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martes, 14 de diciembre de 2010

Ricardo Balbín: "Antipatrias y Entreguistas" (16, 24 y 25 de Agosto de 1949)

Sr. Presidente (Cámpora). – Tiene la palabra el señor diputado por la provincia de Buenos Aires.
Sr. Balbín. – Haré un extraordinario esfuerzo para mantener mi serenidad. Soy hombre capaz de comprender circunstancias: por eso cuando el señor diputado por Buenos Aires empezó su discurso diciendo que ésta era una sesión histórica, porque se iba a ratificar, mediante la votación de la Cámara, un tratado para el país, cuando tuvo palabras de exhortación, para los señores ministros, yo sentí satisfacción espiritual comprendiendo que un sector importante de la opinión del país se sentía orgullosa de sí misma y de sus representantes.Oí con agrado las manifestaciones del señor ministro de Economía cuando, también llevado por el optimismo, llamó a los sectores del cuerpo para que, si era posible, se encontraran en una votación general de la Cámara para consagrar el tratado.Pero me ha sorprendido verdaderamente en esta oportunidad la derivación trascendental que luego dio a esta cuestión el señor diputado por Buenos Aires. El señor diputado tiene razón: ésta va ser una sesión histórica y por eso me alegro de que para su definición esté la casi totalidad del cuerpo y el Poder Ejecutivo de la Nación. Se decide el rumbo de una parte de la economía argentina en cuanto se concretará la aprobación de este tratado con Gran Bretaña; pero más histórica por eso –que hace exclusivamente a la economía del país- va a ser histórica por las consecuencias que derivan del posterior planteo hecho por el señor diputado por Buenos Aires.Yo no he de pronunciar una sola palabra de agravio ni he de definir actitudes personales ni fijar conceptos sobre hechos aislados. No creo en los momentos en que se decide el destino democrático de una nación, los hombres tengamos que detenernos en el agravio personal o en las pequeñas cosas, porque son más grandes y más extraordinarios los destinos futuros del país.No podría, señor presidente y señores ministros del Poder Ejecutivo, disminuir este debate en representación de la Unión Civica Radical. No podría condicionar nuestra actitud futura, es esta emergencia, a hechos que hacen a la vida política de los partidos. No podría estar condicionada tampoco a la buena o la mala conducta del ciudadano.Yo sé, señor diputado por la provincia de Buenos Aires, que su planteo es mas hondo, más profundo, más trascendente. Pero le voy a dar una grata noticia: no ha sorprendido al bloque de la Unión Civica Radical. Este acontecimiento trascendental en la vida de nuestro país ya lo tenemos advertido desde hace tiempo.Rogaría que no pensaran los señores diputados, a través de ninguna de mis palabras, que busco la polémica fácil. Quiero ir condicionando mi pensamiento de acuerdo a los acontecimientos del propio país y sobre hechos que han ocurrido a la República.Hace más de tres años que estamos en estas bancas; hace más de tres años que somos actores en este cuerpo que todavía es parte del Parlamento de la República. Hemos visto desfilar la legislación; no éramos actores fríos y torpes en la comprensión de los episodios que estaba viviendo la Nación y había de vivir en adelante. Nosotros tenemos conciencia –ustedes y nosotros- del alcance de la legislación que, no obstante nuestra oposición, ya se ha dado al país. En muchas leyes que no enunciaré –porque están en el conocimiento de los señores diputados- su fue concediendo facultades al Poder Ejecutivo por sobre los límites de la vieja Constitución, la histórica Constitución del país. En ciertas leyes teníamos la idea o el convencimiento de que se iba armando un poder fuerte en la República. Alguna vez en aquellos debates advertimos la posibilidad de la deformación democrática, y de que en algún instante el Poder Ejecutivo con tales facultades modificara el temperamento y la orientación del gobernante.Yo creo, señores diputados, que estamos viviendo en el país esta crisis de poder. Se modifica, se transforma, ya es más fuerte que todos nosotros juntos y ya puede, a mi juicio, hacer todo cuanto le plazca, fingiendo inclusive la utilización de la ley.Tres años hemos estado conviviendo en este cuerpo, chocando, discutiendo, fijando nuestros pensamientos. No se podrá negar jamás que cuando a esta Cámara vino un problema trascendental para el país, mi partido no haya dicho su autorizada palabra y aportado su contribución patriótica para dilucidar esos trascendentales problemas de la Nación. Democráticamente, nosotros hemos cumplido dentro del Parlamento; partidariamente; hemos cumplido bien con nuestro prestigioso partido.Este proceso en el que ahora se habla de antipatrias, de gente entregada al capitalismo extranjero, de traidores al país ¿es un descubrimiento nuevo del Poder Ejecutivo o era un arma secreta que alguna vez habría que utilizar?
