza, la que mimetizan llamándose revolucionarios, olvidando las eficaces cualidades de la evolución como medio para perfeccionar las actividades humanas. 

Los radicales no podemos olvidar que nuestro Partido desprecia la fuerza como elemento reformador y que pone su fe en el hombre y en la libertad como raíz y savia de todo progresismo. 

La vida humana es invención e ingenio para vivir. Esto produce lo que se llama nueva razón, que lleva al hombre a centrarse en sí mismo para estudiar su propia naturaleza con el fin de alcanzar autonomía y mayor libertad que, con la ayuda de conocimientos filosóficos, le permiten perfeccionar el desarrollo de su propio esfuerzo, con lo que, su voluntad de poderío lo hace hasta despreciativo del pasado, creyendo que inicia definitivamente la historia, porque posee el método de saber y del poder y no necesita confiar su acción, sólo al azar de la fortuna. 

Así es como aparecen los reformadores que piensan en la superación y olvidan que lo fundamental es conocer y profundizar la experiencia de los que se pretende superar, para evitar confusión en las ideas, que es lo que produce la crisis que trastrueca los valores morales y personales en los partidos políticos como en la sociedad misma. 

No es novedoso en la vida de nuestro Partido, la aparición de estos inquietos, en cuyas mentes bullen reformas producidas por la influencia de cierta literatura en boga, que considera a los existentes como retrógrado o reaccionario e impropio del porvenir de un partido popular como el nuestro. 
Lenín – discípulo de Maquiavelo -  decía que en lo político ser fiel al pasado supone muchas veces ser traidor al porvenir. Para que esta frase sea realmente acertada hay que agregarle: siempre que el cambio de ideas mantenga relación con la conducta, porque en lo político suele ser común jugar nada más que con ideas, dejando de lado la conducta, por lo que el juego resulta fullero. 

Los reformistas, generalmente no denuncian las fuentes de esas nuevas ideas y ocurre que, por daltonismo, no ven lo malo ni en el despotismo cuando se tiñe de rojo, pero lo perciben si es negro, azul o pardo, olvidando que, para nosotros, el blanco es el color político de preferencia que debemos colocar por encima de los colores políticos existentes. 

Lo radical es lo liberal donde el hombre es lo tolerante, comprensivo y propenso a explicar el bien y a disculpar el mal, por imperativo humano y por convicción de que el progreso solo se obtiene con libertad y, por este sentido humanista de la civilización, consiente ser hasta simpatizante de la más antiliberal y antihumanista de cuantos idearios políticos existen: el comunista. 

El comunismo puso en práctica hace algún tiempo una frasecita que aún conserva su fetichismo para ciertos espíritus y explota la vanidad humana de los inexpertos y los presuntuosos. La intelectualidad se demuestra – dice – con ideas revolucionarias y antireaccionarias. 

Con el solo enunciado de que hacen “la revolución” se suponen intelectuales  y hasta adoptan posturas de importancia. 

A estos inquietos les brindaré una idea. Ya que desean transformar al Radicalismo en más democrático y más popular que auspicien una modificación en la Carta Orgánica para que, aún siendo de forma es de efecto positivo, para que todas las autoridades del Partido, comenzando por esta presidencia hasta el último cargo, sean elegidas por el voto directo y popular de todos los afiliados del país. 

El radicalismo tiene como finalidad esencial la reparación, que es de alcances superiores a la revolución misma. 

Revolución es alboroto, es destrucción, es cambio total de lo existente por algo que teóricamente se supone superior, aunque luego, en la práctica, resulte ineficaz e irrealizable, como sucedió con el comunismo teórico. 

Reparación, concepto de Yrigoyen, es el hecho de corregir, enmendar y satisfacer lo que resulta necesario. Es rectificar lo malo existente transformándolo en bueno, útil y provechoso. Es el concepto radical. 

