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sábado, 2 de marzo de 2013

Félix Luna: "Fundamentos del Radicalismo" (1957)

El Radicalismo de la cepa yrigoyenista, este Radicalismo nuestro cree que los mas importante es lograr un estado de justicia para todos, posibilitando la realización plena del individuo en los distintos planos de su actividad, y la realización plena de la Nación como comunidad fraternal. Cree que la acción persistente y coordinada del imperialismo y la oligarquía ha deformado el país y por eso esta decidido a liquidar tales influencias con medidas de gobierno que destruyan la base de sustentación económica oligárquica y reduzcan al mínimo las esferas de influencia imperial. Para lograrlo, cuenta como medio eficiente con la acción del Estado, que no debe ser un cuco ni una entidad insensible, sino un instrumento dinámico, controlado y dirigido por todos a trabes de una graduación horizontal y vertical de organismos populares, que ponga en manos del común todas aquellas actividades susceptibles de convertirse en monopolios, bastiones del privilegio o fuentes de deformación, pues comprende que frente a los recursos ilimitados de la expoliación nacional o internacional, solo un Estado popular puede promover una acción emancipadora.

Sabe que el país no puede resignarse a ejercer la función que se le ha asignado dentro de una supuesta división internacional del trabajo, sino que necesita desarrollar una economía de expansión que permita la explotación de sus posibilidades, a fin de que todos puedan tener un acceso de justicia a la riqueza común. Por lo que sus medios más urgentes para obtenerlo consisten en la entrega al pueblo de las industrias claves y de las fuentes naturales de energía, así como una reforma fundamental al régimen de la tierra. Y, contemporáneamente, la provisión de defensas espirituales mediante la promoción de una cultura de contenido humano y sentido nacional, que no se reduzca a formar técnicos sino que contribuya a la  realización total de los hombres argentinos al servicio de los bienes propios.

Este radicalismo de hoy no cree que el país este concluido en su formación sustancial. Cree que todo esta por  hacer. No desdeña lo que se hizo en el pasado, pero considera que mucho de lo realizado lo fue en vista de valores distintos de los que ahora están en vigencia, y por eso estima necesaria una radical modificación de las estructuras  sociales y económicas del país, a fin de crear un estado de cosas que haga imposible la subsistencia de la miseria, la ignorancia, o la explotación. Por eso, su sensibilidad  no esta ingenuamente abierta a sugestiones o provocaciones exteriores ni le conmueven demasiado las pujas de los grandes bloques mundiales, sino que pone los problemas patrios en primer termino, pues intuye que el papel argentino será grande en el mundo cuando no se trate de inscribirse en la nómina de adherentes de superpotencia alguna, sino de transmitir un mensaje de paz y serenidad con la suficiente autoridad moral.    

Y también sabe que será inútil intentar una empresa de la liberación argentina si no se la conjuga con una empresa americana, pues seria ilusorio un triunfo de la  suerte si el resto de America sigue debatiéndose entre el dolor y la frustración.


Pero no es menos cierto que un país acosado por expoliaciones que ya están tornándose respetables de puro viejas, exige soluciones de fondo cuya puesta en marcha requiere algo más que el marco formal de la legalidad. Requiere, en primer termino, una profunda conciencia popular dirigida y alertada por un movimiento nacional convencido de la necesidad de ciertas realizaciones, cuya tabla de valores esta presidido la moral y la conducta.

Hay que hacer un nuevo reparto de cartas, para que ninguna baraja quede en la manga de nadie. Así, el radicalismo solo cumplirá su función eminente cuando comprenda que es necesario revisar con valentía toda la estructura nacional, sin curarse de mitos, tabúes, prejuicios o intereses. Y cuando, hecho esto, entre a sacar y poner lo que hay que poner y sacar...

Lo podrá hacer si se mantiene en fidelidad a sus orígenes, a las esperanzas que justificaron su convocatoria: esperanzas que no aparecieron arbitrariamente en un momento particular de la vida argentina, sino que venían de algo mucho mas profundo, de un oscuro clamor federal y montonero, territorial y popular, con ecos de las primeras insurgencias patrias. Esta fidelidad podrá guardarse mientras persista en su intransigencia, variando eventualmente la dinámica de su instrumentación, pero ciñéndose con insobornable fortaleza de alma a sus fines últimos: la significación del hombre, la realización del país.

































Fuente: Alvear de Félix Luna, 1999.

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