Sr. Roche. – Nació con Braden.
Sr. Balbín. – Yo sé que para ustedes nació con Braden. Pero si así fuera podría pensarse que existiría complicidad en quienes conociendo aquello permitieron este convivir en la Cámara y este participar en la conducción de las cosas del país.Yo creo que es exacto que para ustedes nación con Braden, pero también es cierto que el Poder Ejecutivo lo utiliza cuando a él le conviene. Esta es la verdad. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)Somos una fuerza política que tiene su historia, su responsabilidad, sus antecedentes, sus aciertos y sus errores, tanto en el ejercicio del gobierno –que fue democrático en el país cuando el radicalismo gobernaba- o en función de oposición, desde el llano. Somos una fuerza política que viene de mucho más lejos de donde lo ubican los señores diputados para este proceso.Pero lo evidente es que los antecedentes que se agitan ahora tienen otra dirección, otra finalidad, y tendrán otras consecuencias. En nombre de mi partido, y antes de seguir más adelante, declaro con solemnidad de argentino, que no veo en ninguno de los hombres del radicalismo un traidor del país; pero si está en el secreto del gobierno que algún ciudadano es traidor de la República, nosotros votaremos con las dos manos la sanción que merezca esa traición. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)Un hombre o dos hombres no hacen un partido político, ni lo disminuyen ni lo agrandan. Nosotros ofrecemos todos los hombres del partido desde el presidente del Comité Nacional hasta el más alejado afiliado; todos forman nuestra agrupación y garantizo a todos, porque a sabiendas no podría complicarme en la ocultación no ya en mi carácter de partidario, sino en mi condición de argentino.Puede que haya en el país traidores, puede que estén en alguna parte; ofrecemos buscarlos en todos los rincones y esperamos del peronismo la misma valentía en la decisión de encontrarlos para su castigo. Pero con hidalguía, con decoro, con dignidad argentina, con la vieja honradez de este país. Que se investigue todo por hombres argentinos, pero no por aparceros de partidos políticos.Vamos a superarnos hoy todos, vamos a considerarnos un poco más todos, vamos a ver si en estas grandes encrucijadas de un destino político, todos nos sentimos argentinos en esta investigación, que será histórica, por dos razones: porque la Unión Civica Radical se salvará, puesto que es una permanencia en la República, y porque se salvará el prestigio del país. Yo no creo que haya un argentino bien nacido dentro o fuera del país y que sea un traidor.