Esta diferencia es la que olvidan o desconocen los supuestos revolucionarios a quienes les basta este título para creer que se colocan a la vanguardia, en la senda de la sabiduría y del progreso. 
A esos que aspiran reformar la ideología de la U.C.R, hay que decirles que ante todo deben radicalizar las ideas y las prácticas, única manera de reencontrar a esta gran fuerza moral que es el Radicalismo, que abatió al régimen oligárquico en 25 años de lucha y que podrá vencerlo nuevamente si se procede como enseña su historia. 

 El Radicalismo nació a la vida política argentina para luchar contra el Régimen que entonces imperaba.

El Dr. Alem fue el poeta que cantó la defensa de la libertad y del derecho electoral como elevación moral y espiritual del pueblo. 


El Dr. Yrigoyen fue el apóstol de la defensa del sufragio popular como expresión de soberanía y de la concordancia de la moral privada con la pública en los que abrazan este credo que es una religión política. 

Ellos, los creadores, dieron esta definición de la U.C.R: “ No es propiamente un partido en el concepto militante; es una conjunción de fuerzas emergentes de la opinión nacidas y solidarias al calor de reivindicaciones públicas.” 

Es una corriente formativa del espíritu del pueblo, dispuesta a relacionar la moral con la política, con una responsabilidad histórica la de colocar a la Nación sobre las bases espirituales de efectiva emancipación” 

Es discutible que solo puede ser poderoso con unidad de ideales y de conducta y con unión y acción y esfuerzos.

Para que los hombres puedan hacer algo importante necesitan tener la convicción de que pertenecen a un conjunto unido y no a una muchedumbre en derrota. Sin esto, nunca seremos fuertes ni venceremos jamás. 

De ahí que, frente a esta situación interna que sufrimos, tenemos que hablar claro Señores Convencionales, contestándonos lealmente estas preguntas: Donde estamos?, Como estamos? y Para que estamos?, en esta organización política.  

Donde estamos?, En una parcialidad importante del pueblo argentino que es la U.C.R, como integrante de un todo, donde nos debemos mutuo respeto y lealtad.   Por eso, hay mas cariño en la rudeza de quienes nos advierten para no equivocarnos que en los que nos azuzan a seguir a riesgo de caer en la desconsideración y en el mal. 


¿Como estamos?, Con el idealismo subjetivo y objetivo de la U.C.R, es decir, a la vez personal y social, por lo que, la verdad política es igual a la verdad moral y personal. 

“Será necesario no transigir con nada de lo que fue justamente condenado, ni abdicar de nada de lo que fue legítimamente sancionado” dice el Maestro. 

¿Para que estamos?, 
“Para establecer las causas con plena lealtad ciudadana y con toda decisión y eficacia buscar la reparación de tan deplorable, alarmante y vergonzoso estado, porque las tentativas para orillar las dificultades servirán nada mas que para aumentar los odios del elemento opuesto” Palabras estas también de Yrigoyen. 

El desvío o descuido de estos principios debilitan nuestras fuerzas y producen confusión. Tenemos que ser leales a ellos para poder ser eficaces, el día X , cuando la mentira sea totalmente abatida y aplastada y la libertad y la verdad iluminen las conciencias humanas de nuestro pueblo. 

Esto no quiere decir que debemos ocuparnos en la conquista inmediata del poder público, sinó en la atracción de almas libres y conscientes y en la formación espiritual de hombres y mujeres. 

Nadie puede desconocer que para la U.C.R,  el poder público es un medio y no un fin. Algunos lo olvidaron, como olvidaron la condenación de acuerdo al pacto tratando con parcialidades políticas que poseen finalidades que chocan a los propósitos de la nuestra. Despreciaron así, la continuidad histórica de una conducta al unísono con la idealidad de sentimientos que es lo que forma la enorme fuerza moral de nuestra religión política. Este olvido causó muchos males al Partido y aún sufrimos algunos efectos de ese error. 

La participación de la mujer en la militancia electiva tomó un tanto de sorpresa al Partido, no obstante haberla auspiciado desde hacía tiempo. 

La excesiva propaganda y la coacción política del justicialismo sacaron provecho del desconocimiento de las formalidades políticas de la mujer, lo que no sucederá en el futuro si se desarrolla una acción perseverante para colocarla en un justo grado de preparación. 

