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lunes, 15 de abril de 2013

Unión Cívica: "Manifiesto a los Pueblos de la República" (17 de abril de 1890)

La Junta Ejecutiva de la Unión Cívica, considera de urgente necesidad dirigirse inmediatamente a los pueblos de la Republica, informándoles de los trascendentales acontecimientos políticos que acaban de desarrollarse en esta capital, y exhortando a los ciudadanos de las provincias para que formen núcleos vigorosos de opinión, secundando los propósitos de reacción política, económica y administrativa, manifestados por la Unión Cívica en el gran meeting del 13 del corriente.

Los gobiernos de la Republica se caracterizan en la actualidad por estas peculiaridades dominantes: ineptitud y desquicio gubernamental; despilfarro e inmoralidad en la administración publica, especialmente en el manejo del Tesoro y en la gestión de los Bancos del Estado; supresión del libre sufragio en la elección de los legisladores y de los jefes de Estado, reemplazando estas funciones importantísimas de los pueblos libres, con farsas electorales y vergonzosos traspasos del mando ejecutivo, impuestos con la fuerza o el fraude, según las circunstancias; un notable descenso moral, político y legislativo en los cuerpos encargados de dictar las leyes, manifestándose sumisos y obsecuentes servidores de las malas pasiones de los gobernantes y de la codicia de los círculos, en vez de ser sus miembros representantes altivos del pueblo soberano, guardianes de su dignidad e ilustrados promotores del progreso general; en fin, tanto en el orden nacional como en los gobiernos de provincia, entronizado el personalismo, el arbitrio y la inmoralidad.

Estos funestos factores del desquicio y desgobierno han conducido al país al estado ruinoso y de sumisión en que se encuentra, sin vida libre, sin vida republicana, y sufriendo los estragos de una crisis tremenda que matara las industrias nacionales.

En una época de general postración del espíritu público, después de las ultimas elecciones presidenciales, parecía que estos gobiernos personales tenían subyugados los pueblos con mano férrea, auxiliados en su obra nefanda por el indiferentismo de muchos malos ciudadanos y por la perversa complicidad de otros. Fue entonces, el 19 de setiembre del año ultimo, cuando la juventud independiente lanzo la voz de alarma contra tantos abusos y arbitrariedades gubernativas; concito a la lucha cívica por el derecho violado, formulando principios salvadores dentro del orden constitucional; y emprendió luego la organización de centros políticos parroquiales que respondieran a su iniciativa patriótica.

En esos principios se reclamaba para la Republica el imperio da la libertad del sufragio, la responsabilidad efectiva de los administradores públicos, la mas pura moralidad gubernativa; el castigo severo de toda violencia o fraude contra el libre sufragio, y de toda malversación del Tesoro publico: el respeto de las autonomías provinciales, robustecer en todas partes el régimen municipal; y por ultimo, provocar el despertamiento de la vida cívica nacional tan abatida en todo el país, inspirando a los ciudadanos un justo celo por sus derechos políticos y por sus deberes cívicos.

La bandera de la juventud fue saludada con entusiasmo por nuestros grandes hombres de todos los partidos políticos tradicionales, que no habían pactado con los abusos de poder. A tan generosa iniciativa siguió la formación de numerosos clubs políticos parroquiales, que aclamaron los mismos principios; y preparada y agitada así la opinión publica, el domingo 13 del corriente, obedeciendo a un llamamiento patriótico, se congrego en esta ciudad un meeting imponente para constituir el Comité Directivo de la Unión Cívica, circulando luego por las calles la mas entusiasta y populosa procesión cívica de que haya memoria en nuestro país.

En este meeting grandioso se ha condensado en bases definidas la opinión pública adversa a los malos gobiernos de la época, fusionando todos los hombres independientes de la Republica; la bandera ha sido una misma: reacción constitucional; el medio practico y eficaz, la urgente y vigorosa organización cívica del pueblo en la capital y en las provincias.

