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martes, 14 de diciembre de 2010

Adolfo Guemes: "Mitin al pie de la Estatua de Alem" (27 de febrero de 1932)

La gran mayoría de los argentinos fuimos despojados por imperio de la fuerza de todos los derechos que dignifican la vida humana; fue ahogada la libertad de pensar y de sentir; el espionaje y la delación cundieron por todas partes; por simples decretos, el gobierno exoneró a miembros del poder judicial; intervino “manu militari” universidades autónomas, exoneró profesores, expulsó y deportó estudiantes y obreros; clausuró periódicos y encarceló a sus directores. Los partidos contrarios al gobierno se encontraban en la imposibilidad de reconstruirse, perseguidos por la policía, que cerraba sus comités en todo el país; vigilaba y violaba domicilios y correspondencias; encarcelaba y torturaba,  deportaba y desterraba a ciudadanos y militares dignísimos, confundiéndolos con refinada crueldad con asesinos y ladrones. Llegó en su delirio a perseguir y encarcelar mujeres inocentes.

A pesar de todo, la Unión Cívica Radical mantuvo firme su decisión de llegar a las urnas. Buscó la paz sobre fundamentos firmes. Luchó palmo a palmo. Carente de imaginación, empecinado, el gobierno no se dio cuenta de que el alma argentina posee rebeldías ancestrales y profundas; de que no es medio propicio para el desarrollo de dictaduras, y así se explica, que gran número de ciudadanos antes indiferentes a la política, vinieran a engrosar nuestras filas, entre ellos, hombres de ciencia, de letras, profesionales, artistas, obreros y estudiantes, que reaccionaron contra la injusticia.

Hemos sido testigos del más crudo nepotismo, en que el gobierno no vaciló en colocar al frente de las reparticiones más remunerativas a toda la parentela política y consanguínea. Nuevos empréstitos fueron destinados, en gran parte, al pago de intereses atrasados, a gastos militares inconsultos y exagerados, y, el resto, a alimentar la frondosa burocracia. Es así como el país se ha encajado en una deuda fabulosa. Por otro lado, banqueros, capitalistas, trusts extranjeros, manejan a su albedrío el valor de nuestra moneda, el de las materias primas, de los productos agropecuarios, recurrieron al “dumping” y otras habilidades bajándolos hasta lo irrisorio, cuando se trata de comprar, para luego encarecerlos, en su oportunidad para venderlos.

El radicalismo ha conservado integra su original política, continuará incesante hacia una mayor y equitativa justicia social en íntima solidaridad con todos los trabajadores, con los obreros del pensamiento, con el más humilde artesano.





























Fuente:  El Radicalismo, Notas sobre su historia y Doctrina, de Gabriel del Mazo, de 1955.

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