Mucho trabajo tienen nuestras mujeres. Es seguro que responderán a esta necesidad imperativa del Radicalismo y del momento que vive el país. 

Unas pocas palabras en homenaje a la juventud actual que, en gran mayoría, nació y vivió en una atmósfera de asfixia por el fraude y la violencia electorales. 

Debemos prevenirla del materialismo, que es la causa de la crisis moral predominante, que se fomenta desde las esferas oficiales. Debemos procurar mantener encendida la rebeldía para que puedan considerarse legítimos herederos de las juventudes de 1810 y 1890 y no conformarse con ser aprovechados usufructuarios de los construído por otros. 

El materialismo, ha dicho un distinguido prelado argentino, le reitera la tentación del paraíso terrenal. Su aspecto es apetitoso; saboreándolo seréis dichosos; seréis como dioses”  

“Esa tentación halaga a todo ser humano, cualquiera sea la clase social a que pertenezca, y cuando se cae en ella el materialismo con sus emanaciones, extingue las admoniciones del espíritu. Esta es la razón por la cual, cuando el materialismo impera, hay que perder toda esperanza de reacciones y aún de resistencia”. 


¡Cuanta verdad encierra este concepto! 

Bienvenida la juventud para reavivar las fuerzas, la savia y los entusiasmos del Radicalismo. 
Hay que velar por ella para que el peronismo con corrompa su espíritu. Debemos contrarrestar los efectos culturales antisanmartinianos de estos falsos admiradores de San martín, que aspiran pervertir, con una mala educación, las conciencias y la moral de la niñez. 

Todos debemos mantenernos jóvenes puesto que juventud no es solo la poca edad, sinó el especial estado de ánimo. 

Es temperamento de voluntad que antepone el valor a la timidez en el carácter. 

Es el repudio al ocio. Cuando se abandonan los afanes de la lucha ya se es viejo. Uno es tan joven por su fe, por su rebeldía, por su esperanza y por su optimismo, como es viejo por su temor, por su apatía y por su escepticismo. 

Las intervenciones forman el problema candente de estos momentos, por lo que diré algunas palabras. 

Se discute el derecho doctrinario y la competencia del organismo superior para intervenir un distrito. Por tratarse de un procedimiento delicado y grave, resulta necesario establecer y aclarar debidamente las facultades, los motivos y la manera de cómo debe realizarse. 

El Dr. Yrigoyen ha dicho que la única razón que justifica una intervención es la defensa del sufragio popular que debe ser libre, honesto y honorable, sin influencias malsanas, por ser, “el ejercicio cívico una religión política; con los sentimientos y las virtudes de toda religión”  

Por eso agrega: “Ninguna observación puede hacerse respecto a las finalidades de la intervención, pues se refiere a que el pueblo vote libremente para corregir la anormalidad institucional.”  

Y repite muchas veces que la transformación moral y política del país debe comenzar en la vida interna de los partidos políticos y que la U.C.R, tiene la obligación  ineludible “ de rodear el sufragio popular de las más amplias garantías para que el veredicto de las urnas pueda merecer el respeto de las tendencias de lucha y el acatamiento de todos los habitantes de la Nación.”  

Es de todos sabido, que la U.C.R. es única e indivisible; que tiene unidad de ideales, de pensamientos y de acción y que procura la unión partidaria, o sea, la conjunción de voluntades y esfuerzos para la realización de aquellos. 

Cuando una intervención se funda en la defensa del sufragio para que sea libre y honesto, no destruye el aspecto federativo, sinó que lo consolida, porque reafirma la moral. 

El federalismo se perturba, sin duda alguna, cuando la intervención persigue un efecto anormal, un propósito de ventajas o de predominio de personas o grupos.     

Esto si es condenable, porque vulnera los propios principio morales de nuestro Partido. 

No puedo continuar sin referirme a la situación del país, al adversario político y a los objetivos a alcanzar con nuestra lucha.