Hasta el instante mismo de la prueba irrefutable yo me declaro en solidaridad con todos los argentinos de esta tierra. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Nosotros en lo más reducido del comentario, sabíamos que este acontecimiento habría de producirse. Pudimos, antes de ahora, frente a una prensa que nos es adversaria y que tiene sabor oficial, haber planteado cuestiones de privilegio cuando se nos agraviaba. Por ética ciudadana, por decoro democrático, no lo hicimos. Hombres de lucha, de ruda lucha dentro del país, al servicio de doctrinas, de convicciones, de pensamientos políticos, que consagran para el país el ejercicio de la democracia, decimos nuestras verdades y nuestros aciertos en todos los puntos del país afrontando siempre todas las responsabilidades.Pero habrá de convenirse y comprenderse que los hechos que ocurren en la República no son exclusivamente de nuestro conocimiento. Más informado que nosotros está el Ejecutivo de la Nación, que cuenta con todos los medios de información.Yo no diré que ya esté en crisis nuestra fuerza política. Sería una jactancia de mi parte. Pero sí puedo afirmar, como hombre de partido y como ciudadano democrático del país, que nuestra fuerza se acrecienta, que hay una reorientación en cierto sector de la República. Y si nosotros lo vemos con alborozo como el triunfo de nuestra verdad de nuestra prédica, debo comprender que el Poder Ejecutivo la ve como un adversario que se agranda. Evitar este proceso es el problema de esta tarde. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Habrá que terminar de alguna manera con esta fuerza que molesta. Si se piensan abandonar los caminos abiertos y libres de una convivencia democrática y marchar con afanes dictatoriales, yo debo comprender honestamente que nosotros somos una molestia seria en ese propósito, y porque sabe bien el Partido Peronista de las profundas solidaridades partidarias dentro de la Unión Civica Radical y sabe cómo y hasta dónde pueden jugar estas solidaridades, pretende crear situaciones, en la búsqueda de actos que beneficien sus propósitos ocultos.Esta investigación así buscada y que desde ya cuenta con el voto unánime del bloque para votarla hoy mismo tiene ese rumbo.Nosotros hemos sido advertidos de la posibilidad de atentados contra cierto diputado o diputados de nuestro sector. En ninguna tribuna de mi partido se ha hecho esta denuncia concretamente, y los hombres que podríamos estar alcanzados por eso que puede o no ser la verdad de una determinación, desde hace tiempo nos estamos prodigando en la calle para ver dónde están los agresores y para que le hecho acontezca lo más rápido posible. Hay cosas y desgracias que los países necesitan para reencontrarse en lo digno y en lo grande. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Yo sé, señores diputados peronistas, que ustedes también deben pensar así. Nosotros sabíamos desde hace tiempo, por azares de información –a veces los espías traicionan a sus causas, como un proceso lógico de los que no nacieron para vivir cara al sol, sino para vivir arrastrados por el suelo y por la paga – que este asunto se plantearía. La información resulta cierta. Hoy se comprueba.Nosotros tuvimos la sospecha de que las denuncias por torturas seguirían otro camino. Pero para este proceso se ha advertido que luce más hacer la investigación de esta manera que torcer la de las torturas. Por eso, sin querer, se ha traicionado un poco el señor diputado por la Capital, porque para hablar de estos hechos no se debió haber acordado de que la comisión sobre torturas no servía para esos fines.Es un proceso nuevo –discúlpeme, señor diputado por la Capital- traído por el señor diputado por Buenos Aires. El fue leal. Dijo la verdad: que no sabía como había que hacer esto, ni cuál sería el mecanismo que arbitraria la Cámara. Estaba de más decir que el bloque le iba a alcanzar la oportunidad. Pero ocurre que adhiere de inmediato el señor diputado por la Capital, presumo que con intenciones patrióticas; y al pedir que se nombre una comisión investigadora de lo que llaman la antipatria se acuerda de las torturas, como traicionado por el subconsciente.
Sr. Decker. - ¿Me permite el señor diputado una breve interrupción?
