Páginas

martes, 26 de julio de 2011

Carlos Sanchez Viamonte: "La revolución del 90" (26 de julio de 1940)

Sr. Sánchez Viamonte: -Pido la palabra.

En nombre de un partido que no excluye sus vínculos con los hechos que mueven este homenaje, señalamos nuestra posición que, en lo fundamental, coincide con el discurso que acabamos de oír; pero que agrega a esos puntos de vista el que caracteriza su posición ideológica frente a los problemas sociales, económicos y políticos.

Adherimos al homenaje propuesto a la Revolución del 90. Podemos seguir llamándola así, aunque afortunadamente como acaba de señalarlo el señor diputado por Buenos Aires, en este país los acontecimientos que han sacudido la vida nacional no han alcanzado a ser estrictamente revoluciones, después de la única que merece ese nombre: la de 1810, que fundó nuestra nacionalidad. Ninguna de esas sacudidas, a veces en forma de motines, y otras con sentido francamente popular, han ahondado suficientemente como para merecer esa calificación sociológica. No podemos negar nuestro homenaje a esa llamada revolución del 90, porque se presenta en el desarrollo de la vida argentina como un revulsivo higiénico capaz de reencauzar el movimiento político de nuestro país, depurándolo de sus males de circunstancias. No creo del todo exacta la clasificación cronológica hecha por el señor diputado Damonte Taborda, cuando presentaba a las generaciones argentinas, situando la primera en el 10, la segunda en el 53 y la tercera en el 90. Creo que la generación del 53 fue la del 37, merecedora, hoy más que nunca, de ser señalada a la consideración del país, porque hay quienes tratan de desacreditarla; generación del 37, cuyo núcleo esencial y primitivo fue la famosa Asociación de Mayo, a la cual pertenecieron la mayoría de los hombres que, ya maduros, dieron el fruto de su experiencia y su capacidad orientadora en la oportunidad que les brindó el Congreso General Constituyente. Tampoco creo que la del 90 represente una generación típica. Ella es la del 80, que tenía ya realizada una buena parte de su labor constructiva cuando el episodio a que nos estamos refiriendo le sirvió de sacudida, de remozamiento y de encauzamiento, como antes lo he expresado. Es exacto lo que acabo de oír, porque los hombres del 80 interrumpieron un instante, nada más, su labor constructiva, con motivo de la revolución del 90, y la continuaron -podría afirmar -sin solución de continuidad esencial, realizando la obra institucional de que hoy disfrutamos, mal grado los defectos que pueda presentar en detalle.

Toda esa labor es la que preparó el Estado de nuestro tiempo, en cuanto a instituciones se refiere; pero conviene señalar que podemos estar orgullosos de recordar a esas tres generaciones argentinas, porque además del trabajo intelectual que realizaron, nos dieron ellas, las tres, sin excepción alguna, un ejemplo de dignidad, de moralidad, de esfuerzo y de sacrificio que bien podrían servirnos de emulación en este instante. La continuidad de la patria está en la historia de sus instituciones, en la historia de su cultura y también en la historia de sus hombres. Sería absurdo renegar de esta evolución que se opera en el tiempo y que nos presenta con una limpidez cristalina, el esfuerzo realizado por los hombres de nuestro país para la realización de nuestro destino común. Por esa causa, los que hablamos en nombre de un ideal que aún no ha tenido posibilidad de realización en nuestro medio, sabemos que podemos apoyarnos con orgullo y satisfacción en estos episodios que escalonan la vida argentina y que nos permiten creer en la posibilidad de un futuro en que alcancemos realizaciones aún no logradas, y acaso, aun sin comienzo de estructuración entre nosotros. Como socialistas, nos consideramos dentro del alma nacional, ocupando un lugar que podrá no ser mejor, pero que de ningún modo es inferior ni menos puro que el que corresponde a cualquiera de las demás agrupaciones políticas del país. No podemos tener una genealogía muy lejana como partido político; pero acaso desde el punto de vista ideológico, la tenemos mejor que todas las demás agrupaciones argentinas. Ya Esteban Echeverría usaba la palabra "socialista", para fijar el concepto espiritual, social y político de la Revolución de Mayo. Su "Dogma Socialista", "nuestro código", como le llamaban los hombres de 1837, que son también los hombres de 1853, establece la interpretación más profunda, hasta ahora, de la Revolución de Mayo y de sus alcances futuros. Y esa palabra "socialista", en boca de Echeverría y de sus compañeros y contemporáneos, tiene sin duda un sentido menos preciso y menos concreto que el que le damos nosotros; pero el mismo valor moral, el mismo afán idealista, el mismo noble empeño de la realización de una sociedad mejor.

Nos creemos con derecho a llamarnos los continuadores de ese ideal y de ese esfuerzo desde un punto de vista diferencial con las demás agrupaciones políticas argentinas y, por eso mismo, continuadores de lo más profundo que hay en el ideal de Mayo. Por esa causa es que habiendo sido muchas veces los que hemos señalado los errores e inconvenientes de un patriotismo exagerado y puramente formal y frívolo, no hemos vacilado en los momentos en que el país lo ha exigido, para afirmar nuestro sentido profundamente argentino de la vida y para proclamarnos los continuadores de su espíritu en el tiempo.


Después de hacer estas declaraciones y en la creencia de haber aportado algo a esta celebración, declaro que nuestro partido, por medio de nuestro sector, adhiere, también a esa revolución de 1890, para la cual ha pedido homenaje el señor diputado por la Capital. (¡Muy bien!¡Muy bien!)





Una barricada revolucionaria en la calle Talcahuano








Fuente: "La revolución del 90" por el Diputado Nacional Dr. Carlos Sanchez Viamonte en la H. Cámara de Diputados de la Nación Argentina en Carlos Sanchez Viamonte: "Ciudadano de la República" prólogo y selección de Oscar García Marteau, 1998.






































No hay comentarios:

Publicar un comentario