Sesión del 13 de agosto de 1948 el bloque Peronista solicitó que la Cámara pasara a un cuarto intermedio de 15 minutos, a los efectos que las Comisiones correspondientes produjeran despacho sobre el proyecto de Reforma Constitucional presentado por varios Diputados de ese sector.
Varios Diputados radicales expresaron su opinión contraria a la reforma en esas condiciones y el Dr. Balbín, como Presidente del Bloque, realizó la crítica política al proyecto. Dio declaración sobre la necesidad de la reforma, a pesar de la oposición radical, fue sancionada.
Sr. Presidente (Cámpora). -
Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.
Sr. Vítolo. - Señor
presidente: esta Cámara integra el Parlamento argentino; en él está
representada la soberanía popular; en la otra Cámara están
representados los Estados que integran la Nación Argentina.,
Una Cámara de Diputados no es sólo la
expresión de la soberanía; es también un cuerpo deliberativo, que
debe llenar una función en representación del pueblo: deliberar en
nombre de él.
El país ha de ver con asombro, con
estupor, cómo se ha realizado el proceso de la reforma
constitucional. Pareciera que hubiese un propósito de desprestigiar
la vida parlamentaria.
Hace un instante, cuando el señor
diputado por Buenos Aires hizo la moción inconcebible de pasar a un,cuarto intermedio de quince
minutos para que la comisión despachara el proyecto de reforma de la Constitución, no pude
menos que llevar con pena mi pensamiento hacia aquellos países de Europa que sufrieron el
proceso de la destrucción del prestigio de sus parlamentos, al que Mussolini llamaba «el cadáver
putrefacto de la libertad».
Nosotros comprendemos con
responsabilidad histórica el papel que debemos jugar en esta hora.
La mayoría nos ha colocado en-la situación de enfrentar un debate,
improvisándolo. De todos modos no hacemos ninguna concesión desde
estas bancas. Nosotros estamos defendiendo principios,
permanentemente, a través de toda una vida recta, limpia, de modo
que tenemos la gimnasia continua de esta lucha en
resguardo de las libertades.
Se va a realizar una reforma
constitucional invocando un poder revolucionario, emanado del movimiento del 4 de junio. Lo ha dicho
el señor diputado miembro de la mayoría de la comisión y yo pregunto: ¿Qué es y qué
significa la revolución del 4 de junio? ¿Cuál fué su ideario, su programa, su doctrina? ¿Dónde se
proclamó, dónde estuvo estructurado el día que los representantes
de ese movimiento ocuparon la Casa Rosada en la ciudad capital de la
República?
Por el contrario, allí no se habló de
programas de reformas, sino sólo del respeto y acatamiento a la
Constitución nacional. Esta revolución tiene su ideario formado a
tumbos, improvisándolo todos los días. Así vamos conociendo la
doctrina revolucionaria. Esta Cámara de Diputados, a través de
numerosas sanciones, ha ido produciendo actos revolucionarios. Cada
día, un acto defacto: cuando incorporó a un diputado que no tenía
las condiciones constitucionales; cuando le otorgó al Poder
Ejecutivo facultades judiciales que no le podía otorgar; cuando
aceptó la vigencia de decretos con carácter de leyes; cuando
excluyó a un diputado de la oposición.
Esa es la doctrina que va demarcando el
partido político que representa la revolución del 4 de junio. Se va
produciendo una revolución algo así como por mensualidades.
El 4 de junio o el 17 de octubre -como
los señores diputados prefieran- pudieron realizar su verdadera
revolución. Pudieron establecer entonces la transformación de las
instituciones, porque, en síntesis, una revolución
es un cambio de tipo de gobierno, una modificación de la
organización política y social de una nación. Las revoluciones.
tienen el derecho de crear un nuevo estado jurídico. Sin embargo, no
lo hicieron y proclamaron el acatamiento a la Constitución nacional,
para realizar el día de mañana la reforma por los procedimientos
legales.
Hoy esta Cámara, improvisadamente, va
a tratar la reforma constitucional. Yo he puesto toda mi atención en
el informe del señor miembro de la mayoría de la comisión para
saber en qué consiste la reforma y cuál es la doctrina que inspira
la estructuración del programa revolucionario.
Una constitución es, antes que nada,
una limitación al poder, un conjunto de restricciones a los que
tienen la fuerza y el mando. En cambio, estamos viviendo el proceso
inverso de concentración de poderes en el Poder Ejecutivo.
Por eso, nosotros que no consideramos
intangible la Constitución, que no tenemos el fetichismo de la
Constitución, que no vivimos alejados de la realidad social, sino en
contacto con ella; nosotros, que sabemos que hay una reforma
necesaria, tenemos que oponernos dando una señal de peligro frente a
un estado de cosas que significa la absorción de todos los poderes
por parte del Ejecutivo.
