ASAMBLEA LEGISLATIVA
JURAMENTO
Sr. Presidente
(Gamond). — Encontrándose presentes el señor presidente y el señor vicepresidente
electas de la Nación, va a proseguir la sesión de Asamblea, Invito al señor
presidente electo de la Nación a prestar el juramento que prescribe la
Constitución.
—Puestos de pie los
señores miembros de la Asamblea y el público presente, dice el
Sr. Presidente de la
Nación electo. — Yo, Arturo Umberto Illia, juro por Dios, Nuestro Señor, y estos
Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente
de la Nación, y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la
Nación Argentina. Si así no lo hiciere, Dios y la Nación me lo demanden. (Aplausos
prolongados.)
Sr. Presidente
(Gamond). — Invito al señor vicepresidente electo de la Nación a prestar el
juramento que prescribe la Constitución.
—Puestos de pie los
señores legisladores y el público presente, dice el
Sr. Vicepresidente de
la Nación electo.—Yo, Carlos Humberto Perette, juro por Dios, Nuestro Señor,
y estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de vicepresidente
de la Nación, y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la
Nación Argentina. Si así no lo hiciere, Dios y la Nación me lo demanden.
(Aplausos prolongados.)
Sr. Presidente (Gamond). — Invito al señor presidente de la República a dirigir la palabra a la Honorable Asamblea.
—Puesto de pie, dice el:
Sr. Presidente de la
Nación. — Señores senadores, señores diputados:
Iniciamos hoy, con el juramento que acabamos de prestar, una
nueva etapa en la larga lucha por afianzar definitivamente en la Argentina los
principios de la democracia y de la libertad.
La Constitución Argentina es, sin duda alguna, una de las
más libérrimas, humanistas y generosas de la tierra. «Es cosa de no poner en
duda —ha podido decirse— que aquellos que dieron una Constitución a la
Argentina fueron guiados por un sentimiento que tiene algo de milagroso.»
Pero la democracia que la Constitución ha escogido como
forma de vida nacional, y que resulta maravillosamente enunciada en su
Preámbulo y declaración de derechos, libertades y garantías, estamos muy lejos
de haberla realizado a satisfacción.
Sólo admitiendo esta realidad adquiriremos la aptitud
espiritual indispensable para emprender la ardua empresa de apreciar
exactamente la realidad política, económica y social que estamos viviendo, las
causas que han dado origen a las desvirtuaciones institucionales y
desencuentros de un pasado próximo y forjar la democracia orgánica y
progresista que debemos ser, la que nuestros antepasados presintieron y las
jóvenes generaciones argentinas reclaman como prenda de paz y de progreso.
La democracia argentina necesita perfeccionamiento; pero,
que quede bien establecido, perfeccionamiento no es sustitución totalitaria.
Lo que nuestra democracia necesita es ser auténtica
expresión de su verdadera esencia. Es que «la esencia de la democracia no queda
debidamente expresada por estructuras meramente jurídicas o por líricas
afirmaciones de dignidad humana o de igualdad de los hombres ante la ley. Todo
eso, si sólo eso fuera, únicamente resultaría un espejismo pernicioso para
calmar las ansias que el pueblo vive, en medio de un desierto de duras
realidades económicas».
Ese propósito de perfeccionamiento de nuestra democracia,
como forma de vida, no podrá lograrse a no ser que estemos resueltos a aceptar
modificaciones sustanciales en las actuales estructuras económico-sociales de
nuestro país (Aplausos), que devuelvan al pueblo argentino la fe en sus
instituciones y gobernantes, y lo alienten para hacer todos los esfuerzas y
soportar todos los sacrificios necesarios para afianzar el orden jurídico y materializar
el progreso en todos Los órdenes de la vida nacional.
Es urgente proceder a modificar y reestructurar un estado de
cosas que, por injustas, son inhumanas, e instaurar un orden social fundado en
la justicia. (Aplausos.)
«El mundo sufre un mal profundo —advierte la profesión de fe
doctrinaria de la Unión Cívica Radical—, proveniente de no adecuar las
posibilidades materiales modernas a los fines de la emancipación del hombre. El
radicalismo cree que sólo una cruzada de honda pulsación humana, por la
liberación del hombre contra todas las formas degradantes del imperialismo y
del absolutismo, en todos sus aspectos (Aplausos), podrá salvar al mundo de su
grave crisis.»
El concepto social de la democracia no es nuevo, ni es sólo
nuestro; se nutre en la filosofía social contemporánea.
Este concepto de la democracia, justo es reconocerlo, es
también compartido por la mayoría de los partidos políticos argentinos.
Mas lo importante no es que el sentido social de la
democracia esté en nuestras declaraciones políticas o estatutos partidarios,
sino que los argentinos tengamos la decisión y la valentía de llevarlo a la
práctica. (Aplausos.)
