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martes, 14 de junio de 2011

Moisés Lebensohn: "Yrigoyen visto por nosotros" (marzo de 1932)

En marzo de 1932 un grupo de dirigentes radicales de Junín visitó al Dr. Hipólito Yrigoyen.
Describiendo sus impresiones sobre esta entrevista, el Dr. Lebensohn publicó el siguiente
artículo en «Democracia»


Impresiones recogidas en una visita al ex-primer magistrado
Por la puerta entreabierta se distinguía su figura. Alto, fuerte, su silueta bien plantada, escuchaba la palabra fina y emocionada de una mujer. Era la de ella una emoción un tanto contagiosa porque recordaba episodios de un cercano e ingrato pasado. Junto a nosotros el Dr. Antille, su defensor, nos relataba las alternativas del proceso al ex presidente.
 Debe desecharse el indulto -nos dijo- porque es necesario que la justicia se pronuncie. La resolución del gobierno de facto pretende evitar el fallo absolutorio que incuestionablemente pondría fin a la absurda acusación.

 Con Yrigoyen
La puerta de la sala giró. El líder del radicalismo nos tendía su mano. Erguido, algo más delgado que antes, de cabeza firme y robusta, tez bronceada, de rasgos recios, hechos como para facilitar -al decir del poeta- la labor de los buriles seguros del futuro. Cabellos negros, entre los que se diseña uno que otro blanco, enmarcan la frente espaciosa. La voz, de graves inflexiones, suave y fácil, lenta y acariciante, tiene tonalidades persuasivas que deciden. Su mirada .es escrutadora al par que apacible y sus ojos reflejan la serenidad de quien tuvo la virtud de saber esperar, de quien, en la lucha perseverante por un ideal, se sobrepuso a los altos y bajos del ajetreo ciudadano, con la vista tendida siempre más allá.
 
Las elecciones del 5 de abril
Su primer comentario fue uno halagüeño para el triunfo de Junín en los comicios del 5 de abril. El ex presidente recordó los días de su confinamiento en Martín García y las estrecheces que debió sufrir. Volviendo a las elecciones de Buenos Aires por concurrir a las urnas, mencionó la forma como pudo -llevar un consejo a los dirigentes de la provincia, pese al asedio implacable de los oficiales de marina, que noche y día lo custodiaban. Mientras que le atendía su dentista, el Dr. Guardo, logró murmurarle.
- Dígale a los amigos que vayan.
En la semana siguiente el Dr. Guardo con una inclinación de ojos le trajo la buena nueva. El consejo había sido escuchado.

Buenos Aires: Problema nacional

La situación institucional de Buenos Aires preocupó largo rato la atención de Yrigoyen.
El problema de Buenos Aires dejó de ser local -fue su conclusión- para transformarlo en nacional. No debe ser encarado solamente por las autoridades partidarias de la provincia, sino por los organismos nacionales que son los únicos que pueden contemplar la cuestión en toda la complejidad de sus aspectos. Somos un partido que abarca toda la república y los legisladores de Buenos Aires deben obrar en concordancia con el radicalismo del resto del país. La gran fuerza que esto significa ha de constituir su sostén más valioso.

Unidad de Acción
Este criterio de Yrigoyen es el que ha informado su pensamiento en todas las circunstancias. Los demás grupos políticos fueron pequeñas fracciones oligárquicas dedicadas al usufructo de la cosa pública, sin la preocupación superior ni una inquietud general. El radicalismo fue la primera fuerza nacional que sostuvo una bandera, de extremo a extremo del país, y que se sintió identificada y solidarizada con todas las palpitaciones de la vida nacional porque la agitaban ideales comunes a todos sus habitantes. Por eso para la Unión Cívica Radical no es un problema local de Buenos Aires. Al sostener los comicios del 5 de abril no defiende posiciones conquistadas, sino el respeto a la soberanía popular cuyo desconocimiento es un ultraje a toda la nación y cuya libre manifestación fue la causa primordial de la organización del radicalismo.

El respeto a la vida humana
Expusimos los planes propuestos para la constitución del gobierno legal de la provincia.
Es preciso obrar con suma cautela -repuso el ex presidente-. El desplazamiento que teme sufrir esa gente puede impulsarles a reacciones semejantes al atentado cometido en la calle Florida. Hay que evitar a toda costa la posibilidad de que se afecte, en lo más leve, un solo ser humano.
La voz de nuestro interlocutor estaba llena de energía y de sentimiento. Un amplio ademán subrayó con vehemencia las palabras de quien dejó primar en su vida las expresiones de su corazón. Esa devoción por la existencia humana, por el hombre considerado como finalidad en sí mismo, es la característica más nítida de Yrigoyen. Recordamos aquella memorable propuesta a las empresas ferroviarias. «Cuando Uds. alegaban los perjuicios que experimentaría el transporte de la hacienda» -los intereses de la riqueza- «yo pensaba en las jornadas de labor de catorce y dieciséis horas de los señaleros» -el hombre. Una nueva política se inauguraba y adquiría su expresión gráfica y sintética en esta contraposición definitiva. Desaparecieron los gobiernos patrocinadores del privilegio. En el sillón de Rivadavia se sentaba el que habría de convertir al Estado en el órgano tutelador de los derechos de los hombres. Porque siempre profesó la misma religiosa pasión por la vida humana y por su mejor desenvolvimiento, propició leyes justicieras amparadoras del trabajo, y cuando el mundo, presa de desvarío, se precipitó en una contienda que lo llenó de desolación, supo reservar, pese a los ataques, los beneficios de la paz y de la concordia.



La dignidad de su conducta de siempre
La conversación se había prolongado más de una hora. El ex presidente nos despide. La figura del caudillo más grande de nuestra historia cívica, orgullosa de su soledad, se alejó revestida de la dignidad que impone su conducta de siempre. Su pasión por el bien público, sus decisiones maduradas, su conciencia de pura argentinidad, su instinto democrático, adquieren su expresión más alta en la irreductible unidad de conceptos y de lucha que orientó su vida. Inmutable a los halagos y a las persecuciones, su batallar permanente por la libertad electoral, baluarte de los derechos populares, floreció en la ley que la justicia de la posteridad denominará Yrigoyen-Sáenz Peña, más consolidada ahora que nunca, después de soportar la arremetida despiadada de la reacción.
Y para que nada faltara a su estatua, el martirio de la prisión y el de la calumnia irresponsable pretendieron ensombrecer su ancianidad ilustre. También caen tormentas sobre los mármoles. Y los blanquean.
Las sedicentes clases directoras descargaron sus odios sobre el conductor de su pueblo que por ser tal era su enemigo. Si Mirabeau viviera habría de repetir su imprecación: «En todos los países, en todas las edades, los grandes han perseguido implacablemente a los amigos del pueblo».
En la calle los transeúntes levantan su mirada hacia los balcones tras los cuales adivinan al ex presidente. En su retiro jamás faltará el eco solidario del pueblo argentino, de la clase sufriente y laboriosa del país. Por ella combatió sin descanso y con firmeza. Para ella conquistó derechos y garantías dentro de las modernas orientaciones sociales. Yrigoyen, así, a secas, es un pedazo del corazón de la multitud. De la multitud auténtica que no va tras la prebenda oficialista ni se afilia a ligas chauvinistas sino de la que en el hogar, en el surco o en la fábrica, hace prácticamente un cotidiano voto de patriotismo.

Moisés Lebensohn.





















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