Ha sido tan grande e imponente este significativo movimiento de opinión, que aun antes del acto público ha producido un hecho político sin precedentes en nuestro país: los cinco Ministros del Presidente de la Republica, que se creían inconmovibles, días antes del meeting, presentaron sus renuncias, cayendo estrepitosamente un gabinete que desdeñaba con soberbia la influencia de la opinión pública.
Esa renuncia en masa de los cinco Ministros nacionales, con que parece se quiso neutralizar las proporciones del meeting, solo sirvió para aumentar la concurrencia, pues el pueblo ya no ve ni encuentra mas salvación que en sus propias fuerzas organizadas con hábil energía.
Pero el movimiento reaccionario ha producido también otro resultado de trascendencia política para la Republica, y es la solemne declaración de tres personajes del partido imperante, en cartas dirigidas al Presidente de la Nación, en las cuales afirman terminantemente, que sus posibles candidaturas a la presidencia próxima quedan eliminadas, pues ellos no consentirán que sus nombres sirvan de bandera electoral.
La caída estrepitosa de un gabinete sin base de opinión, las tentativas de reorganizar el ministerio con personalidades que ofrezcan mejores garantías de reaccionar contra los abusos gubernativos, y el acontecimiento sensacional de esas declaraciones sobre futuras candidaturas a la presidencia, han sido acontecimientos políticos de la mayor importancia, impuestos al partido dominante por la actitud vigorosa y decidida de la oposición, organizada por el meeting del 13 del corriente. Conviene que el pueblo aproveche la enseñanza elocuente de este gran triunfo de la opinión pública.

Es necesario no olvidar que aun cuando hayan desaparecido esas posibles candidaturas, queda todavía montada la funesta maquina oficial, constituida por la liga de gobernadores y por la jefatura única, en manos del Presidente de la Republica, pudiendo con ella imponer al país la personalidad que sea de su antojo. Mientras ese mecanismo inconstitucional y depresivo de nuestro decoro republicano amenace a la nación con imposiciones presidenciales, el país no puede vivir en paz y en libertad sino entre peligros y graves perturbaciones económicas. Es necesario entonces quebrantar ese sistema opresivo, por medio de la organización enérgica del pueblo, y que este ejercite los derechos políticos que solo a el pertenecen.

Con todo, los acontecimientos de trascendencia referidos, tienen gran importancia política para todo el país, y envuelven una enseñanza elocuente; son un estimulo poderoso para continuar con toda actividad y energía la organización cívica del pueblo en la capital y en las provincias, como el único medio de salvar al país de un eminente derrumbamiento político, económico y constitucional; y por ultimo, nos impulsan a dirigir este manifiesto sin perdida de tiempo a todos los hombres independientes de la Republica, a todos los buenos ciudadanos, pidiéndoles su valioso concurso para la salvación común, antes de dirigirnos individualmente a cada uno de ellos.

Conciudadanos: 

El momento es supremo, el país sufre los estragos de una crisis terrible, política, financiera y bancaria, que agita hondamente el interior de la Republica, y echa por tierra el crédito exterior de la Nación y de las provincias. La primera organización vigorosa de la opinión pública independiente ha derribado en masa el gabinete nacional, ha muerto para siempre tres posibles candidaturas a la presidencia futura, y ha dado al país una enseñanza elocuente de lo que puede el pueblo bien organizado y fuerte en su derecho.

Invocando los más caros sentimientos de amor a la patria, a sus instituciones, al progreso de la Republica, a las tradiciones gloriosas de nuestros antepasados, y a la futura grandeza nacional, os exhortamos a secundar en todas partes los propósitos de la Unión Cívica, organizando vigorosamente las fuerzas populares.


Buenos Aires, 17 de abril de 1890.    

Presidente: Dr. Leandro N. Alem


Vicepresidentes: Dres. Mariano Demaria y Bonifacio Lastra

Tesorero: Manuel A. Ocampo Secretarios: Dr. Jose S. Arevalo, Joaquin Castellanos, Dr. Alberto V. Lopez, Dr. Abel Pardo, Rufino de Elizalde, Cornelio Saavedra Zavaleta, Rodolfo Solveira, Carlos E. Zuberbiihler.

Vocales: Dr. Francisco A. Barroetaveña, Dr. Jose Juan Araujo, teniente coronel Joaquín Montana, Dr. Enrique S. Quintana, Tomas Santa Coloma, Dr. Diego R. T. Davison, Dr. Emilio Gouchon, Fermin Rodriguez, Dr. Jorge Morris, Dr. Manuel A. Montes de Oca, Dr. Ángel E. Casares, Agustín Vidal.



























Fuente:   Hipólito Yrigoyen "Pueblo y Gobierno" Tomo I, 1953 Editorial Raigal.

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