Las estadísticas nos colocan ante una dolorosa realidad,
pues ellas demuestran en forma irrefutable que durante los últimos años se ha
ido paulatinamente disminuyendo la participación del sector laboral en el
producto nacional, lo que no sólo ha importado una evidente injusticia social,
sino que ha repercutido perjudicialmente en nuestro proceso de desarrollo
nacional.
Sólo será justo nuestro orden social cuando se logre que los
recursos humanos y los materiales, unidos al avance técnica del país, permitan
asegurar al hombre argentino la satisfacción de sus necesidades físicas y
espirituales.
Pero deseamos desde ya alertar a quienes conciban la
democracia social como un simple proceso de distribución. Para que pueda
existir justicia de la sociedad para con el hombre es necesario que éste, a su
vez, sea justo para con la sociedad y que no le niegue o retacee su esfuerzo. (Aplausos.)
El país no solucionará los graves problemas económicos,
sociales, culturales, ni la transformación social que proponemos se podrá
concretar si cada hombre y cada mujer que habita en esta tierra, a la que Dios
ha bendecido con tantos dones naturales, no aporta su esfuerzo para que el país
pueda incrementar su producción, de manera que nos permitan satisfacer las
necesidades de la familia argentina, afianzar su intercambio comercial con los
otros países del mundo y cumplir acabadamente los fines del Estado.
Para esa gran tarea, que importa no sólo derechos, sino
también obligaciones para el Estado y para todos los sectores que integran la
vida nacional, desde el más modesto hombre de trabajo hasta los más poderosos
sectores del capital, sin dejar de lado a los intelectuales, profesionales y
militares, convocamos a nuestros ciudadanos.
Esta es la hora de la reparación nacional, a la que todos
tenemos algo que aportar.
Esta es la hora de la gran revolución democrática, la única
que el pueblo quiere y espera; pacífica sí, pero profunda, ética y vivificante,
que al restaurar las fuerzas morales de la nacionalidad nos permita afrontar un
destino promisorio con fe y esperanza. (¡Muy bien! Aplausos prolongados.)
Esta es la hora de las grandes responsabilidades. La transformación
nacional que nuestro concepto de democracia, así como las necesidades del
desarrollo y el propio índice de crecimiento demográfico nos imponen
inexcusablemente a los argentinos, no podrá ser afrontada sólo por una
parcialidad política, sino que demanda el esfuerzo conjunto y la
responsabilidad de toda la Nación. (Aplausos.)
Esta es la hora de los grandes renunciamientos de los
hombres y de los grupos sociales en aras del bienestar de la comunidad; quien
así no lo entienda está lesionando al país y se está frustrando a sí mismo.
(Aplausos.)
Nunca, en las últimas décadas, la Argentina ofreció un
panorama con mayores vivencias democráticas que este que hoy queda perfilado en
todo el país. Nunca el Congreso Nacional tuvo mayor representatividad, a través
de sus diversos matices de opinión. Nunca hubo tantos gobiernos provinciales
con expresiones diferentes en cuanto a su origen partidario. Ni nunca fue mayor
la diversidad de fuerzas que hoy se instalan en cientos de comunas que han de
constituir tonificante manifestación de auténtica democracia.
Todas las fuerzas políticas argentinas participan desde hoy,
en mayor o en menor medida, según haya sido su circunstancia electoral, en el
gobierno de la cosa pública. Este hecho, de suyo significativo, compromete la
responsabilidad del conjunto.
En este proceso de recuperación y transformación social
argentina, el Poder Ejecutivo cumplirá su parte.
Resguardaremos celosamente la división de los poderes
Ejecutivo, Legislativo y Judicial, creados por la Constitución Nacional.
El país ha dado una prueba de madurez política en el proceso
del cual hemos surgido los actuales gobernantes, que podemos los argentinos
exhibir con orgullo, después de tantos desencuentros, ante todos los países del
mundo.
Esa misma sensatez ha de permitir que cualquier emergencia
que pueda producirse acerca de la conveniencia, oportunidad o justicia de toda
iniciativa o acto de gobierno del Poder Ejecutivo no sea un motivo de discordia
política, sino que, descontamos, ha de determinar la leal colaboración y
preocupación del Poder Legislativo.
La crucial situación económica por que atraviesa el país; la
legitimidad de las aspiraciones y esperanzas puestas en evidencia por nuestro
pueblo; la necesidad de recuperar y poner al servicio de la colectividad
nuestras riquezas naturales, de encauzar nuestra economía y nuestra cultura con
sentido social, no pueden frustrarse; seria antipatriótico hacerlo, ya sea por
mera hostilidad política o por desconfianza en los fines.
Para la tarea que aguarda, mucho espera la República de
nosotros. Por nuestra parte pondremos al servicio de la empresa, que
acometernos con humildad y sin alardee, la más obstinada voluntad. De vuestra
honorabilidad descontamos el patriótico empeño en el difícil cometido de
legislar sabiamente, porque consideramos al Parlamento como institución
fundamental de la democracia.
