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sábado, 8 de enero de 2011

Félix Luna: "Los Radicales"

Tener un partido como la UCR es un lujo. Ningún país de América latina y muy pocos en el mundo pueden jactarse de contar, dentro de su espectro político, con un partido cuya antigüedad de más de cien años exhiba una continuidad tan impresionante. Una fuerza así, que ha sido mayoritaria otrora y todavía atesora un significativo caudal de voluntades, que practica una cierta democracia interna y está organizado hasta en el último pueblo del país, constituye un importantísimo factor de estabilidad institucional y un canal insustituible de pacíficas transferencias de valores políticos. En su momento, el radicalismo planteó un objetivo nacional de máxima prioridad -la soberanía popular a través del voto-, aceleró una profunda transformación de la realidad política y social argentina, y marcó rumbos trascendentes a través de los gobiernos de Yrigoyen. En 1946 comprobó con dolorida sorpresa que le habían hurtado esa virtud mayoritaria que era, desde 1916, el valor más estimulante de su espíritu: en realidad, estaba pagando los errores y pecados de la década anterior, cuando su conducción aceptó convertirse en cómplice vergonzante del régimen concordancista. A partir de 1946 empieza la rectificación manejada por el Movimiento de Intransigencia y Renovación, que transforma la fisonomía y el contenido del viejo partido de Alem. Y aquí empieza su gloria y su drama.
























Fuente: Todo es Historia

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