No tengo interés en hacer censuras al Gobierno porqué no lo combatiremos censurándolo. Estoy obligado a mencionarlo y analizarlo para poder plantear la situación de cómo es ese adversario y establecer como tenemos que luchar, no para despojarlo del poder público, sinó para devolverle al pueblo lo que le ha quitado y de lo que ilegítimamente se le priva. 

Un estudio reciente sobre la política económica del régimen peronista que ha hecho el Comité Nacional, que me permito recomendar en su lectura a los Señores Convencionales, pone en evidencia la similitud de este régimen con el oligárquico de las épocas obscuras de la historia política argentina. 

Son tan explicativos los argumentos y los datos estadísticos expuestos en este interesante estudio que me relevan de la necesidad de referirme a la comparación, pues quedará en la mente de todos la verdad, el patriotismo y la seriedad con que ha sido realizado, como la verdad que encierran las palabras de dicho trabajo. 

Todos los gobiernos dotados de sentimientos totalitarios, en los que impera la corrupción y los abusos, son engreídos con la insolencia de la perpetuidad. 

“No abandonaremos mas el gobierno”, decían los juaristas en 1890. “ Tenemos Perón para mil años”, dicen los justicialistas, repitiendo la misma frase que ululaban los fascistas de Mussolini. Pero, todos estos gobernantes necesitan leyes coercitivas, espionaje, delación, exceso de poder, etc, para gobernar y además halagar al pueblo con promesas materialistas.  

Por eso Alem, al condenar el Régimen, dijo: ”La U.C.R. “en vez de llenar tripas, procura conquistar almas”. 

Estos gobiernos totalitarios abusan, también, de ciertos  vocablos como democracia y pueblo, sin contar que la democracia solo existe con hombres libres, lo mismo que el pueblo. 
Por ello, lo primero que cercenan y condicionan es la libertad que el justicialismo la ha definido así:” La libertad no debe atentar contra la libertad”. 

Un ejemplo reciente de la libertad justicialista la tenemos evidenciada con un  episodio que todos conocen. Un periodista mexicano llegó al país para entregar una medalla a nuestro valiente correligionario Sr. David Michel Torino. No pudo trasponer siquiera los límites del aeródromo, debiendo reembarcarse para el Uruguay. Ahora el pueblo mexicano conocerá mejor como es la libertad justicialista y apreciará también mejor cual es nuestra lucha. 

Un gobierno que dice tener el apoyo del pueblo le entrega a este todas sus libertades. Así fueron los gobiernos radicales y así serán cuando en su día lleguen a serlo nuevamente. 

¿Pero que es el pueblo para el justicialismo? 
El líder se ha encargado de definirlo así: ”El pueblo lo constituye el 90 por ciento de la población, porqué el 10 por ciento restante es una clase formada de políticos profesionales y oligarcas que no representan nada en el país”. 

Para el radicalismo, el pueblo no es solo el contenido humano sinó la comunidad de esencia entre lo moral, lo estético y la ciencia, porque la sola nación cuantitativa calla el profundo y misterioso significado del vocablo. 

Esta es nuestra diferencia. El justicialismo quiere clases, aunque pequeñas pero clases para poder fomentar la lucha con la que hinoptizar el sentimiento popular. No quiere pueblo sinó masa, que es lo homogéneo y lo indiferenciado en gran escala. 

Esta es una de las esenciales razones del justicialismo que ha hecho crear sus sindicatos para formar una organización masiva y homogénea, a la que para darle una mayor homogeneidad procura inculcarle solidaridad, que, para el justicialismo, tiene un significado especial: obediencia ciega, paralización del pensamiento y admiración al líder. 

Todo sindicato normal goza de derechos naturales como: el de reunión, de asociación, libertad de expresión verbal y escrita para luchar a favor de la dignificación del trabajo, del hogar, de la familia; para defender los derechos humanos, para su acceso a la subdivisión de la propiedad etc. Pero cuando un sindicato goza de esos naturales derechos deja de ser homogéneo y por ello es justicialista. 

El líder procura mantenerlos con la amenaza de una conocida frasecita: ”conquistas obreras”. 