Respetaremos al Poder Judicial, cuya jurisdicción e
independencia aseguraremos con todos los recursos a nuestro alcance.
Así como entendemos que para salvaguardar el destino de
nuestro régimen democrático, republicano, contra todas las desvirtuaciones de
los grupos totalitarios, es necesario prestigiar al Parlamento, afirmo que la
libertad de juicio e imparcialidad de la justicia constituyen la última y
fundamental garantía de nuestro orden institucional. (Aplausos.)
La existencia y la duración de las formas republicanas en el
nuevo mundo dependen de la existencia y duración del sistema federativo.
Gran parte de las deformaciones que nuestra forma
republicana de gobierno ha venido sufriendo coinciden y son consecuencia de un
proceso sistemático de desconocimiento del régimen federal de nuestra
organización institucional.
El avance de la Nación sobre la esfera de los derechos que
oportunamente se reservaran las provincias no solamente ha importado la
delegación o cercenamiento de facultades que han contribuido a crear un poder
central tan fuerte, que lo hace proclive a caer en lo dictatorial, sino que al
convertir a los Estados provinciales en dependientes en lo económico, en lo
cultural, en lo político, en lo social ha ido poco a poco aniquilando las
posibilidades de armónico desarrollo nacional. (Aplausos.)
Es necesario restablecer en su verdadera esencia nuestro
federalismo si queremos afianzar la forma republicana de gobierno.
Muchos de los problemas institucionales que hemos tenido,
necesario es decirlo, se habrían evitado si las provincias argentinas hubieran
mantenido, sin desmedro para el poder central, sus posibilidades económicas y
hubieran sido lo suficientemente fuertes para impedir los excesos o desvaríos
del poder central.
Por ello confesamos nuestra vocación federalista,
consecuencia de las convicciones republicanas del pueblo argentino, con las que
nos encontramos profundamente consustanciados. (Aplausos.)
La economía argentina atraviesa por una de las épocas más
difíciles de su historia. Resulta incomprensible haber llegado al punto en que
nos hallamos, si tenemos en cuenta que esta tierra ha sido dotada de excelentes
recursos naturales y cuenta con una población excepcionalmente apta para el
trabajo y las empresas del espíritu.
Un desaprensivo manejo de la cosa pública ha venido a
acentuar un proceso que arranca desde hace muchos años y contra el cual no se
ha actuado con energía e inteligencia, Lo que ha provocado les resultados que
están a la vista.
No afirmamos nada nuevo al señalar que atravesamos una
situación coyuntural de paralización económica y desequilibrio financiero, independiente
de la crisis estructural que es menester superar por medio de la adecuación de
los procesos productivos, de cambio y distributivos.
Pero debemos afirmar que estamos dispuestos a contribuir con
nuestra acción a crear las condiciones que permitan la transformación de la
realidad actual, y para eso contamos con la colaboración de nuestro pueblo,
cuya capacidad y actividad creadora son sobresalientes.
La acción a desarrollar tiene por meta final alcanzar en el
más breve plazo dos objetivos básicos e íntimamente ligados: la posibilitación
y mantenimiento de un proceso continúo de crecimiento económico y la
participación activa del pueblo trabajador en una más justa distribución de la
riqueza, que le permita su completo desarrollo cultural y espiritual.
(Aplausos.)
A estas metas no se llegará con fórmulas sorpresivas ni
acciones providenciales. Nadie conoce nada que pueda superar al trabajo
cotidiano y ordenado de la población. Para el aprovechamiento más eficaz de los
factores es fundamental establecer el método de la programación económica, como
forma de canalizar ordenada, organizada y previsoramente el trabajo y las
ideas, que tendrán un marco de elevado nivel científico, trazando planes de
gobierno con la colaboración de los sectores empresarios y trabajadores y la
debida intervención del Poder Legislativo.
Para el lapso que cubre hasta octubre de 1964, ya hemos
concertado las medidas para eliminar la desocupación obrera y lograr el
aprovechamiento pleno de todos los factores productivos, sumados a la defensa
del valor de nuestra moneda.
La programación que propugnamos será concretada en un plan
de varios años que ha de ser puesto en marcha a partir del primero de noviembre
de 1964 y será revisado anualmente para adecuarlo a las etapas de realización.
En el plan de largo plazo se fijarán las prioridades de
inversión en el sector pública y las medidas a tomar para el aliento de la
actividad privada.
Nuestra acción tenderá a afirmar las posibilidades del país,
dueño de su presente y con plena capacidad para trazar su destino; mejoraremos,
con plena autonomía, los resortes fundamentales de nuestra política económica
tal como reiteradamente lo hemos expresado. Petróleo, energía eléctrica,
transportes, siderurgia y servicios públicos son actividades en las cuales el
Gobierno ha de jugar un papel fundamental a través de la inversión y de su
explotación (Aplausos), y hemos de ser persistentes en la obtención de altos
niveles de eficiencia por parte de los organismos estatales.