Sr. Balbín. – No, señor diputado. Son cosas demasiado graves las que están ocurriendo y las que van a ocurrir. No perdamos el tiempo en interrupciones intrascendentes.Teníamos conocimiento de este movimiento que se viene acomodando con pasividad policial; pues los que andan por las calles a pie, como andamos muchos de nosotros, habrán advertido que hace mucho tiempo en los muros de la ciudad aparecen carteles agresivos y groseros como primeras manifestaciones del ensayo. Hay mucha policía en la Capital, y sin embargo hay carteles en todas las esquinas, en los que se acusa de antipatrias a hombres que todavía no han sido juzgados. Se lo hace por cierta prensa, desde hace unos días, formando así el clima que llega a la alta tribuna argentina, en la que lucieron magníficos presidentes de la Nación. Y el señor presidente de la República – no creo que habiéndose eco de esos argumentos de la calle, pero sí respondiendo a una firma idea- anunció entre líneas el propósito. De inmediato, patrióticamente, nosotros reaccionamos frente a la acusación. Recuerden los señores diputados que luego del discurso del presidente reclamamos que se aclarara todo y pronto, porque queríamos construir para adelante, en la seguridad de que la Unión Civica Radical no habría de ser alcanzada por la sospecha, y porque desde ese instante ninguna ley valía, por cuanto aunque la voten cien, basta para la invalidez que la vote o traicione uno.Salimos a la calle, a nuestra vieja manera democrática. Ahí tienen las versiones de la Policía Federal. Desafiamos la comprobación, no con orgullo de radicales, sino con dignidad de argentinos. Nosotros reclamamos. Esta es nuestra primacía. Lo formal lo realizan ustedes, porque son la mayoría. Nosotros aquel día, con nuestro escaso número, con este magnífico escaso número que tiene el país al servicio de la libertad, lo pedimos, y nuestros votos no alcanzaron a obtener la investigación. Creyendo y respondiendo al sentido popular del país, salimos a la calle, e hicimos permanentemente el desafío.Ahora ha llegado la oportunidad. Este es el momento. Y que cosa curiosa y poco elegante se trae este día, día en que el Poder Ejecutivo viene con lo que llama su grande iniciativa, y para demostrarla sancionada al país mañana. Se ve así cómo ya en el país lo material y lo espiritual están tan confundidos y de tal modo, que hasta aquí, en el momento en que hablamos de intereses y aspectos materiales, se plantean a mezquinamente cuestiones que hacen a los estados espirituales.Señores diputados: se han equivocado. Era más importante averiguar primero la traición, que haber perdido cuarenta y tantas horas en la discusión de un tratado. Es mucho más importante para nosotros investigar las cosas que hacen al espíritu, a la decencia y a la dignidad, cosas permanentes de la República, que haber tenido a considerar lo comercial primero y lo espiritual después, merecía el país un tratamiento inverso, señor diputados peronistas. Si así hubiera sido, habría tenido esta consecuencia: que, investigados todos, tendríamos la prueba cierta de que ningún traidor hubiera votado ese tratado relacionado con la economía argentina.Esto es importante, pero debo agregar que al país se lo traiciona de muchas maneras, señor presidente. No se lo traiciona exclusivamente conviniendo o entrampando con ajenos, o con hombres extraños; al país también se lo traiciona cuando se lo roba o se lo defrauda (¡Muy bien!)
Es tan importante una cosa como la otra. Tanto traiciona al país quien se cotiza a un extranjero como el que teniendo patente de decente estafa la economía de la República. (¡Muy bien!)
