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domingo, 1 de mayo de 2016

Victor Juan Guillot: "El derecho obrero y el presidente Yrigoyen" (1928)

He podido afirmar alguna vez que la legislación obrera argentina es la obra de la nueva democracia, es decir, de la sociedad política elaborada en la práctica de la ley electoral de 1912.

Esto no implica negar que con anterioridad a esa fecha aparecen en nuestro derecho positivo las primeras manifestaciones de un pensamiento jurídico que ensaya dar respuesta a las aspiraciones de mejoramiento que flotaban, con derivaciones hacia la violencia, en la masa trabajadora del país; la creación del Departamento Nacional de Trabajo, la vieja ley de descanso hebdomadario y la que condicionaba el trabajo de mujeres y menores, preceden a la ley de elecciones de 1912 y se anticipan a la aparición de la nueva clase gobernante habilitada por el sufragio libre y secreto implantado desde aquella fecha en la Republica. Pero esas tentativas aisladas, fragmentarias, habían de paralizarse, como se paralizaron, avenas el régimen político imperante, curado de su "dilettantismo" social, advirtiese los riesgos que el progreso de esa legislación aparejaba para el sistema económico representado por los hombres del gobierno e inspirador de las concepciones aceptadas como directivas del Estado. Era menester transformar la composición de los elencos gubernativos para renovar el pensamiento del Estado en orden a los conflictos de economía social que por entonces estallaban con áspera intolerancia en el vivir colectivo. Ello solo se obtuvo mediante el ejercicio de la libertad política arrancada a las oligarquías gobernantes por un partido político, la Unión Cívica Radical, y entregada al pueblo como instrumento de su Liberation.

El radicalismo en el gobierno significo la victoria pacifica de un pensamiento revolucionario. Empleando la ley como arma, había hecho, — usando una expresión de Gide, — la economía de una revolución; de las formas de una revolución, para ser exactos. He ahí algo que no fue comprendido en el primer momento y que hasta ahora aparece enigmático para quienes se obstinan en deletrear solamente las leyendas externas de ciertos fenómenos político- sociales que se han desarrollado ante su miopía mental. La conquista de la libertad política solo fue para el radicalismo un fin provisional. Se apodero de ella y la transformo en medio ejecutivo de un ideario de justicia social en constante e infatigable superación. El primer presidente radical arranca al Estado de su posición indiferente u hostil frente a las colisiones entre capital y trabajo y practica un intervencionismo orgánico y sistemático conducido por elevadas inspiraciones de humana equidad. Así afirma en la realidad el derecho de intervención del estado en el proceso interno del organismo social, abrogándose enérgicamente los viejos lugares comunes del liberalismo que todavía se invocaba como explicación de la indiferencia o de la hostilidad estatal. No seria difícil identificar los fundamentos y postulados de esa política nueva con los principios de la escuela solidariza que ha tenido por precursor a Berthelot a por expositor y "leader" a León Bourgeois. Pero desechemos inmediatamente toda hipótesis de imitación o aplicación calculada de un doctrinarismo teórico. Absolutamente. Bajo el impulso del pensamiento del presidente Yrigoyen el Estado argentino elabora en la realidad de su política obrera una construcción solidarista empírica, espontánea, original y vigorosa que se da sus fundamentos filosóficos y jurídicos propios. Llega por la vía recta de un camino suyo y orientada por la iluminación de sus exclusivos conceptos, al centro mismo de  la vida real, dejando muy atrás la pesada impedimenta de los principios de escuela todavía detenidos en la morosa elucidación de sus conflictos y controversias. Pero la coincidencia es admirable y se acentúa hasta la identidad cuando se coteja la formula en que la escuela de la solidaridad social compendia sus finalidades — la unión de todos para la vida — con las sustanciales expresiones con que el presidente Yrigoyen, en párrafos de sus mensajes y considerandos de sus decretos, ha definido la política social de su gobierno como una conciliación armoniosa e inteligente entre el capital y trabajo para realizar de consuno el bienestar individual y la prosperidad colectiva.

No puedo resistir a la tentación de una alegoría:

En la aridez de un yermo, agotabase penosamente el esfuerzo de algunos hombres obstinados en arrancar al terrón ingrato los frutos que este negaba avaramente a su labor. Hasta que alguien observo: es menester transformar la tierra misma para que en ella no muerda en vano el hierro de la herramienta que la rotura. Transformemos su composición química, traigamos aguas frescos y fecundantes a sus senos esterilizados por el secano. Así lo hizo en largo y laborioso trabajo. Y en adelante, la tarea de los labradores se hizo fácil y la verdura ondulante de los cultivos cubrió próvidamente la tierra que fuera erial.