A cada empresa del Estado corresponderá cumplir con los
planes de producción fijados por anticipado y a los costos adecuados, y serán
responsables de su cumplimiento los dirigentes de las mismas.
Bregaremos para que los niveles actuales de producción de
energía, que son incompatibles con el grado de desarrollo a que aspiramos, sean
sensiblemente aumentados. Para superar este estado de cosas comenzaremos por
aprovechar al máximo la actual potencia instalada interconectando las redes del
interior y del litoral, mejorándolas y complementándolas, y utilizando las
soluciones que ofrece el progreso tecnológico para salvar las dificultades que
prevemos en la expansión de la economía argentina, en cuanto tengan efectividad
las medidas que propugnamos.
Los transportes y comunicaciones serán estructurados de
manera que estén al servicio del conjunto económico. Se evitarán las
superposiciones para mejorar la utilización de los factores, y desarrollaremos
un esfuerzo persistente para eliminar el déficit económico y financiero.
En materia de política de petróleo cumpliremos lo prometido
reiteradamente. (Aplausos prolongados). Los contratos que fueron suscritos a
espaldas de la ley y de los intereses económicos del país serán anulados. (¡Muy
bien! Aplausos prolongados) Yacimientos
Petrolíferos Fiscales será —de acuerdo con la mejor
tradición argentina— la entidad rectora de nuestro desarrollo energético.
Completa el cuadro de nuestros propósitos en materia de
infraestructura básica la idea del abastecimiento siderúrgico. Sierra Grande,
San Nicolás, Zapla, son nombres que cimentarán la grandeza futura de nuestro
país. Los Yacimientos de Río Turbio, como todos nuestros vastos recursos de
minerales, serán activados para que cumplan la alta finalidad que fundamentó
los ingentes esfuerzos que la Nación ha comprometido y comprometerá en su
desarrollo.
Alentaremos e impulsaremos por todos los medios los más
altos niveles de producción industrial, con el consiguiente aumento de la
desmanda efectiva de la población. Un vigoroso desarrollo industrial constituye
un imperativo de alto contenido social toda vez que, además de permitir la
plena ocupación facilite una mayar productividad de la mano de obra y demás factores
de la producción, la afluencia de productos al mercado y la disminución de sus
castos con el consiguiente mejoramiento del nivel de vida. Facilitará,
asimismo, una adecuada política de sustitución de importaciones, promoverá la
exportación de productos manufacturados y, adicionalmente, asegurará el
equipamiento y la tecnificación agraria.|
El mantenimiento de un ritmo de crecimiento económico
compatible con las posibilidades nacionales, compromete el impulso armónico de
la producción en el agro y la industria. El agro debe entrar en una etapa
acelerada de su productividad, para lo cual será necesario mejorar el nivel
tecnológico actual y modificar el régimen de la tierra de modo de facilitar el
acceso a la propiedad por parte del auténtico productor (Aplausos), que gozarán
de una adecuada ayuda crediticia que asegure este objetivo. La mecanización
agraria, la utilización de abonos, herbicidas, vacunas, pasturas artificiales y
modernos mecanismos de intermediación serán —entre otras— las herramientas para
esta tarea.
Por ello necesitamos realizar una acción continua en el
agro, que no escatime esfuerzos por parte del gobierno y los productores, para
que sea notablemente incrementada la oferta a fin de satisfacer las crecientes
necesidades del mercado interno y la obtención de mayores saldos exportables
que nos permitan obtener las divisas necesarias para completar nuestro
desarrollo industrial.
Los estímulos a la producción serán complementados por la
adecuación de los mecanismos comerciales internos, a fin de permitir a los
productores la captación de los frutas de sus esfuerzos por la eliminación de
etapas innecesarias.
El gobierno ha de orientar para ello su política crediticia,
cambiaría, comercial y fiscal, de manera tal que apoye la actividad de los
productores particulares en el esfuerzo que demandamos.
Se atenderá al sector privado por medio del mecanismo
bancario, destinando el crédito a la atención de las actividades productivas.
Consideramos conveniente la inmediata implantación del redescuento selectivo
dentro de un estricto orden de prioridades, absorbiendo posteriormente el
aumento de medios de pagos redundantes, conforme a coeficientes que
periódicamente fije el Banco Central.
Dada la actual situación de nuestra balanza de comercio externo
y la tendencia de la balanza de pagos internacionales, estimamos conveniente
continuar con el actual sistema de mercado único, libre y fluctuaste. Las
autoridades monetarias observarán muy atentamente los movimientos en el valor
de las divisas para evitar distorsiones que provengan de acciones especulativas
cuya repercusión sobre el esfuerzo creador de la Nación es siempre negativa.
(Aplausos.)
Se halla prácticamente colmada nuestra capacidad de
endeudamiento en el exterior, y gran parte de esa masa de deudas es de corto
plazo. Afortunadamente, la situación de nuestra balanza comercial es favorable
y la coyuntura actual del mercado internacional permite conjeturar el
mantenimiento de nuestra corriente exportadora.
