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martes, 14 de diciembre de 2010

Francisco Beiró: Cartas doctrinarias al Dr. Carlos J. Rodríguez (11 de mayo de 1915) Parte 2

Cartas doctrinarias al Dr. Carlos J. Rodríguez   Parte 2

¿No te parece que el pueblo, donde quiera que se consulta honrada y lealmente, dentro del país se pronuncia en forma categórica? ¡Pero si tú mismo, en tu misma carta del 24, tocas el problema a resolver! Lo único que sé ––dices–– es que si la obra debe ser grande y duradera, tiene que fundarla el calor fecundo del pueblo verdadero. Buscaré ––agregas con sinceridad y entusiasmo–– mi puesto de combate para servir al triunfo de la democracia”. Muy bien, perfectamente; entregarle al pueblo el ejercicio efectivo de su soberanía, es el problema fundamental que la Nación tiene que resolver en este momento de su historia política. Es el anhelo que viene agitando a la conciencia pública desde el 60 aquí. Echa un vistazo atrás, analiza el desarrollo de los sucesos políticos que han conmovido el alma argentina desde 1810 hasta el presente, y tú llegarás a aquella solución… Y bien: ¿crees tú que en época alguna, desde 1860 hasta hoy, hemos realizado esa vida democrática; hemos satisfecho el anhelo, la necesidad pública planteada entonces? ¿Hemos respetado las instituciones juradas? ¿Quién sinceramente podrá afirmarlo? Si tú estudias esta época de nuestra historia, notarás que hemos vivido entre dos regímenes políticos viciosos: el unicato y la oligarquía. El primero fue una degeneración del régimen unitario y el segundo del federal.Y digo tal, porque estos sistemas de gobierno, cuando son legítimos, son modalidades del representativo,que radica en el pueblo. ¿Y qué gobierno nacional se ha constituido por voluntad popular? Ya producto de especiales situaciones militares; ya por liga de gobernadores; ya por innegables imposiciones, ningún presidente argentino, ha podido declarar ante el país, que se sentía electo por sus conciudadanos…
¿Y no te parece esta amarga verdad, una vergüenza nacional?…
La Nación, no puede, no quiere tolerar más semejante situación, y serán inútiles los esfuerzos, los empujes enfermos, epilépticos, para mantenerse, del régimen de tutelaje que cae, que necesariamente tiene que caer, si es que el pueblo argentino, merecelas instituciones que le dieron sus mayores; y que las merece, que es digno de ellas ¿no lo ha demostrado con sus protestas, con sus sacrificios, regando con su sangre esta tierra nuestra, desde hace treinta años? ¿No te apercibes que la Unión Cívica Radical es el pueblo, es la Nación misma en protesta? Y si desde Jujuy a Buenos aAires, se encuentra bajo su bandera ¿por qué descalificarlo, suponiéndolo capaz de continuar tolerando el régimen de tutelaje que pesa sobre él?
Natural es que los tutores piensen que el niño siempre es menor de edad y que les sea duro, muy duro, tener que rendir cuentas; y el pueblo sabe que aquéllos han de unirse en protección de los intereses personales creados, y ya los ve concertarse en informe conglomerado pidiendo ¿qué? un nombre, un candidato, a quien rodear, sin más caución sobrentendida,que la de continuar velando por su bastardo tutelaje. ¡El problema fundamental para ellos, declarado públicamente, es el nombre del candidato, ponerse de acuerdo en el nombre del gran tutor! Aplica ahora tu mismo criterio, Carlos: toma como elementos intelectuales para formar tu juicio, los conceptos morales y democráticos que viertes en tu carta; y resuelve tu actitud. Mi opinión, mi consejo, mi pedido, en cuanto legítimamente puedo hacértelo, es que te pongas del lado de la Nación.




























Fuente: BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO ARGENTINO / IV Tulio Halperín Donghi
Vida y muerte de la República verdadera (1910-1930)

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