Esa es la obra del radicalismo en la sociedad civil argentina. El derecho nuevo, equitativo y humano, cunde con lozanía sobre esa tierra fertilizada secretamente por los recónditos manantiales que nacen en su propio seno como una nueva y enérgica aspiración de sus masas populares, hechas al hábito de pensar, de querer y de ejecutar.

Admiramos el bosque que se alza y espera para dar sombra y frutos a los hombres, asilo a las aves del cielo. Justo es recordar que ese bosque magnifico del derecho obrero argentino ha prendido y se arraiga en el suelo social transformado y fecundado por la acción clarividente y tenaz de un gran partido.

El libro a que estas páginas sirven de introducción no es una obra apologética, aunque haya sido escrita con sincero fervor admirativo, sino una contribución al conocimiento de la labor realizada en la materia de derecho obrero bajo la presidencia del Dr. Hipólito Yrigoyen. Esta escrita para quienes aspiran lealmente a informarse en fuentes insospechables sobre asuntos que les interesa como ciudadanos y trabajadores. Ha sido destinado al pueblo. Su autor es uno de esos jóvenes universitarios que trabajan con inteligencia y modestia en las filas del radicalismo. Sin pretensiones, con la sencilla decisión con que se practica un voluntario enrolamiento, la juventud argentina acude a los rangos de la Unión Cívica Radical para iniciar su civiles con sus energías mentales y físicas, dando al partido la asombrosa vitalidad que es una de sus mas destacadas características y organizando para lo futuro las reservas de hombres aptos y moralmente honestos que habrán de gobernar una democracia. Entre esa juventud figura el Dr. Alfredo N. Morrone. Su nombre no es extraño a la opinión partidaria, que lo conoce como encargado del Consultorio Jurídico de "La Época", donde realiza una asesoría gratuita tan sabia como eficaz. Inteligencia bien dotada por la naturaleza y adiestrada en el estudio, Morrone la ampara y consolida en una firme probidad espiritual igualmente desdeñosa de los incentivos del éxito inmediato como apta para someterse a las austeras disciplinas del deber.

"El derecho obrero" acusa su predilección por los estudios sociales. Es su obra primigenia y no quedará, sin duda, como única en su acervo intelectual. Trazada conforme a, un plan practico y sencillo, este volumen no pretende ostentar las apariencias petulantes de un texto científico. En sus páginas se puede contemplar en conjunto, y expuesta con metódica claridad, la obra realizada en materia de derecho obrero bajo la presidencia de Yrigoyen. En una exposición sobria y muy adecuada a sus fines, el autor sigue, tramo a tramo, la incorporación al derecho positivo del pensamiento de justicia social que el gran presidente introdujo en las inspiraciones y actos del Estado argentino. Como lo expresa el mismo Morrone, esta obra comprende solo aquella labor que aparece documentada en memorias, mensajes, crónicas, etc., es decir, de la que ha sido vertida al texto de las leyes o esta inserta en documentos públicos como testimonio de nobles tentativas que la incomprensión, la negligencia o la mala voluntad hicieron frustrar en su momento. Dentro de su sobria arquitectura de libro destinado a ilustrar la conciencia social del pueblo, "El derecho obrero" ofrece a los estudiosos una contribución no superada entre nosotros, por su método, buenas fuentes de información y sinceridad. Su autor le asigna la función modesta de una contribución; lo es, en realidad; pero contribución rica en valores, que aparece oportunamente, cuando el pueblo trabajador de la Republica, se siente convocado a elecciones que pondrán a prueba las direcciones del sufragio con la valoración exacta de la in- fluencia de los hombres y los partidos sobre el bienestar popular.

El autor de este somero volumen no es pasible de aquella irónica censura recordada por Montaigne en un capitulo sobre la vanidad de las palabras; no abulta las cosas haciendo ver grandes las que son pequeñas. Por el contrario ha sabido tomar con nobleza y decoro una materia grande para ponerla al alcance de los humildes y de los pequeños a fin de que en esa fuente de justicia abreven la sed de esperanza que hace aguardar con impaciencia los albores del día de mañana.

Víctor Juan Guillot








Fuente: El derecho obrero y el presidente Yrigoyen: contribución al estudio y divulgación de los progresos alcanzados en materia de legislación social y del trabajo, durante el gobierno del presidente Yrigoyen, 1916-1922 de Alfredo N. Morrone con prólogo del diputado nacional Dr. Victor Juan Guillot, 1928.

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