Confiamos en que una prudente política en el manejo de
nuestras divisas y un adecuado trato en nuestras relaciones financieras
permitirán sortear esta situación, restableciendo el prestigio internacional en
las plazas exteriores.
Al mismo tiempo, se colocarán las estructuras de nuestra
representación exterior al servicio de la ampliación constante de nuestros
mercados, y en esta tarea no excluiremos las relaciones comerciales con ningún
país que ofrezca condiciones ventajosas de intercambio (Aplausos) sin perjuicio
del esfuerzo que debe dedicarse a nuestros mercados tradicionales para
acrecentar y diversificar nuestras exportaciones, defendiendo el valor y la
calidad de las mismas.
En especial, impulsaremos decididamente la integración del
mercado Latinoamericano, para lo cual es fundamental propender a un mayor grado
de complementación regional a través de la Asociación Latinoamericana de Libre
Comercio.
La aparición de importantes mercados potenciales en el mundo
afroasiático abre promisorias expectativas de intercambio que han de ser
debidamente consideradas en el futuro.
El sector público ha sido actor constante de perturbación en
el proceso económico nacional, ya sea por la aplicación de un sistema
impositivo deficiente por las distorsiones provocadas por una inadecuada
aplicación del gasto público. Pondremos orden en las finanzas del país y para
ello se procederá a la inmediata revisión del régimen de impuestos que ha
entrado en deterioro. Se han de ordenar los entes administrativos de percepción
con vistas a evitar la evasión fiscal y posibilitar la baja de las cargas que
gravitan en la actualidad sobre los contribuyentes de buen cumplimiento.
La más grave dificultad que afrontará el país en el primer
año de nuestro gobierno es el desequilibrio presupuestario, que tiene un
déficit potencial que aún no conoce la opinión pública pero que seguramente no
será menor de setenta mil millones de pesos.
Comprometemos nuestro más riguroso esfuerzo para reducirlo a
límites compatibles con la estructuración de la política de expansión económica
que propiciamos.
En este sentido la mayor recaudación fiscal proveniente del
ordenamiento impositivo y de la reactivación económica, permitirá una atenuación
de dicho desequilibrio, que será complementada por la disminución de los gastos
e inversiones prescindibles y la reducción del déficit de explotación de las
empresas del Estado mediante una administración eficiente de las mismas.
Por otra parte, el citado déficit de explotación,
considerablemente agravado por la disminución de los servicios, se reducirá a
consecuencia de la reactivación del mercado interno.
La aplicación del plan de corto plazo que, como hemos
afirmado hace un momento, reactivará la economía hasta llevarla a los niveles
de ocupación plena de los factores, cuidará de no afectar la estabilidad del
signo monetario y la alteración del nivel de precios. El salario real de los
trabajadores será defendido tenazmente por el gobierno, ya quo la reactivación
económica está basada en el aumento de la demanda efectiva de bienes y
servicios, y cualquier alza de precios que se produzca por la deficiencia de la
oferta, neutralizaría la política que se ha de emprender. (Aplausos.)
El aumento del volumen de la demanda efectiva tiene que ser
traducido en un aumento continuo de la producción y la consecuente baja de los
costos unitarios por una menor incidencia de los gastos fijos. En este sentido,
el gobierno desea contar con la comprensión y colaboración activa de los
empresarios, a efectos de evitar la acción que será necesaria en caso de
distorsionarse el proceso.
Pero toda esa política económica poseerá el enfoque de la
nueva actitud que desde hoy estableceremos en el país, poniendo el énfasis en
el desarrollo y la integración equilibrada de todas sus regiones, en las cuales
dormitan insospechadas posibilidades de riqueza y de progreso. (Aplausos.)
El nuevo estilo social, la correlativa estabilidad política
y el respeto a las normas jurídicas que estableceremos, serán estímulo
suficiente para promover corriente de inversiones del exterior, que,
complementando al ahorro nacional, reanudarán vinculaciones que históricamente
ha tenido la República con las demás naciones del mundo en esta materia.
Estos aportes fortalecerán sin distorsiones la acción
creadora de la inventiva y del genio nacional, cuyas potencias impulsaremos
como un imperativo fundamental de esta hora.
Es nuestra intención sistematizar la legislación laboral y
previsional mediante la sanción de un código de trabajo y seguridad social
(Aplausos) que afirme la participación activa de los trabajadores en todos los
niveles, asegure su integridad moral y material, y contemple un sistema
provisional justo.
Desarrollaremos una política gremial que posibilite la
unidad del sindicalismo argentino y lo preserve de la intromisión del Estado y
de su instrumentación política.
