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viernes, 2 de diciembre de 2011

Horacio Oyhanarte: "Subsidio al Aero Club" (13 de enero de 1915)

Sr. Secretario Zambrano- El señor diputado Oyhanarte propone como inciso 2, ítem 3, partida 5ª, 30.000 pesos para el Aero Club.

Sr. Oyhanarte- Pido la palabra.

No ha de sorprender, señor, que un espíritu que tiene su vertical tendida hacia lo alto, cometa casi la irreverencia de venir a pedir –a pesar del momento angustioso por que atraviesan nuestras finanzas- un poco más de realidad, para adquirir un girón más de ideal y de infinito!
Creo, con profunda creencia, con convencimiento irrevocable, que el Congreso argentino debe de favorecer el acrecentamiento de estos instintos morales, básicos y trascendentes en pueblos jóvenes y vigorosos como el nuestro; que en la cuna de nubes de sus días se desperezan recién, clavan en la inmensidad la pupila absorta; enarcan las alas poderosas como el cóndor andino en las riscosas cumbres, ansiando tender, por sobre la ruta del primer rayo de sol, el vuelo magnífico y generoso (¡Muy bien! ¡Muy bien!)

Debemos, repito, acrecentar, debemos de favorecer la incorporación al organismo nacional de instituciones como el Aero Club, cuyo ideal parecería cernirse en las estrellas aventurando hacia allá a las almas jóvenes y selectas, solventándolas de todas las ramplantes vulgaridades de la existencia, para darles la misma visión que llevara al filósofo griego, a buscar en el cielo la respuesta a las interrogaciones angustiosas que parecen emerger de la tierra. Ya lo he dicho y cabe repetirlo: arriba está la patria del alma, la patria del espíritu, ensoñada y magnífica, irreal e imaginaria, como todas las cosas superiores! (¡Muy bien! ¡Muy bien!)

En los precisos momentos en que el conjunto de las actividades se afirman y se reafirman en lo práctico, en lo material, en lo utilitario, en lo negociable ¿cómo no hemos de necesitar de esta pequeña, reducida y esforzada falange de muchachos que nos ayuden a poner el equilibrio indispensable entre el espíritu y la materia, entre el ideal y la realidad, entre las impulsaciones quijotescas y el inmutable equilibrio de Sancho? ¿Cómo no hemos de enorgullecernos de estos pichones de águila, la gravedad de cuyos corazones está en el confín del horizonte lejano, que se enorquetan sobre las nubes, que cabalgan sobre las tempestades, que se bañan de luz en el lecho mismo de las auroras, que compiten con las aves, que humillan todas las proezas, -heroicos y abnegados- el portento de cuyo vuelo suele fragmentarse trágicamente sin arredrar a los que quedan que, conturbados y solemnes, vuelven de nuevo a recorrer las mismas trayectorias inverosímiles, poniendo sobre el cielo, formado todo de banderas de la patria, la rúbrica de la raza en la afirmación de la espiritualidad y del valor! (¡Muy bien! ¡Muy bien!)

Podría servir, señor, de símbolo a nuestra juventud esta institución ultraterrena, monjil casi, cuyos adeptos merecerían destacarse de la multitud genérica por la corona fresca que ornaba la frente de los poetas antiguos. Sus éxitos futuros y sus realidades actuales se tienden, al igual de un arco de triunfo apoyándose como en dos pilastras, en una viviente realidad y en una gloria definitiva. Entre Fels y Newbery cabe en gradación portentosa toda la demás cuadriga que asalta el sol, batallón invicto que arremete contra los astros para hacernos real y efectiva, consciente y cierta, la turbación bendita que nos llega desde e fondo de la historia y que nos dice con el sublime soñador de la Mancha, que al ensueño y al ideal están reservadas las conquistas más ciertas, las ínsulas más efectivas que la ambición y la audacia humanas puedan erigir sobre la tierra!

He terminado (Aplausos - ¡Muy bien! ¡Muy bien!).









Fuente: Cámara de Diputados de la Nación, 13 de enero de 1915

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