Eso tenemos que investigarlo, señor diputados argentinos, porque es muy importante, porque es fundamental, porque si encontramos, para escarmiento a alguien que haya traicionado con los de afuera, bueno es que también encontremos a los defraudadores de adentro (¡Muy bien!), para que quede limpio el futuro de la República. Ya ven señores diputados como somos los hombres de la democracia: amplios, abiertos y emocionales. En este país no se puede ser argentino sin ser emocional, porque la emoción hace a las grandes cosas del país. No he visto, señores diputados, a ningún frío general ganar la guerra, pero sí a los que han puesto emoción en el alma y entusiasmo en el manejo del sable. En nuestro país todavía los soldados nunca se emborracharon para la pelea, porque siempre estuvieron borrachos de emoción y de orgullo argentinos.Así, señor diputado por Buenos Aires, se tiene que hablar de estas grandes cosas del país, señores diputados del oficialismo, se tiene que hablar sobre estas cosas democráticas de la República. Sería mezquino y absurdo que disminuyéramos el proceso; seríamos una disminución argentina si no tuviéramos el coraje viril de afrontar la vida de esta manera definitiva.Nada se pierde y todo se gana, señores diputados. La fuerza que tenga el traidor –de adentro o de afuera- se malogrará; seguirá siendo la fuerza perdida. Si en la escalera gigante de mi partido, que va desde arriba hacia abajo, aparece el hombre que ustedes buscan, no malograrán a este partido democrático de América. Si los acontecimientos futuros del país hacen que se ponga con justicia en vigencia la lista abierta de que habló Frondizi, el gran diputado argentino, cuando ustedes expulsaron a los hombres que yo no ocupan estas bancas, nosotros seguiremos diciendo que la lista está abierta, y que aquí estamos nosotros, como una contribución al servicio de la Nación.Señor presidente: yo confío en todos, porque no soy tan pequeño para dudar de nadie, y espero que todo se haga con sentido argentino, que todo se haga con profundidad argentina. Y si por las consecuencias del proceso, por cualquier circunstancia, por formas de lucha, este panorama argentino se lanza definitivamente a la dictadura y tenemos que irnos por nuestra voluntad, estén seguros que la Unión Civica Radical seguirá viviendo y seguirá cantando en la Argentina. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)
 Y si cualquier episodio del país hace que tengamos que irnos rápida y precipitadamente, nuestro partido seguirá sobreviviendo, porque es superior a nuestras representaciones.Alguien se atrevió a decir alguna vez que muerto Yrigoyen se acabaría la Unión Civica Radical. No sabía nada de política quien así se pronunciaba, no conocía la democracia y dudaba de las generaciones. Tanto sirvió el maestro, que todavía en él nos sostenemos, y sirvió en cierto momento incluso, para sobre la simulación de su apostolado aglutinar a todos ustedes, hombres de trabajo. Sirvió Yrigoyen, para las dos cosas como si, desde la inmortalidad, estuviera rigiendo el destino argentino. Sigue en nuestro partido porque nació en él. Es definitivamente nuestro. Y fue tan grande, que permitió que con sus definiciones, con sus lemas y sus principios se formara para engañar la opinión otro grupo argentino. Creo, señor presidente, que Yrigoyen estaba seleccionando desde lejos, porque nosotros seguimos sirviendo en su nombre, y de acuerdo a nuestra inteligencia, con nuestra capacidad, sus causas democráticas. Y hemos estado contra todo lo que significaba la posibilidad de que tuviéramos este encontrón histórico y lo tuviéramos que vivir. Nosotros hemos servido a la causa de la democracia, sin pensar que en el camino encontraríamos como hoy la dictadura.Yo no hago agravios políticos, pero tengo la obligación, cuando se están resolviendo estos grandes problemas, de exhibir argumentos, y afirmar por qué todavía nosotros seguimos creyendo en nosotros y no en ustedes. Pienso que todo ha servido para la formación de esta nueva fuerza política, a la cual yo no le hago ningún cargo, pero tengo la posibilidad de definirla con objetividad de acuerdo a mis convicciones.Yo veo, señores diputados, que dentro de vuestra fuerza –de la que alguna vez dijo vuestro líder que estaba en formación, y que al sostener que no estaba aún técnicamente organizada la definió, creo que sin ningún ánimo de agravio, como turba gregaria -. los eso han ocurrido de esta manera, y ahora precisamente en el proceso realizador advierte el país y advierten ustedes que las cosas no están como antes, que algunas consignas se han cambiado, que algunos lemas no se utilizan porque vienen otros lemas.Ya los líderes del trabajo argentino no cantan aquel himno de esperanza y de satisfacción; seguirán siendo en su mayoría aliados de la fuerza, pero tienen cierta preocupación de espíritu.Nosotros comprendemos, señores ministros, que en las cosas de la economía argentina ustedes hacen un gran esfuerzo realizador. ¿Cómo voy a suponer que pretenden hundir el país? ¡No podrían estar ahí! Hacen lo que pueden y cuanto pueden. La única diferencia que hay en la apreciación de las cosas es que nosotros entendemos que esa conducción es extremadamente equivocada, y nada más que extremadamente equivocada.