Comprendemos que la sala formulación técnica de planes
económicos no es suficiente para la solución de los problemas argentinos. Es
imprescindible comprometer el esfuerzo común de los factores decisivos de la
producción, trabajadores y empresarios, en lo que llamamos el pacto social,
mediante el cual deben articularse bases compromisorias para que en este campo
tan delicado de la actividad no se produzcan fricciones ni des encuentros
estériles. Creemos que se ha hecha ya bastante camino para lograr el
entendimiento de estos sectores, y estamos convencidos de que el país cuenta
con una mano de obra altamente capacitada, con cuadros de dirección, sindical
inteligentes y responsables, y con una clase empresaria moderna e informada,
los que constituyen elementos suficientes para encarar seriamente esta
apasionante tarea de estructurar una sociedad moderna, donde esté asegurada la
familia y se excluyan toda clase de privilegios. (¡Muy bien! Aplausos.)
Obreros y empresarios han de aceptar el compromiso que
tienen frente a la Nación de resolver pacíficamente sus diferencias y ser uno
de los sostenes principales de un orgulloso sentimiento nacional de suficiencia
para vencer las dificultades que la República enfrenta.
Cuidaremos a nuestras madres y a nuestros niños;
defenderemos la salud del ser humano en todos los ciclos de su existencia, con
suficiente y sana alimentación, erradicando endemias y previniendo epidemias,
aplicando científica y moderna medicina social, sanitaria y asistencial.
Será una de nuestras máximas preocupaciones arbitrar
personal técnico y recursos sin limitaciones para atender en forma total este
irrenunciable deber del Estado. (Aplausos.)
Es principio fundamental que «el desarrollo económico debe
ir acompañado y proporcionado con el progreso social».
Coincidimos con el papa Juan XXIII cuando afirma en su ya
histórica encíclica que «la riqueza económica de un pueblo no consiste
solamente en la abundancia total de los bienes, sino también, y más aún, en la
real y eficaz distribución según justicia, para garantía del desarrollo personal
de los miembros de la sociedad, en lo que consiste el verdadero fin de la
economía nacional».
Tengamos siempre presente que mientras no se acorten las
diferencias, las desigualdades de hecho serán mucho más efectivas que las
ilusorias igualdades de derecho. (Aplausos.)
Salarios justos, con real valor adquisitivo; vivienda digna
y techo para todos; derecho a la salud, mediante un eficaz sistema asistencial
que cubra a toda la población; sistema previsional eficiente.
He ahí sintetizado el más ambicioso de los programas.
Cumplirlo será nuestro gran objetivo.
«La clase obrera —recordamos a Crisólogo Larralde— (Aplausos
prolongados), la única clase, porque de su carne y de su sangre nacieron el
sabio, el descubridor, el estadista, el sacerdote, el guerrero, el pacifista,
el revolucionario y el verdugo, el poeta y el santo, y hasta el rico, esa clase
única está marchando, y si no se demora en tratos venales, ni en la faena
mercantil de su propio destino, llegará al campo abierto de la vida en
libertad, con derechos totales, con seguridad y fuerza para afirmar el
bienestar humano.
Entonces todos seremos obreros de alguna cosa:» (Aplausos.)
Nuestra era asiste al desarrollo de la ciencia en términos
inéditos pocas décadas atrás. La facultad de producir y controlar nuevas
energías califica la época contemporánea, pero no es menos importante lo que se
ha logrado en la lucha contra las enfermedades o en la tarea de comunicar
íntimamente al género humano.
Esos esquemas nuevos para la nueva coyuntura nacional se
cruzan con los esquemas del mundo. La segunda parte del siglo XX nos ofrece una
ciencia enriquecida, y debemos por ello, junto a nuestra conciencia nacional,
aprovechar los resultados modernos del progreso, y por medio del esfuerzo,
dejar nuestra demorada realidad superando el deterioro físico y moral,
económico y social, científico, técnico e intelectual que la inercia ha
provocado y recuperar tanto tiempo perdido. Nadie podrá ignorar que una gran causa
nacional argentina nos espera, y una fuerte voluntad no exenta de suavidad y
diálogo será el método por utilizar.
La aplicación de la ciencia y la tecnología supone la
necesidad de dar constante impulso a la enseñanza, haciéndola accesible a
cantidades crecientes de habitantes y promoviendo la especialización técnica de
éstos. El pleno desarrollo de la personalidad moral, cultural y física de
nuestro pueblo supone una reforma de la educación que garantice idénticas
posibilidades a las nuevas generaciones, capacitándolas para el cumplimiento de
la responsabilidad nacional y humana que les compete.
Debemos acrecer el número de nuestros técnicos, procurar su
estabilidad y evitar su éxodo; estimular sus afanes de progresa, su imaginación
creadora, su responsabilidad ante el desafío que les lanza la angustia y la
esperanza de los hombres.
El gobierno, como ha sido señalado antes, ha de remover los
obstáculos presentes y promoverá la necesaria infraestructura económica y
social, preservando el precioso bien de la libertad, sin el cual la ciencia no
florece ni cumple su destino trascendente.
La vastedad de la tarea a cumplir en el ámbito educativo
compromete por sí sola un programa de realizaciones que obligará a volcar en
esta materia todos los recursos necesarios.