La falta de libertad de expresión no nos permite decir, contestando a esa frase que, desaparecerá el justicialismo no hay duda alguna, pero no las conquistas obreras. Y si los trabajadores analizaran conscientemente cual es la preocupación mundial no digamos ya nuestra, por el trabajo y la vida del obrero, comprenderían que no volverá nunca más la época del negrerismo ni de la explotación en la sociedad humana. 

Homogeneizar para dominar no es cosa novedosa en el mundo. En el imperio romano, Clodio organizó los “collegia” de trabajadores; en los siglos V y VI en Italia; en el medioevo germánico, etc, se procedió de la misma manera. Mussolini fue quien le dio un sentido político moderno al hacerlos corporativos; y el justicialismo quiere copiar esto mismo.  

La práctica de la propaganda organizada en lo político, es de origen hitlerista, la que fue definida con estas palabras:” La propaganda consiste en conquistar hombres para la organización y la organización en conquistar hombres para proseguir la propaganda”. 


La consecuencia política de esta homogeneización de los trabajadores es la creación de un Estado que se coloca sobre todo y sobre todos, siendo el poder, la herramienta que se destina al logro del bien común, cuya potestad tiene que ser ejercida sin otra participación que la de quien lo ejerce, por lo que a todos solo les resta: obedecer. 

El régimen justicialista, como el oligárquico, se caracterizan por el despilfarro de los dineros públicos en planes de obras, ahora llamado también entre nosotros plan quinquenal, como en Rusia; por el abuso del crédito interno; por el sostenimiento de industrias artificiales; por la inflación etc.
“La tierra para el que la trabaja” es otra frase justicialista, dicha no con el espíritu que la decían los romanos, sinó como crítica de la posesión de los terratenientes oligárquicos. 


El presidente Yrigoyen, en 1916, sin frases y sin discursos, recuperó para el país unos 8 millones de hectáreas que se habían regalado a los allegados al gobierno. Ahora, los enriquecidos también allegados al gobierno y al amparo de la función pública, no se regalan tierras sinó que las compran con dinero ilícito.    

Pero no compran tierras fiscales incultas sinó estancias, cabañas, haras, etc. ¡Indudablemente han aprendido la lección! 

Las semejanzas entres los regímenes justicialista y oligárquico se notan hasta...”en las figuraciones y desfiguraciones que buscan encubrir sus delincuencias y hacer prevalecer sus móviles utilitarios”, como decía Yrigoyen, es exacto, porque primero fue nacionalista, después laborista, mas tarde se mezcló con tránsfugas de otros partidos para formar el partido único; luego fue peronista y ahora es justicialista. 

Este régimen tiene, no obstante, algunas diferencias con  el oligárquico. Aplica procedimientos más modernos para la catequización de elementos adictos, que antes se rechazaban por escrúpulos morales. Ahora se consigue la complicidad del silencio con un medio eficaz; un permiso de exportación o importación; un automóvil a precio de lista; una comisión oficial al extranjero, etc, llegándose a la perfección de los medios corruptos, con las acciones impersonales de las sociedades anónimas. 

En otros aspectos también tiene cierta variedad con el régimen oligárquico. Por ejemplo: tiene mas miedo, mas desconfianza. Por eso mantiene en la cárcel y en el exilio a personas que podrían estar al amparo de la ley de amnistía, pero que, como todas las leyes, se aplican a quienes se les ocurre y no a quienes les corresponden. También se vive bajo el tutelaje de un curioso estado de guerra interno, sin beligerantes. Esto le permite amenazar invocando castigos inexorables y tremendos contra los que intentan sublevarse. Pero es una constante provocación al pueblo tranquilo que puede hartarse y recoger el guante al conocido grito histórico:”...el mas grande honor de un hombre mancillado, es morir de cara al tirano”; encendiéndose una lucha civil que el gobierno teme y el pueblo no quiere. 

Mas en el pecado llevan la penitencia porque los justicialistas olvidan que el hecho de enriquecerse ilegítimamente estando el país en estado de guerra, como cualquier otro delito, es de mayor gravedad para cuando llegue el día de rendir cuentas. 

