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martes, 1 de mayo de 2012

Fernando de la Rúa: "Debate de la ley Mucci" Fragmento (1984)

Sr. Presidente. —Tiene la palabra el señor senador por la Capital Federal.
Sr. de la Rua. — Señor presidente: a esta altura del debate me parece que conviene hacer algunas precisiones, porque si es cierto que desde este recinto hablamos al país, seguramente muchos no comprenderán cual es la naturaleza del asunto, de lo que aquí se discute. Digo esto porque se han deslizado muchos equívocos y lanzado muchos epítetos, y es necesario referirse también en forma concreta al proyecto de que se trata, a la materia en cuestión.

Comprendo las invocaciones al pasado y las exhortaciones al futuro, y hasta las recomendaciones a deponer soberbias, lo que supone empezar por exponer la propia humildad, como la humildad republicana con que nosotros queremos tratar estas cuestiones que hacen al futuro del país. Ocurre que aquí se plantea todo como si hubiese un abismo que dividiera a las dos bancadas mayoritarias. Y si el señor senador Menem hubiese tenido la amabilidad de permitirme la interrupción que le solicite, tal vez la aclaración había servido para comprenderlo mejor...

Sr. Menem. —Usted no se la permitió al señor Saadi.
Sr. de la Rua. — Porque ha hecho una enumeración tan larga las discrepancias, que el encuentra sustanciales, con respecto al proyecto que se analiza, que resulta incomprensible a la opinión publica que transcurrieran mas de sesenta días durante los cuales justicialistas y radicales, con funcionarios del Ministerio de Trabajo, dirigentes gremiales y legisladores de una y otra bancada, hayamos estado procurando las aproximaciones en busca de un texto único, que aun hoy se estaba intentando lograr.

No había un abismo, señor presidente; apenas una tablita faltaba para cruzar el puente de la unanimidad. La única diferencia subsistente era sobre el modo de integrar las conducciones actuales de los organismos sindicales. El Justicialismo sostenía que debían estar a cargo de quienes actualmente detentan las funciones de conducción, sea en virtud de haber sido designados como comisiones transitorias o por la prórroga de los mandatos dispuesta por el régimen militar. La Unión Cívica Radical sostenía, en cambio, que había que dar igualdad de posibilidades, manteniendo en sus funciones a quienes estaban en ellas incorporar a los que habían sido desplazados, colocándolos en condiciones igualitarias, para que nadie corriera con ventajas.

¡Esto era la sola gran diferencia y no la larga lista que ha enunciado el señor senador Menem!

No me justifica que exhibamos ante el país la apariencia de  una discrepancia tan profunda, como si la Unión Cívica Radical quisiera meter mano en los sindicatos argentinos y estos fueran exclusivamente peronistas, y solo la bancada justicialista tuviera en cuenta a los obreros y a los sindicatos.

Este gobierno radical no viene a mandar con prepotencia sino a rescatar la dignidad de los argentinos. 

Este gobierno quiere que, así como se logró la democratización en el plano nacional y de los partidos políticos, ese fenómeno alcance también a los sindicatos de nuestro país. Así como salimos del "facto" en el aspecto institucional, es necesario salir de la situación de facto en los sindicatos de la República.

Si así no se entiende lo que acabo de señalar, no se comprenderá el sentido superior con que el Poder Ejecutivo envío este proyecto de ley. En los sindicatos argentinos subsisten los efectos de la intervención y de la intromisión del régimen militar que, a partir de 1982, designo comisiones transitorias con el pretexto de iniciar un proceso de normalización. Y en los que no intervino, prorrogo los mandatos.

La opinión publica debe saber que desde hace anos no se realizan elecciones en ellos, porque la veda impuesta por el proceso lo impidió.

El propósito del actual gobierno es posibilitar elecciones indiscutidas, limpias y transparentes, sin ventajas ni postergaciones. Coincidíamos con el justicialismo en que era una ley electoral, un código electoral, cuyas normas se referian exclusivamente a la cuestión electoral, con el fin de que pudieran realizarse estos comicios necesarios para legitimar las representaciones sindicales, y no para excluir o favorecer a alguien. Todo esto, con el objetivo de que existiese un pronunciamiento genuino de las bases que han estado marginadas durante todo este tiempo en el que no han podido votar.

De esto se trataba. Pero hoy hemos tenido que escuchar una serie de calificativos que rozan el agravio o que constituyen un ataque que no condice con la serenidad con que este debate debió haber sido llevado, teniendo en cuenta la superioridad de miras, proyectos y planteos que aquí se tratan y los diálogos, estudios y análisis que hemos realizado en las comisiones respectivas.


























Fuente: "Los Debates y los Hechos" de Fernando de la Rúa,1989.

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