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sábado, 19 de marzo de 2011

Ricardo Balbin: "Aceptación de la candidatura a Presidente" (6 de agosto de 1951)

Honorable Convención:

Habrán de comprender que entendemos el momento trascendente que vive el partido y el país, y habrán de saber que alcanzamos la responsabilidad que importa esta designación de la Convención.
Falta el acto formal de que los hombres elegidos digan sus palabras en el superior organismo partidario; no sé si se estila decir que aceptamos. Creo que no, porque importaría una determinación de tipo personal, un discernimiento propio, y entiendo que aquí afrontamos una decisión y una responsabilidad de todos, para comunes ideales. Nosotros decimos que acatamos, que encierra un significado, un histórico significado, el de ratificar en el tiempo, que el radicalismo es superior a sus hombres, está por sobre sus hombres, es superior a sus hombres porque la Unión Cívica Radical tiene el derecho de disponer de ellos.
Es necesario vivirlo así para que sobreviva en el tiempo cuando se hayan ido los hombres que lo sirvieron con honor y con orgullo.
Nosotros decimos esta palabra de acatamiento porque es fundamentalmente importante, para definir, para nosotros y para todos, el sentido moral de este partido, de este extraordinario partido. Al acatar expresamos que queremos mantener la consigna como un imperativo permanente en el radicalismo, como
una demostración de que nosotros queremos servir la "causa creadora de esta Unión Cívica Radical" y servirla es tenerla permanente y entregarla a la permanencia de las nuevas generaciones
argentinas. Tendríamos lógicamente, dentro de una democracia que vive la democracia, que decir en este alto organismo partidario cuáles son nuestras ideas y cuáles nuestros propósitos.
No tenemos ideas personales, ni propósitos personales; estamos con la filosofía social del radicalismo, con el programa que ha trazado esta Honorable Convención, con la labor de ustedes, que tienen para el país, definido el radicalismo, su sentido económico, su profundidad social, su orden cultural, sus claras definiciones morales que hacen al alma y al espíritu de todos los argentinos; esa es vuestra obra, porque habéis deliberado
con altura y con patriotismo.
Nuestro deber no es llevar nuestras ideas personales, sino cumplir la esperanza de vuestras resoluciones. Así trascenderá en el tiempo como realización de todos los hombres del partido que creen en las bondades de él y definen las ideas en la agrupación.
Este es nuestro sentido y sería absurdo que nosotros pronunciáramos palabras dirigidas al pueblo o al partido que importaran ofertar cosas para ganar voluntades; nosotros queremos que las voluntades las haya ganado el partido, con su historia, con sus definiciones y con sus sacrificios. El país sabe bastante del radicalismo como para que no tenga el derecho a equivocarse en los tiempos que vienen. Esta es, señores convencionales,
una acción más en el camino de la larga lucha argentina; nosotros la acatamos. Entendemos que puede ser la última, quiera Dios que sea la última, para bien del país y de la democracia, pero que si tiene que ser otra, cuéntenos a nosotros también integralmente.
El servicio de la República no admite defecciones. 
Entendemos, además y sobre todas las cosas, que es indispensable y necesario que los radicales digamos ahora para adelante, repitiendo la consigna de todos los tiempos, que quien quiera entrar en este partido ofrece la vida a la argentinidad, porque siempre busca los mejores climas para que vivan en felicidad y en decoro los hijos nuestros que son las generaciones que vienen al país, para que siga siendo el país. Nosotros afrontamos hoy la más terrible contingencia política argentina; no hubo ningún tiempo como éste. Hubo errores, hubo desaciertos, tal vez hubo algún crimen, pero nunca jamás el país soportó la posibilidad de un régimen que negara al hombre dentro de la Argentina. Este es el drama del país, la negación del hombre, por un hombre que ha dejado de ser y tener las calidades de tal en la conducción del país. El régimen ha destruido las esencias fundamentales de Argentina, lo que se muestra desde sus casas de gobierno y de sus centros gestapistas no es Argentina, es la anti-Argentina. Se ha destruido totalmente la democracia y ahora, el régimen espera en su última batalla destruir totalmente al hombre.
Nosotros, señores convencionales, con nuestro programa, con nuestra voluntad, con nuestro sacrificio tendremos que andar el heroico camino de ganar al hombre por el hombre mismo; con el hombre emancipado política y económicamente construir la democracia argentina y con la democracia argentina rehacer de nuevo el país, que no es hacerlo de nuevo, que es hacerlo siempre, como una tradición eterna y permanente de lo argentino en el mundo.
Si nosotros, señores, alcanzamos este ideal, habremos hecho un profundo servicio al país, porque estoy convencido, como lo estuvo convencido Yrigoyen en otra época, que cuando la democracia
sea una verdad en la Argentina, será una posibilidad en América y reirá un poco más la humanidad de todo el mundo.
Esta elección que habéis hecho vosotros es un pronunciamiento de la Honorable Convención de la Nación, organismo superior del partido; es el partido, es todo el partido. Nosotros recogemos la designación así, que representa a la Unión Cívica Radical y decimos con la honrada palabra de todos los hombres del radicalismo que estuvieron antes que nosotros y que nosotros debemos repetirla para los que vienen: "aceptamos la voluntad del partido para todo el partido".
Todos haremos la obra o no lo hará ninguno, esta es la verdad; es el esfuerzo de una generación de argentinos. El destino ha querido, para orgullo de esta gran fuerza, que sea ella la abanderada de la gran causa argentina; nosotros somos una modesta cosa dentro de la fila extraordinaria de la esperanza del país. El radicalismo es el abanderado de la República; apenas si nosotros somos una pequeña bandera que marca un escuadrón dentro del gran esfuerzo argentino.
Salga el radicalismo con su fe y con su esperanza; Argentina espera y llegaremos; estoy seguro, porque es un imperativo de la historia.
Argentina no nació para esto que exhibe hoy la Nación. Nació para otras cosas superiores. Vamos a esas cosas argentinas con fe y con seguridad.
Quién sabe si la historia no nos está esperando.








Fuente:  Discurso pronunciado por Ricardo Balbín ante la Convención Nacional de la UCR, el 6 de agosto de 1951, al aceptar la candidatura a Presidente de la Nación.

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