Otras diferencia muy marcada es que en el régimen oligárquico los gobernantes eran parcos en palabras, mientras que en este, uno solo ha hablado mas que todos aquellos juntos. 

El despilfarro es tan enorme que obliga a este régimen pensar en la venta del petróleo para tener dinero. Es posible que lo haga a las mismas empresas petroleras que en 1930 pagaron la traición de los que se sublevaron contra el gobierno constitucional. Y se ha pretendido tildar de “vendepatrias” a políticos como Yrigoyen que mantuvo esta resolución: “Que mientras durase su período, el Poder Ejecutivo no enajenará un adarme de las riquezas públicas, ni cederá un ápice de dominio absoluto del Estado sobre ellas”.  

Y con respecto a la explotación de esas riquezas dijo:” La riqueza de la tierra, como la del subsuelo mineral de la república, no puede ni debe ser objeto de otras explotaciones que las de la Nación misma”. 

Llego señores Convencionales, a la parte final de esta un tanto extensa exposición preguntando, ¿A iguales regímenes no corresponderá acaso, iguales planes de lucha y de acción? 
Antes debo decir que ningún plan es eficaz, si no existe en los correligionarios fe, entusiasmo y disciplina. 

Estas reyertas intestinas, aún  justificadas, producen debilidad, decepción y hasta anarquía. Por ello, tenemos que esforzarnos todos para conseguir la unidad de ideales y la unión de esfuerzos y propósitos. 

El régimen disciplinario, por lo tanto, resulta impostergable. Es una necesidad sentida desde hace tiempo; pero ahora mucho más.  

Muchos dirigentes en épocas diversas lo han reclamado, las autoridades han hecho mas de una vez exhortaciones. Pero las exhortaciones, aún con derecho de hacerlas, son ineficaces si no se cuenta con el medio u organismo que exija e imponga su cumplimiento. En el orden nacional es una falta que debe llenarse cuanto antes. 


Entro en la parte difícil y posiblemente la más importante, dado que honestamente creo             que así como Yrigoyen batió al régimen oligárquico en 25 años de lucha, nosotros también podremos batir al régimen justicialista si aplicamos un plan de acción debidamente razonado. La U.C.R, no tiene nada que inventar para esta lucha. Nos bastará aplicar los principios y los planes de acción que nos enseña la historia. 

“La lucha la haremos a cara descubierta y con franqueza y no valiéndonos de supercherías”; dijo Yrigoyen, y así tiene que ser. 

Previo a cualquier plan de acción, tenemos que formar una corriente de opinión en base a lo más eficaz  contra el materialismo, como lo dice el Evangelio, cuando se lucha contra este flagelo humano. “La verdad os hará libres”. De ahí que nuestra primera acción es difundir la verdad. 

Tenemos que crear una organización que debe ser hasta clandestina si hallamos muchos impedimentos para difundir la verdad y nada mas que la verdad. Sin esto, sin organización ni coordinación, no venceremos jamás y seremos siempre un elemento de poco peso y de ninguna intranquilidad para el régimen. 

No hay que agraviar ni insultar. Solo hay que decir verdades. Habrá que ser explícito y claro, para llegar a todas las mentes humanas. 

Daré un ejemplo. El justicialismo dijo que era un acto de buena política liquidar los cuantiosos bienes del monopolio Bemberg que pretendió ocultar capitales para no pagar impuestos al fisco, robando así dinero al pueblo. 

No defiendo los monopolios y el radicalismo los repudia. La verdad en este episodio aparece con una contradicción justicialista. Los legisladores incondicionales dictaron una ley que otorga la ocultación de bienes de una cuantiosa fortuna que como herencia fue dejada por un prominente personaje del régimen, eximiéndola del pago de los impuestos al fisco. En este caso, el robo del dinero del pueblo lo comete la obsecuencia y no los interesados en robar. 

Para los radicales definió Alem lo que es buena política con estas palabras: 

“Buena política quiere decir respeto a los derechos; buena política quiere decir aplicación recta y correcta de las rentas públicas; buena política quiere decir protección a las industrias útiles y no especulación aventurera para que ganen los parásitos del poder y buena política quiere decir exclusión de favoritos y de emisiones clandestinas”. 