Nos pondremos así a crear sin miedo la nueva cultura, como
meta larga y vieja aspiración, jerarquizando al país ante nuestros
descendientes, dando lugar a la juventud para que ella se pueda realizar y
componer una sociedad dinámica y moderna, con un bien perfilado rumbo moral.
Signos contradictorios se advierten en América y el mundo.
Mientras el alivio que ha creado el reciente pacto para la desnuclearización
afirma la idea de que la paz se abre camino en la Tierra, recientes episodios
de fuerza ensombrecen el panorama de nuestra América.
Es muy sensible que esto último ocurra, por cuanto afecta de
manera notable las posibilidades de Latinoamérica. Deben comprender las fuerzas
gravitantes en estos pueblos que cada uno de estos episodios constituye un paso
atrás en el camino del progreso de nuestras naciones, que sólo se podrá lograr
cabalmente el día que tengan consolidada democráticamente su paz interior. No
puede ignorarse que hay causas profundas que generan estos efectos perniciosos.
Removerlos tiene que constituir una de las grandes metas de
nuestro tiempo y de nuestro continente, que debe integrarse armoniosamente en
la electiva vigencia de la democracia.
Debemos tener en cuenta que la paz ya no consiste sólo en el
equilibrio del poder de las grandes potencias, sino también en dar a las
naciones sin desarrollo las oportunidades y los medios para hacer desaparecer
la tremenda humillación de su desigualdad y de la miseria en que viven sus
habitantes. Para universalizar la paz hay que universalizar el progreso y el
bienestar. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos.)
América no puede ser únicamente una nomenclatura geográfica,
sino que tiene que ser una unidad activa orientada y orientadora complementaria
de un orden universal. Volvemos pues, a la preocupación de Hipólito Yrigoyen
(Aplausos} para afirmar «la emancipación de nuestros gobiernos en cuanto a su
política exterior» y para que «esta parte del mundo pueda hacer sentir que si
se toma una decisión es por su propia voluntad libre». (¡Muy bien! Aplausos.)
Debemos hablar con claridad de los motivos para encontrar
prontamente las soluciones. La OEA no se hizo para hacer el desarrollo hacia
adentro, sino para crear una defensa hacia afuera. Había peligros evidentes que
justificaron esa preocupación. Pero frente al problema de América Latina como
existencia y crecimiento la Organización sufre la heterogeneidad de su
composición. En efecto, en ella se han reunido dos mundos: uno hecho, otro por
hacerse. Un mundo tiene la lógica preocupación de su defensa; el otro tiene la
perentoria necesidad de su crecimiento. (Aplausos.)
El desarrollo, de esa manera conseguida en etapas tan
diferenciadas, posterga la solución que cada uno procura para su caso. No es
fácil comprenderse, aun existiendo la mejor buena voluntad de ambos mundos.
Consideramos que es la hora de que la dirección y ejecución del desarrollo en
América Latina se latinicen.
Nosotros creemos, con profunda fe, en los fines de la
Alianza para el Progreso. Podemos decir que el programa de la Alianza es el
programa que piensa desarrollar el gobierno que hoy se inicia. Estamos
totalmente dispuestos a hacer el esfuerzo propio. Por eso mismo consideramos
que si no se latiniza la dirección, del desarrollo continental, seguiremos
dependiendo de un esfuerzo ajeno para llevar a cabo nuestro desarrollo. (¡Muy
bien! Aplausos.)
No habrá, para nosotros, países grandes que debamos seguir
ni países chicos que debamos dirigir, (Aplausos.) Habrá solamente pueblos y
seres humanos igualmente respetables, a cada uno de los cuales ofrecemos una
amistad sin prevenciones.
Pacífica, pero incansablemente, seguiremos procurando la
integración del territorio patrio.
Queremos que la geografía nacional sea efectiva en las
Malvinas y en la Antártida Argentina. (Aplausos prolongados.)
La soberanía nacional tiene que quedar afirmada coma un
imperativo irrenunciable.
No puede escapar a nuestra preocupación de gobernantes, la
importante función que corresponde a las fuerzas armadas en el proceso de la
recuperación nacional.
Custodias de la soberanía argentina, son las depositadas de
una tradición que compromete con sentido trascendente su tarea, que no ha sido
solamente la de llevar sus armas para la hazaña de ganar medio continente a la
causa de la Libertad, sino que han cumplido, en todos los tiempos fecunda
acción civilizadora. En este aspecto de su quehacer, no menos importante que el
considerado como específico de las fuerzas armadas, siempre estuvieron
identificadas con los grandes objetivos del progreso nacional. Ayer
consolidaron nuestras fronteras, y en los lejanos lugares y mares del Sur
cumplieron y cumplen una encomiable labor de afirmación argentina, complementada
con manifestaciones de alto valor científico. Defendieron el patrimonio de la
Nación afirmando una política emancipadora que vincula el nombre de uno de sus
más ilustres jefes a la gesta del petróleo argentino. Otro ilustre militar
promovió el desarrollo siderúrgico elaborando un plan, cuya concreción
definitiva sigue constituyendo una gran aspiración para impulsar nuestra
industria pesada. En la actualidad, las fuerzas armadas cumplen tareas que
representan un positivo aporte a las más diversas manifestaciones de la vida
nacional, acción que deben intensificar y que debe conocerse para un mejor
esclarecimiento de la opinión pública. (Aplausos.)