Sr. Decker. – El tiempo dirá quién está en la verdad. 

-Hablan varios señores diputados a la vez.

-Sr. Balbín. – Yo no quiero el testimonio de ninguno de los señores ministros, porque creo que estas cosas tienen que resolverse de alguna manera; pero si yo pudiera penetrar en la conciencia de cada uno de ustedes, yo se que allá en lo hondo tienen una intensa preocupación por este tratado y por muchas cosas de las economía argentina.
Sr. Decker. – Tal vez se equivoque y sea lo contrario.
Sr. Balbín. – Dios quiera, señor diputado, que yo esté equivocado del todo; Dios quiera que yo esté equivocado en todo en este instante. Quisiera creer, señor diputado, que esto que pasa no está pasando. Pero utilicémonos siquiera, para encontrarnos en estos grandes pensamientos, en las grandes definiciones, donde los hombres pueden comprenderse sin tener que estarse encontrando en el mostrador de la vida donde todo se toma, se da o se compra para vivir.Yo quisiera equivocarme en todo, señor diputado, porque si por el azar de las circunstancias se realizara un hecho trascendente y fundamental dentro del desenvolvimiento democrático de la República, hoy tienen ustedes el orgullo de la mayoría para la decisión, pero les advierto que es larga la vida y sin embargo a veces no alcanza su tiempo para el arrepentimiento. Cuando se trabaja para algo y no preocupa su destino final sucede que a veces quedan viviendo en libertad los perseguidos y quedan dentro de la cárcel los carceleros.En este proceso del país, señor diputado por Buenos Aires, nosotros no vemos el propósito de investigar persona ni ente alguno. Se trata de algo más serio y más grande se trata seguramente de alejar del escenario del país a una fuerza política; se trata seguramente de malograr a una porción democrática del país, que molesta las intenciones totalitarias.¡Nosotros entendemos y juramos no haber recibido de nadie nada! ¡Nosotros entendemos y juramos como argentinos que no tenemos de que reprocharnos en las cosas que hacen a la definición de la patria! (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Nosotros somos lo que somos y lo que de nosotros el país sabe, y esperamos el nombramiento inmediato de esa comisión. Si desean, estaremos para ver y si no, inclusive damos la ventaja de no controlar la prueba.Y hablo así, señor presidente, porque creo en la honradez de los investigadores. No podría creer en otro propósito.
A un político se lo puede procesar por desacato; a un político se lo puede echar del cuerpo; a un ciudadano se le puede privar del derecho del voto mediante las inhabilidades que prevé la ley. No creo, señores diputados, que ninguno que no sea verdaderamente un miserable invente un traidor en el país. Eso es lo imposible, porque eso sí es un crimen de lesa patria. Criminal es el traidor, pero mucho mas criminal es inventar un traidor para una aventura política. El juego democrático permite todo: triunfar y perder. El hombre político sabe lo que hace con su vida, cuanto pone honradamente al servicio de su causa; esa contribución depende de su emoción, de su pasión y de su sinceridad.
Esos hombres tienen familia, mujer e hijos. En el acontecer político pueden perder la actividad política y sus hijos reconstruir su vida en el mismo o en otro partido, pero no se reconstruyen como argentinos los hombres si los hijos de esos hombres son declarados traidores aunque sea injustamente. Hay que llorar, hay que sentir así para tener derecho a tratar con jerarquía estas cuestiones argentinas.
El señor presidente de la República nos tiene, pues, a su disposición para investigarnos. Fuerza democrática del país, hemos puesto a prueba contra todos el glorioso Partido Radical. Votaremos de inmediato la comisión. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan al orador) 






















Fuente: Ricardo Balbín: "Antipatrias y Entreguistas" (16, 24 y 25 de Agosto de 1949)

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