Todo poder tiende a una concentración
mayor de sus facultades. El clima que vive la Nación -lo hemos dicho
y lo repetimos con autoridad- no es el más propicio para una reforma
constitucional. Ella necesita la elaboración a través de un proceso
de libre discusión, y el panorama que ofrece la República no es el
que posibilita mejor esa deliberación del pueblo a través de todos
sus sectores y organismos representativos. Lo hemos repetido aquí
todos los días: no existe la libertad de prensa; la libertad de expresión por
la radio; la libertad de reunión; la libertad de tribuna parlamentaria.
El reglamento que se aplica en esta
Cámara, en verdad de doctrina, es un instrumento de defensa de las
minorías con respecto a las mayorías prepotentes; no es un
instrumento en manos de la mayoría para acallar la voz de lo
oposición. la tribuna parlamentaria también está restringida con
las mociones de cierre del debate, con las mociones de que el orador
se encuentra apartado de la cuestión, con la manera como hoy y como
desde hace más de dos años que está deliberando este Parlamento
llamado de la revolución.
Frente a esta situación de
discrecionalismo que señalamos, frente a esta situación de falta de
publicidad de los actos públicos y de acallamiento de la voz de la
oposición, decimos: no es el instante más propicio para la
realización de una obra fundamental cual es la de la reforma
constitucional.
De todos modos, la mayoría ha resuelto
realizarla y nosotros tenemos el derecho, como el resto del país, de preguntar qué
clase de reforma se intenta, qué es lo que se procura cambiar en las
disposiciones constitucionales. Debemos preguntarnos si después de
un 4 de junio,' de un 17 de octubre, no tendrá también el país un
18 brumario. Nosotros debemos preguntarnos también si el régimen
federal de gobierno se ha de mantener íntegro y robustecido, si se
han de mantener los principios del derecho de patronato que la Nación
ejerce, si se ha de mantener la integridad de todas las facultades
provinciales, si se ha de mantener la organización legal que
sintetiza un régimen representativo, republicano, democrático
federal de gobierno.
Hasta ahora nada se ha dicho. No es
exacto, señor presidente, que exista una conciencia pública
favorable a la reforma constitucional. No ha llegado aquí y no se ha
expresado en ninguna parte un movimiento de opinión popular acerca
de reformas fundamentales. Sólo en dos aspectos se ha concretado esa
opinión popular, en algún sentido: el uno, es la incorporación al
texto constitucional de los Derechos del Trabajador que sintetizara
el presidente de la República en su conocido decálogo...
Sr. Velloso Colombres. - Eso es
mucho.
Sr. Presidente (Cámpora). - No
interrumpa al orador el señor diputado por Santa Fe.
Sr. Vítolo. - .. y que tampoco
es original; también figuran casi a la letra en —el fuero del trabajo de Francisco Franco, como
figuraban también en la Carta del Lavoro, de Mussolini.
El otro, la reelección presidencial.
Nosotros creemos que hay una realidad
social que debe ser contemplada en la Constitución de la Nación.
No hacemos de la reforma un problema
técnico, sino el trasunto de una necesidad, de una aspiración y de
un ideal colectivos. Lo comprendemos perfectamente; no somos
retardatarios; tenemos el sentido de la evolución y del progreso.
Estamos sentados aquí, no para defender principios caducos, sino
para empujar hacia adelante el país, a través de una reforma y de
una transformación que concreten un nuevo estado de realidad social;
pero esa expresión tendrá que ser la expresión fiel de un clima de
absoluta legalidad, de ejercicio de todos los derechos y de vigencia
de todas las garantías constitucionales.
El señor miembro informante de la
mayoría no ha concretado en ningún aspecto esas reformas, y se ha
referido a cuestiones procesales, que ya habían contemplado loas
miembros de la Comisión de Asuntos Constitucionales pertenecientes a
nuestro partido.
Yo pregunto a esta mayoría, que hoy
ejerce un acto de prepotencia trayendo justamente el problema de la reforma constitucional
como un desafío, como una afirmación de fuerza, si esto es algo así
como una reacción frente a la actitud de la bancada radical.
Nosotros, señor presidente, aceptamos el desafío en el terreno
parlamentario; pero también lo acepta el país, para poder deslindar perfectamente las
responsabilidades. Hemos ido a la Comisión de Asuntos
Constitucionales; hemos planteado allí, en primer término, la
necesidad de conocer los antecedentes que existen en el Parlamento
argentino; hemos encarecido más de una vez la necesidad de hacer un
gran debate alrededor de la reforma constitucional, para que el
pueblo argentino, por medio de sus más destacados órganos: la
universidad, la prensa, la masa trabajadora, a través de sus
sindicatos, los elementos de la economía mediante sus
organizaciones, los partidos políticos, etcétera. hicieran llegar sus sugestiones para elaborar
una reforma que no fuera artificial, ni al servicio de un partido,
sino un nuevo derecho en defensa y al servicio de la Nación.
Sr. Velloso Colombres. -- - En
eso estamos.