En los últimos años, el desencuentro argentino las llevó a
enfrentamientos dolorosos y a desenvolver una tarea que no era la propia y que,
en nuestro ordenamiento institucional, no es la prevista para las fuerzas
armadas.
Pero ellas comprenden al igual que los civiles que es
necesario volver a la normalidad, al área de la Constitución; porque hay
demasiado por hacer en la Argentina, para que esta institución fundamental se
comprometa en episodios que están reservados al poder civil. (Aplausos
prolongados.)
En este proceso de reparación nacional, las fuerzas armadas
incorporadas naturalmente a la tarea común, deben armonizar esfuerzos para
consolidar la paz interior y contribuir al bienestar general de la patria.
Este Poder Ejecutivo tiene confianza en el pueblo argentino
todo y fe en el porvenir. Participan de esa confianza y de esa fe las fuerzas
armadas. Ellas también podrán sentirse confiadas y seguras, porque todas sus
dificultades serán superadas con gran espíritu de imparcialidad y justicia, que
permanentemente alentará el nuevo gobierno. (Aplausos.)
Implantaremos en la administración pública un sentido moral
y normas de austeridad que restablezcan la fe y la confianza del pueblo en sus
gobernantes.
Proyectaremos, colaborando con vuestra honorabilidad, una
legislación que castigue severamente el enriquecimiento ilícito de los
funcionarios públicos (Aplausos prolongados) ya quienes sean instigadores o
cómplices de tales hechos.
Señores: el odio
y la violencia son vacíos por sí mismos, porque los que se lanzan a la
violencia o a la inescrupulosidad, no tienen que vencer nada, ni en su corazón,
ni en su inteligencia.
Debemos luchar por el hombre mismo, porque es la evidencia
humana la que hace bambolear los tiranos y falsos dioses. Y si no sabemos con
seguridad que nuestra verdad es la verdad, sabemos bien, en cambio, dónde está
la mentira.
Si nos esforzamos en formar una conciencia nacional, con
justo sentido moral, no nos desesperaremos nunca, ni nos agotará cualquier
encarnizada adversidad, porque sabemos también las razones fundamentales de por
qué luchamos, y desterraremos el temor y será superada cualquier acción
psicológica que pretenda desnaturalizar nuestras rectas intenciones.
En este obstinado combate para lograr una justa con-vivencia
nacional, no asumimos el poder para dominar nuestro país, sino para servir a su
grandeza, no apartándonos jamás de la Constitución y de la ley, asegurando a
todos nuestros conciudadanos iguales derechos y responsabilidades. (Aplausos
prolongados.)
Nos moderaremos constantemente para no ceder a los agravios
contra las virtudes republicanas, y acompañaremos y comprenderemos a nuestro
pueblo para que todos cumplamos con nuestro deber: sentir la Patria y servirla
en profundidad y con sencillez.
(Aplausos.)
Somos conscientes de la responsabilidad que importa el honor
con que el pueblo y los partidos políticos generosamente nos han honrado, así
como también de la multiplicidad y complejidad de los problemas que deberemos
afrontar; pero tenemos la firme convicción de que con la ayuda de la divina
Providencia y de todos los sectores de la nacionalidad, el país podrá ver
concretado un porvenir venturoso de paz y justicia.
Señores embajadores:
agradecemos vuestra presencia en esta Asamblea y os rogamos llevéis a vuestros
países las seguridades de nuestra vocación democrática y nuestros deseos de
poder ser útiles, en alguna medida, a la causa de la humanidad.
Dicha concepción tiene valor universal, y al afanarnos por
concretarla, estamos trabajando no sólo para la Argentina o América, sino para
el mundo.
Señores legisladores:
es tiempo nuevo el que empieza. Levantemos bien alto las divisas precursoras,
congregando a todos para la hazañosa faena, como en las horas liminares.
El país retomará su puesto de prestigio entre los pueblos
libres del mundo.
Hay una meta fijada que debemos alcanzar: la felicidad de la
patria. (Aplausos prolongados.
Los señores legisladores y el público, puestos de pie,
aclaman al excelentísimo señor presidente de la Nación.)
Sr. Presidente
(Gamond). — Señores legisladores: queda levantada la sesión de Asamblea.
—Era la hora 11.50.
Fuente: Juramento y mensaje del Dr. Arturo Umberto Illia al cargo de
Presidente de la Nación Argentina ante el Honorable Congreso de la Nación, 12
de octubre de 1963.
Buenas! Cómo puedo bajarme el discurso. No me da la opción. Gracias!
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