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martes, 14 de diciembre de 2010

Gabriel del Mazo: "Docencia eminente de Alem e Yrigoyen" (1955)

La docencia de Alem e Yrigoyen para que no se desvirtúe el espíritu nacional en sus esencias emocionales y éticas, es decir en sus grandes po­sibilidades creadoras, y en su concepción de la política como mística hu­mana y no como simple tópico de partido, influye hasta nuestros días. Su escuela, en el pensamiento y en la acción constituyen la auténtica vida histórica nacional en lucha denodada contra lo antihistórico, contra la adulteración de la índole más entrañable, y en favor de una ascensión digna de lo argentino: un denodado esfuerzo por la conexión del auten­tico vivir personal con el espíritu objetivo. Re hace más vivo y más com- pleto el magisterio desde el 97 al 912. Pero desde el 912 al 922 desenvuelve ciclo extraordinario, sin precedentes en magnitud y en modo en toda nuestra historia.
Esas dos vidas, la de Alem que reivindica la personería del pueblo como "único artífice de su destino"; la de Alem, que dijo además, "hay siempre en el aire de la República, dos programas perpetuos, el del posee­dor y el del desposeído", describiendo de tal modo las dos situaciones con que se plantea la injusticia social; la de Alem, el primero que coincidió íntegramente con el sentimiento moral y lírico de su pueblo y con­denó a los que cometieron infidelidad, que por ser menosprecio de ese tipo de bienes, era infidelidad a la Nación. Esas dos vidas, la de Alem que reivindicó con una rotundidad, no sólo de doctrina sino de hechos concordantes, la condición moral como inseparable de la condición po1itica; y la vida de Yrigoyen que refirmó y enriqueció la fundamentación ética propuesta y constituyó de manera definitiva y espiritualmente in­destructible, la Unión Cívica Radical, esas dos vidas, representan lo más alto y lo más ejemplar en el desarrollo histórico argentino después de la grande epopeya inicial de la nacionalidad.
Cuando se examina el significado del Radicalismo a través de esos dos grandes intérpretes y conductores iluminados de la nacionalidad, vemos en su pensamiento y en su obra una absoluta unidad de concep­ción doctrinaria, sucesivamente enriquecida, de tal amplitud y consis­tencia, que puede transportarse al gran escenario del mundo en sus aspectos fundamentales, como una traducción de anhelos superiores a veces inexpresados pero profundamente latentes de todos los pueblos sud­americanos.






























Fuente: El Radicalismo "Ensayo sobre su Historia y Doctrina", Editorial Raigal, 1955.

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