Como este ejemplo podría citar muchísimos más. 

Ahora bien. Toda lucha nace de una situación política y sirve a un fin político. El fin político determina el o los objetivos a cumplir que, en nuestro caso, consiste en establecer objetivos a cumplir que, en nuestro caso, consiste en establecer la verdad y en reconquistar la libertad para la ciudadanía.

La lucha nos exige el despliegue de todas nuestras fuerzas dotadas de una decisión inconmovible, de fe y de optimismo en el triunfo; de mucho espíritu de sacrificio; de infatigable voluntad de trabajar y de cooperar, si en realidad deseamos alcanzar el triunfo. 

Toda decisión debe tener como base estos dos principios: la situación militarmente analizada y la misión que se desea cumplir. 

Una vez adoptada una decisión hay que cumplirla totalmente. 

Las decisiones surgen de los planes de acción, que son los que condensan estos dos conceptos: la situación política y el fin político que se persigue. 

Los planes de acción que ha empleado el radicalismo en su larga lucha exitosa con el Régimen oligárquico podemos dividirlos así: 

a)     La abstención pasiva. 

b)     La abstención activa. 

c)      La acción subversiva, llamada impropiamente revolucionaria. 

d)     La lucha electoral. 

La abstención pasiva, según la define Yrigoyen es: “La suprema protesta moral que forma el espíritu ciudadano con el desinterés” 

Es el alejamiento absoluto de la militancia electoral y de situaciones y cargos públicos. Es una situación de cierta pasividad. 

La abstención activa, es lo anterior pero con la actividad condenatoria de los males que padece el pueblo. 

Un ejemplo de esta abstención podría ser: coordinar voluntades para no concurrir a lugares de diversión; no adquirir ciertas mercaderías por un tiempo determinado; no ocupar vehículos como pasó en Madrid hace poco tiempo, etc. Es algo así como una especie de derecho de huelga.

La acción subversiva, esto es insurreccional, es el acto de cultivar la propia estima sintiéndose libre de toda coacción; es el aumento de la propia individualidad para no aborregarse, para no materializarse, para no homogeneizarse con el de al lado. Es dignificarse con el sacrificio. Es el desarrollo del culto del coraje, cualidad natural de nuestro pueblo, no para fomentar la barbarie sinó para decoro del hombre libre y democrático. 

Esta acción solo puede hacerse cuando todo el pueblo lo quiere y lo dispone. No hay ninguna parcialidad o partido político que posea este privilegio. Es que es tan marcado el desequilibrio, es tan aplastante la superioridad de medios que tiene el gobierno, que la realización de este acto es casi imposible y la intención de realizarlo es simplemente suicida. Por esto considero que no puede pensarse, responsablemente, en ella por ser utópica. Solo pueden hacerla los que tengan iguales medios o fuerzas, vale decir, los que forman parte del gobierno mismo. 

La lucha electoral, es el plan actual que ha adoptado el partido. 

Este plan requiere como instrumento esencial de lucha, un padrón depurado y bien redactado, que es precisamente lo que no se ha hecho. 

No obstante, la aplicación de este plan ha servido para destruir la falacia gubernativa propalada difusamente en el exterior de que en la Argentina no había oposición sinó unos cuantos opositores ambiciosos y descontentos. 

La heroicidad cívica del pueblo argentino demostró, con los hechos, no obstante los enormes inconvenientes que interpuso el oficialismo, que un 48 por ciento del país repudia al régimen y es seguro que con libertad lo habríamos vencido. 
Pero señores Convencionales, la falta de garantías; los fraudes científicos en los padrones electorales que se harán más marcados en el futuro obligan a meditar tranquilamente si debemos mantener todavía este plan o si hay que variarlo. 
Sinó ha llegado ya el momento de recordar los conceptos de Yrigoyen:

"Nuestra misión no es la ocupación de los gobiernos, sinó la reparación cardinal y sistemática de ellos como el único medio para establecer la moralidad política, las instituciones de la República y el bienestar  general”. 
“Las aspiraciones que no tienen otro fin que la ocupación de los gobiernos - prosigue – son siempre facciosas y fatales para el bien público y al fin mueren execradas, mientras que las identidades sinceras viven en sus obras ilustres”. 

