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lunes, 18 de marzo de 2013

Arturo Frondizi: "Sobre la muerte de Hipólito Yrigoyen" (19 de noviembre de 1970)


El recuerdo de la muerte de Yrigoyen transcurre en mi memoria en dos planos distintos, pero confundidos. Está el elemento personal, emotivo, que constituye una vivencia siempre repetida. Y junto a el la reflexión política que, puesto que esta en continuo proceso, pudo ser elaborada una y otra vez.
Ese día de julio de 1933, cuando me entere de la muerte de Yrigoyen, estaba yo postrado por una fuerte gripe. Sobraban motivos para que el impacto fuera profundo. Siendo niño me tocó estar con la bandera argentina de la escuela primaria que cursaba, junto al palco presidencial. Escribí entonces una carta reflejando el impacto que me había producido ese hombre de figura austera. Años después, ya adolescente, y mientras cursaba el bachillerato en el Colegio Nacional Mariano Moreno, me identifique con el Yrigoyenismo como expresión de sentir popular.
Cuando se produjo el golpe militar del 6 de setiembre de 1930 yo que me había negado a pisar un comité a pesar de mi Yrigoyenismo, decidí que de ahí en adelante dedicaría mi vida a la acción política. El Yrigoyen caído se me aparecía como la encarnación misma de la Patria, velando por el destino de la comunidad y por el de cada uno de sus individuos.
Estando en cama envíe de inmediato un telegrama a la modesta casa de la calle Sarmiento donde estaban los restos de lo que era para mí un hombre símbolo.
El día del sepelio, todavía enfermo, fui junto con mi mujer a formar parte como un joven anónimo, de la gran columna popular. Desde la esquina de Tucumán y Callao vi pasar a miles de argentinos que acompañaban al gran Caudillo. Hombres y mujeres de todas las edades y de todas las clases sociales. El espectáculo era imponente no solo por la multitud sino por su composición humana. Me emocionó profundamente ver a la gente humilde sollozante y una nota totalmente inesperada para mí, la presencia de una multitud de negros. Creo que en ese momento me di cuenta por primera vez que existía una comunidad de ese tipo en Buenos Aires.
Los que el 6 de setiembre nos conmovimos por la soledad de Yrigoyen, pudimos advertir como el pueblo había ido a su sepelio a decir que el instinto popular es mas fuerte que todos los poderes que lo encarcelaron, lo denigraron y lo atacaron. El Caudillo era ya un mito de la Patria.
Viendo pasar su féretro me sentí más Yrigoyenista y comprendí por que el jamás a su fuerza política la llamó partido. La llamó siempre Unión Cívica Radical, pero no como un partido más, sino como un movimiento que encarnaba los ideales de la Patria.
A 40 años de distancia y después que el destino quiso que viviera como el honor, la soledad y la responsabilidad de la presidencia y también el honor y la soledad de la prisión de Martín García lo evoco como un inspirador de las grandes líneas nacionales y populares de la Argentina

































Fuente: Arturo Frondizi "Historia y Problematica de un Estadista", Tomo III Su actuación en la UCR (1930 -1957) Editorial Depalma, 1984.

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