Sr. Vítolo. - Nosotros no
queremos una reforma peronista, ni radical; aspiramos a una reforma
argentina de la Constitución, realizada al cabo de un limpio debate,
señalándonos unos y otros nuestros ideales, nuestros propósitos,
nuestros anhelos, en un examen libre de prevenciones y mirándonos
como diputados de la Nación y como representantes del pueblo
argentino. Pero la reforma que se trae hoy a la Cámara, donde vibra
aún el eco de las últimas sesiones, se realiza justamente --¡qué
garantía, señor presidente!- en momentos en que se está dando al
país, con la exclusión inconstitucional e injustificada de un
diputado, la prueba acabada de que hay una mayoría que no se
detiene ante nada.
Frente a esto señalamos el peligro de
la reforma constitucional los diputados radicales, que luchamos
permanentemente, por estos principios tal vez bajo el signo de la
adversidad. Hay hombres en esta bancada, señor presidente, que
llevan muchos años de lucha continua en la oposición. Yo mismo, que no soy ya un
hombre joven, pues estoy llegando a los cuarenta años, llevó más de veinte combatiendo desde
la oposición, y no es que lo hagamos por temperamento, sino por
fidelidad a nuestras ideas y por devoción a nuestras profundas
convicciones democráticas. (¡Muy bien!) Con
nuestra obra, de ayer, de hoy y de siempre estamos también elaborando nuestro mensaje para el año
2006, o para que cualquiera otra generación sepa de nuestra lucha y que el principio de
libertad no estuvo indefenso en la tierra de los argentinos; que la
llama de la argentinidad la mantenemos siempre viva, y que la bandera
delas mejores tradiciones argentinas no será jamás arriada.
Señor presidente: hemos vuelto a esta
bancada para señalar una actitud, para decir al pueblo argentino que
se va a reformar la Constitución en momentos en que la Constitución
actual no tiene plena vigencia, Estamos en la lucha por los
principios, defendiendo la libertad, que es nuestra bandera, y que la
hemos de agitar en todo el ámbito de la argentinidad, con brazo
firme y con espíritu esforzado, sin cobardía y, sobre todo, con la
certeza de que servimos a una causa noble. Esta mayoría peronista de
hoy, que así sanciona una reforma constitucional, realiza con este
proceder un acto legítimo, como lo marqué en una sesión pasada, un
nuevo golpe de Estado, cual significa la sanción, de la.reforma
constitucional tras una deliberación breve e improvisada, y sobre
todo, sin decir qué es lo que piensa o quiere reformar.
Un partido político responsable, que
se cree revolucionario, tiene la obligación absoluta de expresar en
qué consiste su reforma, cuál es su doctrina y qué fines con ellá
se persigue. No creemos que sea posible una reforma siniestra, a
escondidas, ni admitimos que vengan aquí los representantes del
pueblo a reunirse en una convención constituyente sin que antes se
haya dicho qué es lo que se, piensa o lo que debe reformarse.
Sr. Velloso Colombres. -- El
artículo 1°...
Sr. Presidente (Cámpora). -
Sírvase no interrumpir al orador el señor diputado por Santa Fe.
Sr. Vítolo. -- Vivimos una
época de expresiones generalizadas, de palabras huecas'y
grandilocuentes que nada significan.
Sr. Rojas (A.). -- ¡Epoca de
palabrería!
Sr. Vítolo. - Al señalar
nuestra oposición a la reforma constitucional lo hacemos en el
sentido con que nos hemos expresado.
Nuestra convención nacional, organismo
máximo del partido, con justeza, con precisión, ha fijado la
posición del radicalismo. Algún día habrá que introducir la
reforma necesaria para dar un paso hacia adelante. Lo que tenemos y
combatimos es la posibilidad de una reforma regresiva, es decir, de un paso hacia
atrás.
Siempre nosotros miramos hacia
adelante.
Otros representantes de mi sector han
de concretar la opinión y profundizar el análisis de la exposición
del señor miembro informante de la mayoría. Pero ahora concluyo mi
exposición señalando que la reforma
constitucional no la anhela el pueblo argentino; no es imperativo de
la hora en los aspectos a que se ha referido el señor diputado,
porque el imperativo del momento es el retorno a la legalidad. Lo que
el pueblo argentino quiere no es una reforma constitucional, sino que
los diarios puedan emitir sus ideas sin censura previa, que las
-radios estén al alcance de todos los ciudadanos, y que las tribunas
parlamentaria y pública puedan ser usadas sin restricciones por los
hombres, de mi partido y de todos los partidos políticos.
El problema de hoy es de seguridad del
derecho, de legalidad, como lo decimos con insistencia en este
recinto los diputados radicales. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Apláusos.)
Fuente: Intervencion del diputado nacional por Buenos Aires, Alfredo Roque Vitolo durante el debate de la necesidad de reforma de la constitucion nacional, diario de sesiones de la H. Cámara de Diputados de la Nacion, 13 y 14 de agosto 1948.