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martes, 14 de diciembre de 2010

Moisés Lebensohn: "En la línea de Yrigoyen" (15 de junio de 1951)

Dos son las conductas que se plantean en el partido. 

¿Debe limitarse a la critica de los actos oficiales, o la denuncia de las agresiones que cometen contra los derechos y libertades del pueblo, debe acompañarse de la nítida expresión de nuestras proposiciones acerca de los problemas fundamentales de la República? 

La cuestión toca en su medida misma a la función de la Unión Cívica Radical. 

¿Puede reducirse a ser la oposición, es decir, un partido más, en negación del concepto de Yrigoyen, o su «mandato histórico» es la construcción de la nacionalidad, conforme a los rumbos trazados por los fundadores? ¿Es un simple movimiento negativo de este régimen o de otros anteriores, o una concepción afirmativa de la vida argentina? 

En torno de este dilema, que suele presentarse en distintas formas, originóse el debate en los episodios de la existencia partidaria.

La primera posición es la ansiada por el pensamiento conservador. Elude definiciones de futuro; no implica compromisos con el pueblo. Oposición y nada más que oposición, y sólo en los temas que no provoquen discrepancias. Bajo nuevas formas,implica la reedición de la Unión Democrática, esta vez sin pactos entre partidos, por agrupamiento espontáneo de ciudadanos coincidentes en su actitud opositora. Con ciertas apariencias seductoras encubre sus proyecciones autenticas. En primer termino, para ese objetivo se hace indispensable la exclusión de los problemas esenciales, aquellos que suscitan divergencias por afectar la estructura social. Así se les pretende alejar de la conciencia política del pueblo, a fin de que no encuentre obstáculos la prevalencia de los intereses creados, fuertes, coherentes, entrelazados entre sí, más poderosos que el pueblo cuando este se halla disperso en la confusión ideología.

Yrigoyen jamas aceptó semejante política. Después de su muerte, ella se impuso con las nefastas consecuencias que ha sufrido la República. La lucha formal contra el fraude y nada más que contra el fraude pospuso las reivindicaciones económicas y sociales,desarmó al espíritu del hombre del común y al desdibujar los horizontes de la batalla política, facilitó el advenimiento de los discrecionalismos que se turnaron en el control del país. Luego, en 1946, al constreñir la acción a la defensa del orden constitucional,abandonó las banderas del mundo naciente al continuismo, que las utilizó gozoso como la mejor contribución para el éxito de sus designos. Una tercera experiencia sería una tercera inevitable derrota, pués sin los grandes móviles de una justiciera construcción nacional no habría en la resistencia la voluntad de sacrificio indispensable para superar los recursos de la fuerza. A menos que se confiara en factores extraños al pueblo, en cuyo caso el resultado sería azaroso o igualmente deleznable porque aquellos factores con su obrarían propia mentalidad, y no con la del pueblo.

Supongamos por un instante, por reducción al absurdo, que esa política pudiere llevar al poder. Sin haberse formado una conciencia colectiva en torno a los asuntos vitales, recién entonces se suscitaría un debate turbulento, nada menos que sobre las cuestiones que configuran la crisis de nuestra época. 

En ausencia de una opinión organizada sobre ideas concretas, lo que solo puede lograrse en la paciente labor del tiempo, se abrirán las perspectivas ciertas del caos y del predominio final de los intereses conservadores, que ejercen el poder económico y retienen posiciones clave que permiten un rápido despliegue de su gravitación social. En cortejo inexorable llegarían, como ya llegaron en otra oportunidad, la decepción popular y la subsecuencia demagógica. Otros veinte años de frustración de la Argentina; otros veinte años de vigencia del privilegio. Contra esta tentativa antirradical combatiremos con todas las potencias de nuestra alma.

La grande e ineludible tarea consiste en el adoctrinamiento del pueblo, en ligarlo al espíritu y a las ideas del Radicalismo, en «realizarlo», en formar cuadros de militantes con convicciones íntimas sobre las transformaciones postuladas, para que el pueblo y conjuntos directivos emanados de una plena identificación, solidarios hoy en la lucha, al asumir las responsabilidades del país, realicen la revolución radical, el reordenamiento de la vida argentina en función de justicia y libertad, que constituye la promesa histórica de la Unión Cívica Radical.

 






Fuente: Editorial publicado en el periódico «Intransigencia», año 1 N°2, 15 de junio de 1951. en "Pensamiento y Acción" de Moisés Lebensohn.




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