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martes, 14 de diciembre de 2010

Elpidio Gonzalez: "Adelante los que quedan, y por eso estoy en mi puesto" (1944)

Acabo de arrodillarme ante la Virgen para pedirle que me dé las fuerzas necesarias para seguir la lucha en que estamos empeñados. Agradezco las demostraciones de adhesión y simpatía que inmerecidamente habéis querido tributarme. Quiero deciros que me voy reconfortado frente a estas expresiones fervorosas de voluntad ciudadana que habéis puesto de manifiesto y que dan razón a los ideales de libertad y justicia por los que hemos luchado y consagrado largos años de nuestra existencia. En esta columna en marcha, en la que está representado todo el país, están también junto a los obreros y a los estudiantes, al lado de nuestra vieja bandera partidaria, las fuerzas de la Unidad Democrática, que es una cadena cuyos eslabones ninguno fuerza podrá romper: la vieja Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista, y el Partido Demócrata Progresista, y debemos unir todas las voluntades con firmeza, para enfrentar a esta dictadura y recuperar el sentido de la libertad, de la justicia y de la democracia.</span>
<span>¡ Debemos abrir las puertas y cerrar las puertas. Abrir las puertas para que se incorporen todos los que quieran luchar, y cerrar las puertas y cerrar los corazones para que, cada vez más unidos entreguemos todo al servicio de la República y de la democracia. Os diré en dos palabras qué me ha movido a salir de mi retiro para ocupar el último puesto dentro de las filas radicales. Me ha movido esa actitud de los jóvenes universitarios de la Capital Federal y de toda la República, que vieron que el árbol de la libertad carecía de riego y sin escatimar esfuerzos lo han regado con su sangre, y cuando el árbol de la libertad es regado con la sangre generosa de sus hijos no tarda en dar sus frutos. Los que cayeron en la refriega tenían en sus labios la sonrisa de los vencedores, ninguna mueca de dolor. Eran jóvenes recién incorporados a la balumba humana, con el corazón en primavera, y todo lo han jugado. Yo he oído esas voces y las de ultratumba de nuestros mayores que nos dicen: adelante los que quedan, y por eso estoy en mi puesto. Le decía al representante comunista, mi amigo el profesor Ghioldi, que no sólo hemos de mantener transitoriamente esta unidad, sino que mañana, cerrado el comicio, lo hemos de abrir por la fuerza y hemos de derramar toda la sangre que sea necesaria. Con estas palabras sencillas que brotan del corazón, me despido de vosotros diciéndoos: ¡Viva la patria



























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