Dejemos de mirarnos con recelo. Unamos con sincera y  franca amistad, nuestras voluntades y nuestros esfuerzos, como soldados de una misma idealidad. Dejemos los intentos desfigurados de sacar alguna ventaja en luchas estériles. Eliminemos al perverso y al inmoral, como al que pretenda desvirtuar nuestros  ideales y desconocer la historia del partido.

Recordemos que la U.C.R. es el pueblo mismo con sus virtudes y defectos. Que perdona al que yerra con la recóndita esperanza de que, al comprender su error, se colocará en la buena senda. Por todo esto, seamos radicales, seamos correligionarios leales con nuestra idealidad y sinceros entre sí.  No debemos olvidar que actuamos en organismos colegiados y que el voto de la mayoría, aún en el error, es la razón que debe ser cumplida honesta y lealmente. Esto no supone hacer abandono de ideas que consideramos mejores sinó que por el mismo camino y el mismo medio y no por acción personal es como debemos imponerla. 

Señores Convencionales:

Pido nuevamente excusas por la extensión de estas palabras. Me creo obligado a ello porque el tenebroso momento que vive el pueblo tiene como única esperanza de luz que aclare el panorama, a los ideales puros de este partido que orientamos y conducimos, lo que nos obliga por patriotismo y por sentimiento de radicales, meditar serenamente en las medidas que se van a tomar, teniendo siempre por delate y en nuestro pensamiento al país, al pueblo argentino y al partido, dejando de lado los hombres y las pasiones. 

La única pasión que debe embargar nuestro espíritu es la de poder ser fuertes para luchar con eficacia contra lo que se opone a nuestra liberación; la única pasión que debe dominar nuestro sentimientos es la unión de los radicales como hermanos de una extraordinaria familia que se ve en riesgo de disolución por los ataque de aquellos que nada les importa la moral, ni la honestidad, ni la integridad social del pueblo argentino; nuestra única pasión, que debe    dominar nuestras actitudes personales y colectivas es pensar constantemente que nos amenaza un gran peligro que solo podremos conjurar si estamos unidos, fuertemente unidos, para realizar la defensa e impedir que continúe este ambiente de asfixia, de asco y de odio que se ha formado en nuestra patria; nuestra única pasión que debe dominar nuestro agradecimiento, a esa gran parte del pueblo que nos acompañó en la lucha electoral reciente es brindarle la seguridad de nuestro reconocimiento, no por los hombres en sí, porque éstos, en el radicalismo, son la expresión personificada de esta desesperada  ansia de liberación nacional. 

Unidos seremos fuertes y hasta invencibles. Separados y divididos seremos fácilmente vencidos y los culpables de esta división tendrán que sufrir para siempre la tremenda responsabilidad de nuestro debilitamiento y de nuestra imposibilidad de alcanzar el éxito que nos libere de tanta ignominia y de tanta inmoralidad. 

Cuando seamos libres tendremos sobrado tiempo parra resolver los grandes y pequeños problemas que puedan motivar nuestras discordias internas. 

Con profunda fe en los destinos de la U.C.R. y en la capacidad y el patriotismo de ustedes espero que este H. Cuerpo, dé soluciones trascendentales que se han de cumplir sinceramente, alentando las esperanzas del pueblo consciente y libre de la patria como, de todo el Continente que espera una acertada acción del partido como solución reivindicadora de felicidad confraterna, sin temores ni suspicacias, al abrigo de la libertad y de la dignidad humana.  


Nada más. 


Tte. Cnel. Atilio Cattáneo






















Fuente: Discurso inaugural de la Convención Nacional de la U.C.R  el 12/11/1954 en Buenos Aires pronunciado  el Teniente Coronel Atilio E Cattaneo Diputado Nacional (Mandato interrumpido).

1 comentario: